el bulldog francés sonríe y me lame la mano cuando lo acaricio, su amo me mira y tira levemente de la correa, la escalera mecánica del centro comercial sigue subiendo: el zara de arriba estará lleno de familias con niños que lloran
(inditex nos uniforma a todos. inditex es a la moda lo que la transición a la sociedad española: consolidación del pensamiento único disfrazado de diferencias democráticas, de libertades que pintarrajean un monolito que se llama estado de derecho, todo ello a precios asequibles, calidad discutible y jovial sonrisa profidén. todos creyéndonos diferentes y todos jodidamente lo mismo. hablamos de zara, de pull&bear, bershka, oysho, massimo dutti, stradivarius. hablamos de dependientas como esa chica bajita, la que atiende en los probadores, diminuta, morena, delgada, alguien a quien desnudar y lamer. hablamos de bragas y sostenes, de jerseys, de camisetas, de una falda)
(hablamos de mamás preñadas hasta la saciedad en una cadena de hijos —álvaro, bruno, borja—, todos con polos de tommy hilfiger, todos de menos de tres años. hablamos de las tres amigas con niqab, de los cholos que hablan por teléfono, de la señora pelirroja y su marido ausente, del gordo de las uñas como garfios, de la encargada sin uniforme, de la cajera de ojos bonitos que dobla la ropa con cuidado, de la mamá que va sola y tiene cuatro frases tatuadas en el empeine)
(añadimos springfield —cortefiel, women'secret— y ya tenemos el sábado de rebajas. añadimos españa-paraguay y ya tenemos el sábado de fútbol. añadimos arena, agua, cerveza, aceitunas y patatas y ya tenemos el sábado de playa)
(añadimos un desagüe y ya tenemos la metáfora)