(compro carne y compro zapatos, estoy atento a la tensa conversación que ingrid betancourt mantiene con su gestor: cuatrocientos cincuenta mil euros en una bolsa amarilla y las cabezas limpias de dos hermanos corsos tienen la culpa de todo, la sigo hasta el metro a través de escaleras de descenso infinito, de andenes vacíos que se superponen como los hilos de un telar, la vida en las minas y en los lunares de su espalda)