martes, 20 de julio de 2010

(se me ocurre que la vida quema, que es un napalm de terciopelo que insiste en enredarse aquí y allí, en cada paso y cada aliento. se me ocurre que sobrevivimos aferrándonos a las pequeñas victorias, a las heridas que cicatrizan en imprecisas constelaciones de felicidad. se me ocurre que el enemigo madura dentro de nosotros sin que nos demos cuenta de ello, convirtiéndose en nosotros mismos hasta que un día despertamos y es él y no otro quien apaga el despertador, quien abre la puerta de la oficina, quien saluda y se sienta y enciende el ordenador. otro día hablaremos de lo que miquel bauçà entendía por libertad)