lunes, 29 de noviembre de 2010
hace frío. la tienda online de etnies me avisa que tengo un descuento de quince dólares en cada pedido y que si éste es superior a setenta y cinco, me regalan un gorrito, adhesivos y los gastos de envío. el kit adolescente a un precio inmejorable. bostezo. he vuelto a activar mi perfil en facebook aunque me tienta volver a borrarlo y desaparecer otra vez
la gente que realmente me importa no tendría problemas para encontrarme, soy de órbita fácil, de pasos lentos y inseguros, de siempre la misma canción y las mismas calles, los mismo cuerpos y palabras, las mismas explosiones de amor vacío en las mismas películas
apretar el botón y volatilizarme. suena el teléfono y no lo cojo. miro la pantalla y el nombre escrito me resulta un completo desconocido. cisco, hemos sido amigos, ha confiado en mí, he confiado en él, ahora sólo somos extraños que apenas tienen nada de qué hablar. me pregunto si me acabará sucediendo eso con todo el mundo, con toda la gente que me importa, la que realmente quiero. pienso en una llamada perdida detrás de otra, una detrás de otra. pienso en el teléfono como una manifestación de amor
canciones mientras bebo té caliente. dentro de un rato estaré disfrazado de persona normal ante el partido de fútbol en pantalla gigante, sin esperar nada, sólo sintiendo el hielo en la espalda, contando los minutos para que acabe todo ese ruido
escribir es una puta losa. escribir con coherencia es una puta losa. sería mejor si sólo vomitase palabras rotas, sin pensarlas demasiado, sin apenas estructura entre ellas. quizás respondiesen mejor a cómo me siento por dentro. debería intentarlo. debería, pero es un esfuerzo que me agota, que me ensucia aún más por dentro
hace frío y el hombre del tiempo dice que lloverá. no puede ser peor que ahora. abro un paréntesis para respirar de otro color: hace una semana que he empezado a disminuir la medicación. en tres semanas más volveré a estar limpio de química por dentro. pese a ello, me siento como si estuviera esperando un cáncer de colon. si me miro al espejo puedo verlo dentro de mí, sonriendo, el último, el mejor
la gente que realmente me importa no tendría problemas para encontrarme, soy de órbita fácil, de pasos lentos y inseguros, de siempre la misma canción y las mismas calles, los mismo cuerpos y palabras, las mismas explosiones de amor vacío en las mismas películas
apretar el botón y volatilizarme. suena el teléfono y no lo cojo. miro la pantalla y el nombre escrito me resulta un completo desconocido. cisco, hemos sido amigos, ha confiado en mí, he confiado en él, ahora sólo somos extraños que apenas tienen nada de qué hablar. me pregunto si me acabará sucediendo eso con todo el mundo, con toda la gente que me importa, la que realmente quiero. pienso en una llamada perdida detrás de otra, una detrás de otra. pienso en el teléfono como una manifestación de amor
canciones mientras bebo té caliente. dentro de un rato estaré disfrazado de persona normal ante el partido de fútbol en pantalla gigante, sin esperar nada, sólo sintiendo el hielo en la espalda, contando los minutos para que acabe todo ese ruido
escribir es una puta losa. escribir con coherencia es una puta losa. sería mejor si sólo vomitase palabras rotas, sin pensarlas demasiado, sin apenas estructura entre ellas. quizás respondiesen mejor a cómo me siento por dentro. debería intentarlo. debería, pero es un esfuerzo que me agota, que me ensucia aún más por dentro
hace frío y el hombre del tiempo dice que lloverá. no puede ser peor que ahora. abro un paréntesis para respirar de otro color: hace una semana que he empezado a disminuir la medicación. en tres semanas más volveré a estar limpio de química por dentro. pese a ello, me siento como si estuviera esperando un cáncer de colon. si me miro al espejo puedo verlo dentro de mí, sonriendo, el último, el mejor
domingo, 28 de noviembre de 2010
el exilio interior. una imagen en blanco y negro, aislamiento, frío recorriendo la espalda, la paz en todas y cada una de mis vísceras, la sonrisa que sólo veo yo
(aquí van pasando los días. quedan heridas en los dedos. quedan ausencias a las que no tardaré en acostumbrarme. queda el calor bajo el edredón blanco y alguna noche con fiebre)
(sueño que mi madre muere, que subo por un terraplén que une una estación cualquiera con un pueblo cualquiera. sueño que hablo con una chica que se llama teresa y que ella me da una libreta de color magenta. irás arrancando las hojas, me dice, y yo me siento como hansel y gretel mientras escribo y escribo, adultos es la única palabra que escribo)
(no es una estación cualquiera porque sé que estoy en mollet del vallès aunque no se parece al pueblo que conozco. es una pendiente que parece no terminar nunca, tierra abierta por la lluvia y seca por el sol y el paso de los días. pienso en teresa y en esas hojas de color color y esa palabra —adultos— que no debe quedar partida, son sólo tres sílabas de largo desigual)
(despierto y pienso que mi madre muere. pienso en las cosas que nos unen, en lo exiguo de nuestras conversaciones, de nuestra relación, en cómo será todo cuando ya no esté, en si sabré enfrentarme a ese vacío, a su presencia como un fantasma)
(mi madre como una fotografía borrosa que irá desapareciendo con el tiempo, alguien en quien apenas reconocer a la persona que era hace diez años, hace veinte, hace cuarenta. mi madre en el momento del parto, la sonrisa de mi madre adolescente, la mirada de mi madre aún niña, sus pasos silenciosos al caminar, lejos, cerca, punto ciego, desvanécete)
(aquí van pasando los días. quedan heridas en los dedos. quedan ausencias a las que no tardaré en acostumbrarme. queda el calor bajo el edredón blanco y alguna noche con fiebre)
(sueño que mi madre muere, que subo por un terraplén que une una estación cualquiera con un pueblo cualquiera. sueño que hablo con una chica que se llama teresa y que ella me da una libreta de color magenta. irás arrancando las hojas, me dice, y yo me siento como hansel y gretel mientras escribo y escribo, adultos es la única palabra que escribo)
(no es una estación cualquiera porque sé que estoy en mollet del vallès aunque no se parece al pueblo que conozco. es una pendiente que parece no terminar nunca, tierra abierta por la lluvia y seca por el sol y el paso de los días. pienso en teresa y en esas hojas de color color y esa palabra —adultos— que no debe quedar partida, son sólo tres sílabas de largo desigual)
(despierto y pienso que mi madre muere. pienso en las cosas que nos unen, en lo exiguo de nuestras conversaciones, de nuestra relación, en cómo será todo cuando ya no esté, en si sabré enfrentarme a ese vacío, a su presencia como un fantasma)
(mi madre como una fotografía borrosa que irá desapareciendo con el tiempo, alguien en quien apenas reconocer a la persona que era hace diez años, hace veinte, hace cuarenta. mi madre en el momento del parto, la sonrisa de mi madre adolescente, la mirada de mi madre aún niña, sus pasos silenciosos al caminar, lejos, cerca, punto ciego, desvanécete)
martes, 23 de noviembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
jueves, 18 de noviembre de 2010
(una cerveza en el bar de siempre son veinte minutos y dos cigarrillos, cuatro canciones de salsa que suenan todas iguales, una chiquilla correteando mientras su madre —a quien conozco desde que ella tenía diez años— come patatas fritas, una conversación breve con sandra —amigdalitis, trabajo, padre, itv del coche— antes de marchar)
(hurt, una hermosa canción de johnny cash; un montón de videos de fisting y látex y anal y mierdas así; otro montón de correos electrónicos con ruth, la ex de juank; otro montón de trabajo terminado en el montón de los trabajos terminados; cena, película, sueños que apenas entiendo, jueves y ya está)
(sueño que pilar me abraza, que estoy sentado en el suelo de su casa, que hablamos, que me orino encima, que como con mis amigos y ellos devoran carne y me dan asco y vomito y en el suelo están mis intestinos y pilar me dice algo que ahora soy incapaz de recordar)
(me gusta que hayas venido, pilar podría decir eso y sería como retroceder veinte años en el tiempo, pero no, esas palabras se han perdido para siempre)
(podríamos hablar de leyenda y de historia y estaríamos hablando de dos vidas totalmente diferentes, y todo ello sin necesidad de recurrir a lacan y a sus hazañas del yo y a su puta madre. daniel hablaría mucho de mí, convirtiéndome en un ser mítico, un entrañable gilipollas al que querer mucho. yo escucharía, fumaría, bebería, pensaría, me alejaría cada vez más de todo y de todos, como si tuviera una bala en el cerebro y sólo estuviera esperando que se moviera apenas nada y entonces dejar de sentir y abandonarme y ver toda esa escena desde lejos, desde cada vez más lejos, ya sin vértigo)
(hurt, una hermosa canción de johnny cash; un montón de videos de fisting y látex y anal y mierdas así; otro montón de correos electrónicos con ruth, la ex de juank; otro montón de trabajo terminado en el montón de los trabajos terminados; cena, película, sueños que apenas entiendo, jueves y ya está)
(sueño que pilar me abraza, que estoy sentado en el suelo de su casa, que hablamos, que me orino encima, que como con mis amigos y ellos devoran carne y me dan asco y vomito y en el suelo están mis intestinos y pilar me dice algo que ahora soy incapaz de recordar)
(me gusta que hayas venido, pilar podría decir eso y sería como retroceder veinte años en el tiempo, pero no, esas palabras se han perdido para siempre)
(podríamos hablar de leyenda y de historia y estaríamos hablando de dos vidas totalmente diferentes, y todo ello sin necesidad de recurrir a lacan y a sus hazañas del yo y a su puta madre. daniel hablaría mucho de mí, convirtiéndome en un ser mítico, un entrañable gilipollas al que querer mucho. yo escucharía, fumaría, bebería, pensaría, me alejaría cada vez más de todo y de todos, como si tuviera una bala en el cerebro y sólo estuviera esperando que se moviera apenas nada y entonces dejar de sentir y abandonarme y ver toda esa escena desde lejos, desde cada vez más lejos, ya sin vértigo)
martes, 16 de noviembre de 2010
tenemos vidas relativamente cómodas, con más elementos en la pantalla de los que somos capaces de gestionar correctamente, como un ordenador con demasiados programas abiertos que convierte nuestra aparente felicidad en angustia
animales insatisfechos, supongo que por una cuestión de química, algo que no podemos controlar y que está marcado a fuego, enquistado en el fondo de nuestras emociones. hacia dónde voy? no lo sé. ayer estuve viendo una película, la pequeña lola, de bertrand tavernier. hoy miro a mis amigos y todas sus ambiciones personales y profesionales me hacen sentir muy lejos de ellos, como si en la jaula en la que vivo apenas hubiese ya espacio para nadie más que no fuera yo
me cuesta respirar, hablo de un río de aguas rápidas, del ahogo inevitable. hablo de no saber nadar, del miedo que me dan los cambios porque soy de natural inmóvil y cualquier cosa que signifique desplazamiento me acaba produciendo vértigo. pese a ello, no he aprendido a vivir sin esos baches, como si necesitase ponerme a prueba a mí mismo constantemente. uno aprende, con el tiempo, a vivir en perpetuo estado de enfermedad
encuentro cada vez más puertas cerradas. siento que he salido demasiado tarde de casa y quiero resolver mi existencia ahora, en los últimos cinco minutos. qué hacer? la sensación de viajar por una cinta de moebius es la única certeza. el resto se acaba convirtiendo en las mismas ideas que se amasan, se reblandecen hasta ennegrecer
animales insatisfechos, supongo que por una cuestión de química, algo que no podemos controlar y que está marcado a fuego, enquistado en el fondo de nuestras emociones. hacia dónde voy? no lo sé. ayer estuve viendo una película, la pequeña lola, de bertrand tavernier. hoy miro a mis amigos y todas sus ambiciones personales y profesionales me hacen sentir muy lejos de ellos, como si en la jaula en la que vivo apenas hubiese ya espacio para nadie más que no fuera yo
me cuesta respirar, hablo de un río de aguas rápidas, del ahogo inevitable. hablo de no saber nadar, del miedo que me dan los cambios porque soy de natural inmóvil y cualquier cosa que signifique desplazamiento me acaba produciendo vértigo. pese a ello, no he aprendido a vivir sin esos baches, como si necesitase ponerme a prueba a mí mismo constantemente. uno aprende, con el tiempo, a vivir en perpetuo estado de enfermedad
encuentro cada vez más puertas cerradas. siento que he salido demasiado tarde de casa y quiero resolver mi existencia ahora, en los últimos cinco minutos. qué hacer? la sensación de viajar por una cinta de moebius es la única certeza. el resto se acaba convirtiendo en las mismas ideas que se amasan, se reblandecen hasta ennegrecer
lunes, 15 de noviembre de 2010
hoy me he hecho fotos en un fotomatón. por tres euros, seis fotografías válidas para dni electrónico, pasaporte electrónico, carnet de conducir; por dos euros, dos fotografías válidas para pasaporte usa —cinco por cinco centímetros— y cuatro minifotos para currículum. total, cinco euros. total, doce fotos
(me fascina la idea de encontrar un mensaje escondido en la tontería ésta de las fotos y el fotomatón. encontrar las palabras carnet de conducir, pasaporte, currículum tan seguidas, atropellándose las unas a las otras, parece una invitación a huir, una sucesión de puertas abiertas, una clave para entender mi vida y la de los demás, casi como un cero a partir del cual empezar una progresión matemática. hoy juank ha enviado correos electrónicos que he respondido con ironía hasta que han dejado de llegar. el punto cero del que hablaba, supongo)
(porque aquí la película sólo va de ratones minúsculos subidos a una rueda de plástico gris, escarbando túneles en una jaula con el suelo forrado de paja caliente, girando siempre en la misma dirección, sean cincuenta y seis, sean un millón de vueltas)
corro la cortina, sigo las instrucciones, apreto el botón verde cuando se me dice, miro fijamente dentro del óvalo, las fotos estarán en un minuto, fin de la operación
(me fascina la idea de encontrar un mensaje escondido en la tontería ésta de las fotos y el fotomatón. encontrar las palabras carnet de conducir, pasaporte, currículum tan seguidas, atropellándose las unas a las otras, parece una invitación a huir, una sucesión de puertas abiertas, una clave para entender mi vida y la de los demás, casi como un cero a partir del cual empezar una progresión matemática. hoy juank ha enviado correos electrónicos que he respondido con ironía hasta que han dejado de llegar. el punto cero del que hablaba, supongo)
(porque aquí la película sólo va de ratones minúsculos subidos a una rueda de plástico gris, escarbando túneles en una jaula con el suelo forrado de paja caliente, girando siempre en la misma dirección, sean cincuenta y seis, sean un millón de vueltas)
corro la cortina, sigo las instrucciones, apreto el botón verde cuando se me dice, miro fijamente dentro del óvalo, las fotos estarán en un minuto, fin de la operación
domingo, 14 de noviembre de 2010
viernes, 12 de noviembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
martes, 9 de noviembre de 2010
(es sábado y son las ocho y media de la tarde. bebo una lata de cerveza que he comprado en un paquistaní que hay en ramón y cajal con montmany. en la calle se oye música, una batería, guitarras desordenadas, unas canciones que se alargan y deshilachan en una secuencia de muecas. en un primer piso, en tres ventanas con luz, unos chicos tocan. no hay más luces en el edificio ni en ese tramo de acera, si exceptuamos las tres farolas amarillentas. me quedo allí un rato con la mente en gris. mis amigos no han llegado, el heliogàbal todavía está cerrado, no tengo dónde ir, ahí está bien, ese ratito es una pequeña pausa en la que estar solo y seguro. una chica habla por teléfono unos metros más allá, los músicos dejan de tocar, abren las ventanas, apuro la lata de cerveza, no quiero pensar en nada, no podría, sólo la llama del encendedor)
bajar del podio mientras todos aplauden el esfuerzo realizado. salgo del trabajo y vuelvo dando un rodeo a casa. el camino más largo puede hacerse infinitamente largo, sólo hay que querer una calle más, una esquina más, un parque más. fumo y disfruto de ese momento íntimo mientras camino a cámara lenta entre la gente, un niño se cae, la madre corre, el llanto, el cielo tan oscuro como el mar y el ruido de los coches que salen y entran del aparcamiento del mercado. las conversaciones de la gente se calcan las unas a las otras, como un eco que reverbera incontrolable, cien gigabytes de puro ruido rosa. el momento más bello del día ha sido descubrir a henry purcell como alguien a quien amar en silencio
lunes, 8 de noviembre de 2010
hoy he visto algo hermoso. el viento se llevaba todas las hojas amarillas de los árboles calle abajo, pintándolo todo de oro viejo. después ha llovido y el asfalto mojado era un inmenso espejo negro en el que los coches dibujaban luces color de fuego, calle palomar, calle potosí, siete y media de la tarde
domingo, 7 de noviembre de 2010
(S bebe té con jengibre y pimienta; yo, una cerveza sin alcohol. el aire de la cafetería está lleno de humo y de conversaciones que se cruzan, se anudan, se rompen en millones de fragmentos al estallar, la suma del todo y las partes. me gustaría hacer desaparecer a todo el mundo allí, calle joaquim costa, grandes ventanales, un barrio que es cool little manila en obras. para siempre, nunca más todas esas personas, olvidarlas y que nunca hubieran estado allí. pienso en el poder sobrenatural de lámparas maravillosas y varitas mágicas. pienso en este viernes y miro las manos de S, delicadas, bonitas, pasando con cuidado las páginas de su libro, edición de mil novecientos sesenta y seis, ella es mi felicidad)
la vida en el tren, la vida hasta cansarte. la mujer tiene el pelo ceniza, ralo, fino, corto, peinado con raya al lado, una blusa de viscosa color fresa y vetas oscuras, pantalones amplios y negros, zapatillas de footing marca nike, tres gruesos anillos de oro, dos de ellos con piedras que brillan y los ojos pintados con sombra azul, labios carmín. tiene unas manos blancas, inquietantes, de uñas largas y cuidadas, sin pintar, una bolsa blanca de plástico y fuerte acento maño al hablar
porque habla con su hijo, un treintañero alto y grueso, con el pelo engominado y peinado hacia adelante para disimular una calvicie incipiente, la nariz roja llena de venas, la mirada seria, jersey gris, camiseta blanca, tejanos índigo y zapatos marrones de sport, un ipod que no deja de toquetear mientras contesta con monosílabos a las preguntas de su madre
bostezo, cierro los ojos, tengo sueño, bostezo más aún, un grupo de adolescentes franceses que parlotean y cantan, han subido en les planes, llevan sillas y banderas vaticanas, son las doce de la mañana, me apetece dar una vuelta por el centro mientras espero a míriam. hemos quedado para comer, dos y media delante de la fnac
ella está cansada. lleva una semana trabajando un montón de horas más de la cuenta y, además, el master está en su recta final, con lo que el trabajo a dedicarle es cada vez mayor. tiene fiebre y unas llagas en la boca que no tienen buen aspecto. deberías comer fruta, le digo, y le cuento no sé qué acerca del escorbuto en los barcos y la importancia de comer limón, gilipolleces que no me creo ni yo y que me convierten en transparente delante de ella. deberías comer más fruta, toda una declaración de amor
pasan las horas. míriam se ha quedado en casa y yo he vuelto a barcelona porque esta noche ceno con mis amigos, y es que el cumpleaños de juank debería ser una buena celebración. como, bebo, fumo, hablo, me relaciono con normalidad, o eso creo. puedo aprobar el examen, claro que sí. después de los gintonics ellos volverán a casa en metro y yo en un bus nocturno del que ignoro horarios y ruta, todo salvo una parada concreta. es entonces que echo a andar en dirección contraria
sólo tengo que caminar la calle ramón y cajal hasta torrent de l'olla, subir hasta ros de olano, seguir por cigne hasta via augusta y esperar el puto autobús que me llevará de vuelta a mi exilio. es fácil, no se me exige nada, no hace frío, hay gente en la calle porque es la hora a la que cierran los bares y todo el mundo está intentando encontrar su lugar en el mundo. hablamos de quince minutos a paso tranquilo, las manos en los bolsillos y una pequeña mochila azul en la espalda
precisamente por eso, la dirección contraria. bajar por torrent de les flors, seguir por travessera de gràcia, bajar por bailén hasta aragón y allí, la nada, la cabeza en blanco, preguntándome por qué he hecho eso, qué pretendo, de qué huyo. no existen las respuestas, tan sólo los pasos, las esperas en los semáforos en rojo
regresar. subo por passeig de gràcia hasta gran de gràcia, giro a la izquierda por cigne y esta vez sí, por fin estoy haciendo lo correcto: una parada de autobús con cien borrachos y mil chicas cansadas. ha pasado una hora y media y una vida
pepe se tambalea, sus amigos bromean con él, pepe es alto, con patillas pelirrojas y unas gafas mustias a punto de caer, a saber qué pollas se ha metido pepe en el cuerpo para estar así de asqueroso. una chica me pisa varias veces, no pasa nada, es imposible cuando está tan lleno, sonreímos aliviados. conduce un chico muy joven con infinita paciencia, la ciudad a oscuras, las luces en la montaña, el frío en la calle, el humo del último cigarro del día mientras camino por sant bonaventura. pienso en helena porque al bajar por bailén he pasado por delante de su casa. la polla se me ha llenado vagamente de electricidad recordando su boca y es entonces que he buscado las llaves de casa, seis de la mañana, primer domingo de noviembre
porque habla con su hijo, un treintañero alto y grueso, con el pelo engominado y peinado hacia adelante para disimular una calvicie incipiente, la nariz roja llena de venas, la mirada seria, jersey gris, camiseta blanca, tejanos índigo y zapatos marrones de sport, un ipod que no deja de toquetear mientras contesta con monosílabos a las preguntas de su madre
bostezo, cierro los ojos, tengo sueño, bostezo más aún, un grupo de adolescentes franceses que parlotean y cantan, han subido en les planes, llevan sillas y banderas vaticanas, son las doce de la mañana, me apetece dar una vuelta por el centro mientras espero a míriam. hemos quedado para comer, dos y media delante de la fnac
ella está cansada. lleva una semana trabajando un montón de horas más de la cuenta y, además, el master está en su recta final, con lo que el trabajo a dedicarle es cada vez mayor. tiene fiebre y unas llagas en la boca que no tienen buen aspecto. deberías comer fruta, le digo, y le cuento no sé qué acerca del escorbuto en los barcos y la importancia de comer limón, gilipolleces que no me creo ni yo y que me convierten en transparente delante de ella. deberías comer más fruta, toda una declaración de amor
pasan las horas. míriam se ha quedado en casa y yo he vuelto a barcelona porque esta noche ceno con mis amigos, y es que el cumpleaños de juank debería ser una buena celebración. como, bebo, fumo, hablo, me relaciono con normalidad, o eso creo. puedo aprobar el examen, claro que sí. después de los gintonics ellos volverán a casa en metro y yo en un bus nocturno del que ignoro horarios y ruta, todo salvo una parada concreta. es entonces que echo a andar en dirección contraria
sólo tengo que caminar la calle ramón y cajal hasta torrent de l'olla, subir hasta ros de olano, seguir por cigne hasta via augusta y esperar el puto autobús que me llevará de vuelta a mi exilio. es fácil, no se me exige nada, no hace frío, hay gente en la calle porque es la hora a la que cierran los bares y todo el mundo está intentando encontrar su lugar en el mundo. hablamos de quince minutos a paso tranquilo, las manos en los bolsillos y una pequeña mochila azul en la espalda
precisamente por eso, la dirección contraria. bajar por torrent de les flors, seguir por travessera de gràcia, bajar por bailén hasta aragón y allí, la nada, la cabeza en blanco, preguntándome por qué he hecho eso, qué pretendo, de qué huyo. no existen las respuestas, tan sólo los pasos, las esperas en los semáforos en rojo
regresar. subo por passeig de gràcia hasta gran de gràcia, giro a la izquierda por cigne y esta vez sí, por fin estoy haciendo lo correcto: una parada de autobús con cien borrachos y mil chicas cansadas. ha pasado una hora y media y una vida
pepe se tambalea, sus amigos bromean con él, pepe es alto, con patillas pelirrojas y unas gafas mustias a punto de caer, a saber qué pollas se ha metido pepe en el cuerpo para estar así de asqueroso. una chica me pisa varias veces, no pasa nada, es imposible cuando está tan lleno, sonreímos aliviados. conduce un chico muy joven con infinita paciencia, la ciudad a oscuras, las luces en la montaña, el frío en la calle, el humo del último cigarro del día mientras camino por sant bonaventura. pienso en helena porque al bajar por bailén he pasado por delante de su casa. la polla se me ha llenado vagamente de electricidad recordando su boca y es entonces que he buscado las llaves de casa, seis de la mañana, primer domingo de noviembre
jueves, 4 de noviembre de 2010
la montaña rusa de la que hablaba hace unos días se transforma, de repente, en un socavón lleno de fantasmas. vuelvo a casa dando un rodeo, silencio y oscuridad, ése sería mi mundo ideal. por el contrario, encuentro a millones de personas que insisten en hacerme partícipe de su felicidad, de su tristeza, de su vacío por los siglos de los siglos, amén
(una estantería negra casi vacía y en ella, un catálogo de las obras de rothko expuestas hace diez años en la fundació joan miró de barcelona. catálogo perfectamente retractilado en su funda de plástico porque nunca nadie lo ha abierto. catálogo que compramos lourdes y yo el último día del año dos mil. similitudes entre ese catálogo y mi corazón, pregunta de examen)
(pienso en lourdes cuatrocientas veces cada día, de una manera casi constante. por qué? sin respuesta, sin aliento. pensar en ella es tener una lanza clavada en el pecho, es obstinarme en respirar hondo, es sonreír y caminar como si no pasara absolutamente nada, negando todo lo evidente, dejando detrás de mí un reguero de mierda que sólo yo puedo ver)
(una estantería negra casi vacía y en ella, un catálogo de las obras de rothko expuestas hace diez años en la fundació joan miró de barcelona. catálogo perfectamente retractilado en su funda de plástico porque nunca nadie lo ha abierto. catálogo que compramos lourdes y yo el último día del año dos mil. similitudes entre ese catálogo y mi corazón, pregunta de examen)
(pienso en lourdes cuatrocientas veces cada día, de una manera casi constante. por qué? sin respuesta, sin aliento. pensar en ella es tener una lanza clavada en el pecho, es obstinarme en respirar hondo, es sonreír y caminar como si no pasara absolutamente nada, negando todo lo evidente, dejando detrás de mí un reguero de mierda que sólo yo puedo ver)
sueño con nicolás, el padre de daniel. quiero morir en tu cama, me dice. sí, y cierro la puerta de la habitación, vago por la casa, pasa un tiempo que no sé concretar en el que hablo con gente que conozco y gente que no, todos insisten en tocarme, vuelvo a mi cuarto, las paredes ahora están amarillentas, húmedas, aceitosas, la cama deshecha, penumbra, mi madre pasa por detrás de mí como una sombra y susurra algo que no puedo entender, sé que también está muerta, despierto, todas las piezas siguen en su sitio, esperando más horas de este jueves
martes, 2 de noviembre de 2010
los colores del otoño son bonitos allí. no soy de montaña, al contrario, de ciudad y de mar, pero el rojizo de los árboles convierte los kilómetros de carretera en algo realmente hermoso. suenan simon and garfunkel y los ojos se me llenan de lágrimas. también hay una extraña belleza, algo fantasmal, en los parques eólicos que cruzamos, aspas que giran lentamente, blancos, gigantescos, fríos
desde la ventana, dos membrillos y frutos caídas en la hierba del jardín. ocupamos la habitación número once, madera y gruesos muros de piedra, cálidos en inviernos y frescos en verano. la vida es tranquila a pesar de una gran familia que ocupa varias habitaciones en el piso superior, también de barcelona, nos saludamos en voz baja y sin sonreír a la hora del desayuno, el único momento del día en el que deberíamos coincidir
me gustan esos membrillos. pienso en víctor erice y en antonio lópez. pienso en la luz de la mañana porque este sábado atrasarán el reloj y dormiremos una hora más. pasamos bastantes horas en silencio, el uno junto al otro, esperando que empiece a llover o que no empiece, tampoco sé. míriam tiene unos pendientes pequeñitos con forma de pez y a mí me da por pensar en san pedro y en la estructura fractal de la naturaleza, gilipolleces
me gustan esos membrillos. pienso en víctor erice y en antonio lópez. pienso en la luz de la mañana porque este sábado atrasarán el reloj y dormiremos una hora más. pasamos bastantes horas en silencio, el uno junto al otro, esperando que empiece a llover o que no empiece, tampoco sé. míriam tiene unos pendientes pequeñitos con forma de pez y a mí me da por pensar en san pedro y en la estructura fractal de la naturaleza, gilipolleces
el hombre duerme delante de mí. pelo negro con canas, despeinado, bigote, arrugas profundas en las mejillas, las manos cruzadas en el regazo, jersey gris, camisa blanca, los puños de una camiseta negra de manga larga doblados por fuera, pantalones beige, gastados, sucios, los bajos cosidos con cuidado pero sin técnica, zapatos tipo mocasín llenos de polvo, un maletín viejo de color negro, de los de doble combinación, qué coño puede haber de valioso en ese maletín
el hombre duerme en una niebla que apesta a culo. son las diez de la noche, el vagón está casi vacío, es un tren con destino a la universidad autónoma, tengo ganas de llegar a casa, imagino a ese hombre desnudo y pienso en una cámara de gas
pasan los días y la ciudad sigue siendo la misma. desde la ventana del hotel en akerreta, cuento cincuenta y cuatro ovejas a una distancia de trescientos metros. más lejos, nueve caballos y un pastor vestido de gris que camina lentamente. las nubes oscuras se mueven mucho más rápido que las blancas, más lejanas. la niebla en las montañas se deshace en algodón de azúcar y contamos dieciséis peregrinos antes de coger la autopista. es el camino de santiago
mil doscientos kilómetros en un ford fiesta blanco con matrícula de ibiza, dentro de un triángulo formado por akerreta, iruña y donostia. el desierto de la baja navarra deja paso a las montañas de roncesvalles y éstas, al cantábrico. caminamos por la concha, confundiéndonos entre la gente y la llovizna. hay chicas que pasean perros y chicos que pasean señores en sillas de ruedas, bebemos cerveza antes de comer en bares llenos de gente, los días son increíblemente tranquilos aquí, en el fondo del mar
el hombre duerme en una niebla que apesta a culo. son las diez de la noche, el vagón está casi vacío, es un tren con destino a la universidad autónoma, tengo ganas de llegar a casa, imagino a ese hombre desnudo y pienso en una cámara de gas
pasan los días y la ciudad sigue siendo la misma. desde la ventana del hotel en akerreta, cuento cincuenta y cuatro ovejas a una distancia de trescientos metros. más lejos, nueve caballos y un pastor vestido de gris que camina lentamente. las nubes oscuras se mueven mucho más rápido que las blancas, más lejanas. la niebla en las montañas se deshace en algodón de azúcar y contamos dieciséis peregrinos antes de coger la autopista. es el camino de santiago
mil doscientos kilómetros en un ford fiesta blanco con matrícula de ibiza, dentro de un triángulo formado por akerreta, iruña y donostia. el desierto de la baja navarra deja paso a las montañas de roncesvalles y éstas, al cantábrico. caminamos por la concha, confundiéndonos entre la gente y la llovizna. hay chicas que pasean perros y chicos que pasean señores en sillas de ruedas, bebemos cerveza antes de comer en bares llenos de gente, los días son increíblemente tranquilos aquí, en el fondo del mar
jueves, 28 de octubre de 2010
domingo, 24 de octubre de 2010
es sábado y es hielo, cerveza, tabasco, salsa perrins, sal gruesa escarchando el borde de un vaso grande de plástico, zumo de limón. una araña ha tejido su tela entre las hojas del geranio, una maceta roja en el centro de una mesa de teselas grises y verdosas. el cielo azul y el sonido de un reactor que viene de lejos, se acerca y desvanece en la distancia. fumo, me gusta fumar, el humo se aleja y estalla contra la ropa tendida, contra las hojas del ficus gigante. es sábado y improvisamos, bebemos porquerías, comemos aceitunas y dientes de ajo, grandes tragos de michelada que nos pica en la boca, el calor en el patio, hoy comeremos tarde, hoy no existe la prisa
es sábado y por la noche estaremos en manresa, bailando en la stroika, el gran proyecto de daniel, una sala de conciertos recién inaugurada el jueves pasado. la sala se vacía poco a poco de gente, el calor es denso, oscuro, me encuentro bien, lúcido, despierto, bebo gintonics, el camino de vuelta a casa son cuarenta minutos de niebla en la autopista
me costará dormir. la realidad se confundirá con el sueño y seguiremos allí, en la sala de color rojo y negro y marrón oscuro. adolescentes besándose hasta que se hace de día, marina me abraza, me lame, me llena la boca de sangre y no siento asco, la echo de menos, despierto. míriam duerme a mi lado, son las ocho y algo, sólo he descansado tres horas pero estoy bien, podría ver tres películas y no dormirme, enciendo el ordenador, respondo el correo, borro el historial, apago el ordenador, vuelvo a la cama
es domingo y espero el autobús de vuelta a casa. el calor del mediodía me adormece en la parada. tengo un euro y once céntimos en el bolsillo. existen pocas posibilidades de que haga algo con el resto de horas que le quedan al día, qué poco valor tengo
es sábado y por la noche estaremos en manresa, bailando en la stroika, el gran proyecto de daniel, una sala de conciertos recién inaugurada el jueves pasado. la sala se vacía poco a poco de gente, el calor es denso, oscuro, me encuentro bien, lúcido, despierto, bebo gintonics, el camino de vuelta a casa son cuarenta minutos de niebla en la autopista
me costará dormir. la realidad se confundirá con el sueño y seguiremos allí, en la sala de color rojo y negro y marrón oscuro. adolescentes besándose hasta que se hace de día, marina me abraza, me lame, me llena la boca de sangre y no siento asco, la echo de menos, despierto. míriam duerme a mi lado, son las ocho y algo, sólo he descansado tres horas pero estoy bien, podría ver tres películas y no dormirme, enciendo el ordenador, respondo el correo, borro el historial, apago el ordenador, vuelvo a la cama
es domingo y espero el autobús de vuelta a casa. el calor del mediodía me adormece en la parada. tengo un euro y once céntimos en el bolsillo. existen pocas posibilidades de que haga algo con el resto de horas que le quedan al día, qué poco valor tengo
miércoles, 20 de octubre de 2010
(vivir escondido. pienso en ello mientras escaneo. mi trabajo últimamente consiste en digitalizar revistas como paso previo a la edición de una web en la que poder consultar online todo ese material. cuatrocientas setenta y tres páginas hoy, cincuenta y nueve por hora, todas en bruto, una ventana azul cielo por la que cruza un avión que deja una estela blanca que se difumina en minutos, en páginas, en la luz que sube y baja por la pantalla y que se adueña de esas letras incomprensibles que hablan de antroposofía en catalán, inglés y esperanto)
(pasar desapercibido. imagino una isla verde y fría en el norte, una isla en la que estar solo. me imagino siendo martin, el protagonista de nothing personal, la película de urszula antoniak que vimos en verano. martin hunde las manos en las algas con que fertiliza la tierra, mezclándolas con la turba, sin esperar nada más que unas sábanas blancas y limpias al volver a casa. martin se mira al espejo, se reconoce, martin escanea páginas de una revista, el trabajo es mecánico y posibilita la huida, casi te obliga a ella)
(burbuja, estación espacial, el centro del asterisco y la galaxia. escucho música clásica durante todo el día. una radio pequeña, unos auriculares y un volumen discreto, para poder escuchar si me hablan. a veces suena bach y entonces es precioso. también haendel o schubert o vivaldi o arvo pärt o haydn o el bellísimo john jenkins)
(pasar desapercibido. imagino una isla verde y fría en el norte, una isla en la que estar solo. me imagino siendo martin, el protagonista de nothing personal, la película de urszula antoniak que vimos en verano. martin hunde las manos en las algas con que fertiliza la tierra, mezclándolas con la turba, sin esperar nada más que unas sábanas blancas y limpias al volver a casa. martin se mira al espejo, se reconoce, martin escanea páginas de una revista, el trabajo es mecánico y posibilita la huida, casi te obliga a ella)
(burbuja, estación espacial, el centro del asterisco y la galaxia. escucho música clásica durante todo el día. una radio pequeña, unos auriculares y un volumen discreto, para poder escuchar si me hablan. a veces suena bach y entonces es precioso. también haendel o schubert o vivaldi o arvo pärt o haydn o el bellísimo john jenkins)
lunes, 18 de octubre de 2010
domingo, 17 de octubre de 2010
creo que he visto cien películas estúpidas durante el fin de semana. mi vida es basura en fotogramas, persianas bajadas y una manta de color marrón en la que cobijarme
qué nos hace humanos? obviamente, el contacto con nuestros semejantes. huir de ellos es huir de mí, acercarme al acantilado y sentir miedo y paz con los ojos cerrados
qué nos hace humanos? obviamente, el contacto con nuestros semejantes. huir de ellos es huir de mí, acercarme al acantilado y sentir miedo y paz con los ojos cerrados
jueves, 14 de octubre de 2010
lunes, 11 de octubre de 2010
autobahn. míriam conduce con atención, mirando fijamente la autovía, con el cielo gris oscuro a punto de desplomarse sobre nuestras cabezas. por el carril contrario, coches y camiones a una velocidad infernal. suena arcade fire —primero suburbs y después funeral— y a mí me da por pensar en qué sucedería, qué quedaría de nosotros en una colisión frontal contra uno de esos tráilers llenos de material químico, blancos y plateados como relámpagos
nada quedaría. bajo la ventanilla y juego con el aire y con la mano. es sábado por la mañana y hemos elegido vic para ir a dar una vuelta, el corazón de la catalunya interior, cerdos, putas y racismo en una ciudad aparentemente agradable para vivir. por la noche cenaremos en manresa con daniel y edurne y rafa y volveremos a casa cruzando el diluvio universal a las cuatro de la mañana, pero ésa sera otra historia, otra puta vida
(la jaula de los monos. míriam compró dos agendas iguales, dos moleskine tamaño cuartilla, una negra y otra roja, una para casa o asuntos personales, y otra para el trabajo. me pareció curioso —eso de establecer una distinción entre tiempos, espacios, obligaciones y rutinas me parece complicar gratuitamente la gestión de las horas—, tanto como muchas otras cosas que hace y a las que asisto, con una mezcla de perplejidad y ternura a partes iguales, en mi papel de espectador privilegiado)
nada quedaría. bajo la ventanilla y juego con el aire y con la mano. es sábado por la mañana y hemos elegido vic para ir a dar una vuelta, el corazón de la catalunya interior, cerdos, putas y racismo en una ciudad aparentemente agradable para vivir. por la noche cenaremos en manresa con daniel y edurne y rafa y volveremos a casa cruzando el diluvio universal a las cuatro de la mañana, pero ésa sera otra historia, otra puta vida
(la jaula de los monos. míriam compró dos agendas iguales, dos moleskine tamaño cuartilla, una negra y otra roja, una para casa o asuntos personales, y otra para el trabajo. me pareció curioso —eso de establecer una distinción entre tiempos, espacios, obligaciones y rutinas me parece complicar gratuitamente la gestión de las horas—, tanto como muchas otras cosas que hace y a las que asisto, con una mezcla de perplejidad y ternura a partes iguales, en mi papel de espectador privilegiado)
viernes, 8 de octubre de 2010
el cansancio como un eco que me golpea en la nuca, en la frente, me cierra los ojos y me pesa en la espalda. viernes, sábado, domingo, lunes y martes fiesta, llamadas perdidas de rafael, lluvia que no quiere llover, ostias hasta romperte el alma en las comisarías, días de trabajo exactamente iguales, llenos de mentiras y trabajos rebosantes de intelectualidad, feliz fin de semana
(disfruto de mi erección matutina, casi como si estuviera trepando por el mástil y la tierra a lo lejos)
(disfruto de mi erección matutina, casi como si estuviera trepando por el mástil y la tierra a lo lejos)
lunes, 4 de octubre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
sms en el buzón de entrada. lo que me gusta de las mujeres es que tenemos un sexto sentido para saber cuándo alguien está enfadado con nosotras. tú, en cambio, has sido incapaz de darte cuenta de que llevo una semana encabronada contigo porque prefieres estar a solas con tu tristeza antes que conmigo. yo me quedo con todo este desprecio que siento por mí misma, aunque lo verdaderamente triste es que no tengo derecho a exigirte nada
jueves, 30 de septiembre de 2010
miércoles, 29 de septiembre de 2010
(fábula. el oso, consciente de su pérdida de poder, dice que ya no se comerá más las ovejas del pastor y que aprenderá a convivir, conformándose con las bayas y lo que buenamente pueda —si hay suerte, quizás estemos hablando de panales de miel de vez en cuando—. el pastor, sabiéndose dueño de la escopeta, de los cartuchos y de todas las cartas que le garantizan ser el amo de la creación, sigue triunfalmente con su guerra particular y ignora las palabras del oso, puto oso mentiroso, no te creo, nadie te cree, el único futuro que te queda es el circo y el bozal. envalentonado, caza al animal, caza la cabra montesa y el zorro y el pájaro carpintero, caza el águila y la ardilla y el búho y caza a todo bicho viviente con el que se cruza, entreteniéndose especialmente en pisotear las pequeñas hormigas porque, todo el mundo sabe, no hay que dejar testigos que corroboren la versión del puto oso, el puto plan de paz en el puto bosque de mierda)
(ayer fuimos a ver canino, de yorgos lanthimos, en el cine maldà. una película que es, según míriam, una reflexión profunda sobre la evolución de los procesos educativos en un entorno sin estímulos, y, según yo, una metáfora amarga de nuestro estado del bienestar. cada uno en sus puntos habituales de vista sobre la realidad de las cosas, supongo. después cogimos el ferrocarril, compartimos unas cervezas y me quedé a dormir en su casa. he despertado varias veces a lo largo de la noche y no he estado bien: me sentía más lejos de ella que nunca y no sé qué hacer para arreglarlo, o si quiero hacerlo o si puedo, yo qué sé)
martes, 28 de septiembre de 2010
martes, 21 de septiembre de 2010
los días en el estudio han entrado en una especie de ciénaga en la que nada se mueve porque no hay nada que se pueda mover. debería preocuparme por ello, temer por mi futuro? ray conduce por el río helado porque sabe que es el único camino para salir del laberinto. no hacemos todos lo mismo? frozen river, de courtney hunt
lunes, 20 de septiembre de 2010
la lluvia golpea contra el cristal, la luz oscura y el aire frío y suave invitando al abrigo. es extraño, pienso, el otoño se acerca, se entumece a mi lado, se deja acariciar sin morderme los dedos. es lunes y hoy es el primer jersey, uno marrón, fino, cortefiel, de segunda mano o de tercera, tanto da. es lunes y las vacaciones son apenas un recuerdo que insiste en desvanecerse. es lunes, repite el monstruo, todos los días son iguales cuando llueve
(un cachorro de perro en la mano, tan pequeño que cabe en ella, negro, caliente, tembloroso. regazo y leche tibia en un biberón que el animalito muerde y muerde, limpio con el dedo una gota que resbala de su boca, su vientre rosado y tenso, la diminuta pata izquierda apretando una teta imaginaria, instinto, acto reflejo)
(entra el sol por la ventana mientras me tumbo en el sofá, el perrito en mi pecho, una camiseta gastada de color azul, el ruido de los coches en la autopista, los ojos cerrados, su olor me inunda los sentidos y me hace sentir bien, es una nube en la que nada malo nos puede pasar)
(ese olor vuelve esta mañana, veinticinco años después, sin saber por qué, de dónde, ese olor diciéndome al oído que algo une esos dos instantes y todavía es demasiado pronto para entender el qué)
(entra el sol por la ventana mientras me tumbo en el sofá, el perrito en mi pecho, una camiseta gastada de color azul, el ruido de los coches en la autopista, los ojos cerrados, su olor me inunda los sentidos y me hace sentir bien, es una nube en la que nada malo nos puede pasar)
(ese olor vuelve esta mañana, veinticinco años después, sin saber por qué, de dónde, ese olor diciéndome al oído que algo une esos dos instantes y todavía es demasiado pronto para entender el qué)
domingo, 19 de septiembre de 2010
me apago por momentos, me apago hasta encender una luz negra que dice odiar a todo el mundo. leo wilson, de daniel clowes; leo templanza, de cathy malkasian; busco kleenex en los bolsillos mientras espero mi turno en la cola del fnac, en la cola del cine, en la cola de la hamburguesería, en la cola de los ferrocarriles que se confunde con la cola de la vida, esa misma cola que al final te conduce al humo o a la esclavitud de seguir vivo
miércoles, 15 de septiembre de 2010
el corredor, de jean echenoz. no sé por qué lo he comprado, la verdad. sólo sé que los ojos se me han llenado de lágrimas aún antes de acabar la primera página y de repente he entendido que ésa y no otra era la piedra que cerraba el círculo de piedras en el que se había convertido el día
(en el centro, emil zátopek y su huida salvaje, sin aliento. gravitando a su alrededor, el almirante richard evelyn byrd, mi único hombre en el ártico)
(en el centro, emil zátopek y su huida salvaje, sin aliento. gravitando a su alrededor, el almirante richard evelyn byrd, mi único hombre en el ártico)
lunes, 13 de septiembre de 2010
hoy ha empezado el invierno, sus horarios, sus puertas cerradas y sus noches más largas. comprimidos efervescentes de un gramo de paracetamol encima de la mesa del comedor, dos jerseys de lana en la lavadora, una película para ver esta noche antes de dormir, una lata de espárragos sin abrefácil. me masturbo hasta el orgasmo y me cuesta la vida entera, pongo música, la quito, la vuelvo a poner y la vuelvo a quitar. mientras, pienso en el semen como un rastro de estrellas en
(la ropa interior llena de cadáveres, doce mil cuatrocientos sesenta y siete días en la cárcel, un corazón que querría desaparecer)
(la ropa interior llena de cadáveres, doce mil cuatrocientos sesenta y siete días en la cárcel, un corazón que querría desaparecer)
viernes, 10 de septiembre de 2010
con la misma tiza de otras veces, pintar una línea con forma de puerta, pintar una llave, pintar una isla o varias de ellas y un barco en el que llegar hasta ella, suficiente comida y un cortaúñas, algo de abrigo y una nube que siempre llueva sobre mí
con la misma tiza de otras veces, escribir que no soy inocente, escribir shetland y escribir pascua, escribir viernes hasta que sean las tres de la tarde
con la misma tiza de otras veces, escribir que no soy inocente, escribir shetland y escribir pascua, escribir viernes hasta que sean las tres de la tarde
jueves, 9 de septiembre de 2010
miércoles, 8 de septiembre de 2010
un partido de baloncesto, después otro, una canasta imposible a tres segundos del final, una llamada de teléfono y después otra y otra más hasta que la puta cabeza me hace bum. a intervalos, closer, de joy division; el abrazo partido, de daniel burman; los girasoles, de vittorio de sica. a intervalos, una paja y después otra. a intervalos, capas de tristeza que sedimentan en mi piel
correos electrónicos de mònica. me resulta increíble que confíe las miserias de su relación en alguien como yo. creo que debería saber cuáles son mis límites. me escribe y le contesto, me escribe y le contesto, me escribe y le contesto hasta que ya no sé qué pollas decirle porque en el fondo su vida me da lo mismo, o no me importa tanto como para perder tres horas de mi vida en una conversación adolescente. no sé, soy una mierda de amigo
además, tengo cuarenta años y soy el hombre más viejo del mundo. buenas noches
correos electrónicos de mònica. me resulta increíble que confíe las miserias de su relación en alguien como yo. creo que debería saber cuáles son mis límites. me escribe y le contesto, me escribe y le contesto, me escribe y le contesto hasta que ya no sé qué pollas decirle porque en el fondo su vida me da lo mismo, o no me importa tanto como para perder tres horas de mi vida en una conversación adolescente. no sé, soy una mierda de amigo
además, tengo cuarenta años y soy el hombre más viejo del mundo. buenas noches
martes, 7 de septiembre de 2010
llueve con fuerza contra la ventana. podría pasarme horas así, escuchando el viento y el agua. podría salir al patio y caminar descalzo hasta empaparme. podría desnudarme y limpiarme y sentir frío. en el edificio de enfrente sólo hay una ventana encendida. nadie me vería. sería bonito acurrucarse y cerrar los ojos, calmarme, algo así
lunes, 6 de septiembre de 2010
cartas desde la trinchera. sopa fría de verduras, todas las basuras en la televisión, las pequeñas tragedias detrás de cualquier llamada de teléfono. es un día gris, sí. la muerte de un motorista japonés, un alto el fuego que es el fin de la esperanza, todo significa vacío. el viernes vimos submarino, de thomas vinterberg, una asfixia de película que, a pesar de todo, no me hizo llorar, algo muy fácil, teniendo en cuenta que hablaba de hermanos y familias y todas esas mierdas
domingo, 5 de septiembre de 2010
miércoles, 1 de septiembre de 2010
una ventana. todo el mundo parece saber cuáles son los pasos a seguir en cualquier momento, sin el menor asomo de inocencia o improvisación
una calle. criaturas de veinte años con los brazos llenos de tatuajes, madres que gritan a sus hijos, ciclistas que pedalean sin más preocupaciones, mesas llenas de vasos vacíos en ese bar y en ese otro, siete menos veinte de la tarde, primer día de septiembre
ignoro cuál es la mecánica de sus actos, qué hay detrás de cada tatuaje, de cada hocico pintado de rouge, de cada grito al chiquillo, de cada mano levantada, de cada botella caliente y cada cenicero lleno. ignoro cuál es la mecánica, en qué punto estamos de la línea, por qué seguimos pedaleando
de todas maneras, estas últimas tardes son agradables porque me encanta la sensación de tener la cabeza vacía y blanca por dentro, sin muchas lágrimas, sin sonrisas, sin metas ni pollas así. todo está bastante lejos de tener que hablar deprisa expresando ideas y verdades luminosas, de planear, proyectar y trazar, de especular, como si únicamente bastase respirar el aire caliente de la calle, esperar el otoño, caminar así de lento, seguir un ratito más con los ojos cerrados mientras ahí fuera todo quema, no sé
una calle. criaturas de veinte años con los brazos llenos de tatuajes, madres que gritan a sus hijos, ciclistas que pedalean sin más preocupaciones, mesas llenas de vasos vacíos en ese bar y en ese otro, siete menos veinte de la tarde, primer día de septiembre
ignoro cuál es la mecánica de sus actos, qué hay detrás de cada tatuaje, de cada hocico pintado de rouge, de cada grito al chiquillo, de cada mano levantada, de cada botella caliente y cada cenicero lleno. ignoro cuál es la mecánica, en qué punto estamos de la línea, por qué seguimos pedaleando
de todas maneras, estas últimas tardes son agradables porque me encanta la sensación de tener la cabeza vacía y blanca por dentro, sin muchas lágrimas, sin sonrisas, sin metas ni pollas así. todo está bastante lejos de tener que hablar deprisa expresando ideas y verdades luminosas, de planear, proyectar y trazar, de especular, como si únicamente bastase respirar el aire caliente de la calle, esperar el otoño, caminar así de lento, seguir un ratito más con los ojos cerrados mientras ahí fuera todo quema, no sé
martes, 31 de agosto de 2010
viernes, 27 de agosto de 2010
(me masturbo contra la pared de la habitación, apoyando la cabeza en la esquina y echando las piernas ligeramente hacia atrás, tensándolas, sintiendo algo eléctrico que me recorre y estalla en una llama blanca que oscurece ligeramente la pared hasta perderse en el zócalo de madera. respiro fuerte, se oyen voces en el jardín y una música que no acabo de identificar, me desnudo, recojo el bañador y bajo las escaleras: en la piscina está la vida definitiva)
sueño. estoy en una fiesta de disfraces en un sitio oscuro y caliente junto a un montón de personas que no conozco. cuerpos sudados que se entrelazan, que se quedan quietos, mirándose, máscaras de animales, vasos con alcohol dulce de color amarillo transparente
laura rosal. ella es mi guía en ese submundo. esta mina es mía, dice, aquí estamos a salvo, ellos son mis amigos, no tienes que tener miedo, nadie sabe quién eres pero deberías ponerte la máscara, y me tiende algo que no sé qué es y que tiene un tacto áspero y grasiento, como de pelo sucio
disfraz. quiero que seas una bruja, me dice. obedezco. camino entre la gente y me siento bien, ignorado por los demás. un grupo de chicas baila, un chico se golpea el pecho y de cada golpe salpica sangre. me siento en unas escaleras y veo, al fondo de la sala, a ruth saliendo de un espejo
un beso. ella viste de negro, muy maquillada. vamos iguales, me dice. no lo sé, respondo, no puedo verme. la abrazo y la beso, ella se aparta violentamente, me grita, me escupe, me tira su vaso de alcohol, me has roto el reloj, me has mentido, me insultas, le lanzo un billete, muérete, me chilla
despierto. son las seis de la mañana. míriam duerme a mi lado en un confortable ovillo de sábanas a rayas y por la ventana abierta entra una brisa agradable que desaparecerá en cuanto salga el sol
laura rosal. ella es mi guía en ese submundo. esta mina es mía, dice, aquí estamos a salvo, ellos son mis amigos, no tienes que tener miedo, nadie sabe quién eres pero deberías ponerte la máscara, y me tiende algo que no sé qué es y que tiene un tacto áspero y grasiento, como de pelo sucio
disfraz. quiero que seas una bruja, me dice. obedezco. camino entre la gente y me siento bien, ignorado por los demás. un grupo de chicas baila, un chico se golpea el pecho y de cada golpe salpica sangre. me siento en unas escaleras y veo, al fondo de la sala, a ruth saliendo de un espejo
un beso. ella viste de negro, muy maquillada. vamos iguales, me dice. no lo sé, respondo, no puedo verme. la abrazo y la beso, ella se aparta violentamente, me grita, me escupe, me tira su vaso de alcohol, me has roto el reloj, me has mentido, me insultas, le lanzo un billete, muérete, me chilla
despierto. son las seis de la mañana. míriam duerme a mi lado en un confortable ovillo de sábanas a rayas y por la ventana abierta entra una brisa agradable que desaparecerá en cuanto salga el sol
jueves, 26 de agosto de 2010
sueño. es martes y he trabajado por la mañana. por la tarde tengo sesión de acupuntura pero le mando un sms a pablo avisando de que no iré. me apetece ir al cine, así que elijo uno que está cerca de casa, de esos de pueblo, de sesión doble y continua. estoy solo en la sala y en la pantalla hay algo así como una fiesta en blanco y negro, aunque no tengo la sensación de estar exactamente ante una película, sino ante una visión antigua, una imagen del pasado
the end. se encienden las luces y bajo por el pasillo central hacia el wc. hay tres urinarios y sólo uno está ocupado, el del centro. no puedo ver a la persona que está allí, de espaldas ante mí, pero sí sé que es mi padre. sígueme, dice, quiero que me acompañes
autopista. mi padre conduce un coche azul claro, grande, americano, de esos de antes de la crisis del petróleo. conduce muy lento, como siempre ha hecho, desafiando el sentido común y poniendo su vida y la de los demás en constante peligro. tengo una gran sensación de miedo
paisaje. bajo la ventanilla y miro el cielo de tormenta, gris plomo y hirviendo de electricidad en su vientre inmenso. al margen derecho hay un río sin agua flanqueado por dos paredes de hierba, con parejas follando allí, ajenas a nuestra presencia y al peligro que intuyo. también hay caminos por los que puede bajar un vehículo hecho de piedra lisa y clara. en los laterales, la hierba está quemada y rala, siendo el terreno muy irregular
has perdido el coche, papá. mi padre dice tomar una salida, pero se confunde y baja por uno de esos laterales. maldice largamente, pero el vehículo no podrá subir, así que tendremos que abandonarlo y seguir a pie. es en ese momento que empieza a llover y veo que a mi lado viaja alguien que conozco pero con quien apenas me une un vínculo, un tal pepet
huida. abro la puerta y sólo tengo la preocupación de salvar el portátil que llevo conmigo. éste cae al suelo, dejando una marca estrecha y negra, como de ceniza, en la tierra seca del lecho. intento subir agarrándome sólo con una mano pero me resulta imposible, así que muerdo con fuerza la funda de gomaespuma y subo sin dificultad. desde arriba veo a mi padre trasteando en el maletero abierto, lo llamo a gritos antes de que una lengua de agua sucia y barro arrastre todo lo que estoy viendo
despierto empapado de sudor. para colmo, me he meado encima. jueves, seis y media, buenos días
the end. se encienden las luces y bajo por el pasillo central hacia el wc. hay tres urinarios y sólo uno está ocupado, el del centro. no puedo ver a la persona que está allí, de espaldas ante mí, pero sí sé que es mi padre. sígueme, dice, quiero que me acompañes
autopista. mi padre conduce un coche azul claro, grande, americano, de esos de antes de la crisis del petróleo. conduce muy lento, como siempre ha hecho, desafiando el sentido común y poniendo su vida y la de los demás en constante peligro. tengo una gran sensación de miedo
paisaje. bajo la ventanilla y miro el cielo de tormenta, gris plomo y hirviendo de electricidad en su vientre inmenso. al margen derecho hay un río sin agua flanqueado por dos paredes de hierba, con parejas follando allí, ajenas a nuestra presencia y al peligro que intuyo. también hay caminos por los que puede bajar un vehículo hecho de piedra lisa y clara. en los laterales, la hierba está quemada y rala, siendo el terreno muy irregular
has perdido el coche, papá. mi padre dice tomar una salida, pero se confunde y baja por uno de esos laterales. maldice largamente, pero el vehículo no podrá subir, así que tendremos que abandonarlo y seguir a pie. es en ese momento que empieza a llover y veo que a mi lado viaja alguien que conozco pero con quien apenas me une un vínculo, un tal pepet
huida. abro la puerta y sólo tengo la preocupación de salvar el portátil que llevo conmigo. éste cae al suelo, dejando una marca estrecha y negra, como de ceniza, en la tierra seca del lecho. intento subir agarrándome sólo con una mano pero me resulta imposible, así que muerdo con fuerza la funda de gomaespuma y subo sin dificultad. desde arriba veo a mi padre trasteando en el maletero abierto, lo llamo a gritos antes de que una lengua de agua sucia y barro arrastre todo lo que estoy viendo
despierto empapado de sudor. para colmo, me he meado encima. jueves, seis y media, buenos días
viernes, 13 de agosto de 2010
los días de vacaciones van resbalando. vamos al cine, vamos a la playa, bebemos más de la cuenta y le echamos pasas a la ensalada. el lunes estaremos en menorca y pienso en un jersey en la mochila. tengo frío mientras espero el autobús, tengo sueño porque no descanso, recorro mentalmente el carril bici que cruza la ciudad y pienso las heridas que me rompen los talones: hay una mancha roja en la felpa blanca de la zapatilla izquierda
hoy he vuelto a cagar sangre. me he hundido un poco, después de tres meses casi limpio
hoy he vuelto a cagar sangre. me he hundido un poco, después de tres meses casi limpio
domingo, 8 de agosto de 2010
en la imagen, ludwig wittgenstein ante una pizarra llena de tiza. las líneas se han convertido en un laberinto en el que es imposible discernir horror y razón? es posible que así sea. la única y gran verdad es que mingo ràfols —el actor que le da vida en la obra— es un asqueroso que grita demasiado cuando no tiene por qué
mi vida dentro. ayer estuvimos en el caixafòrum, un sitio fresquito, moderno y con cuadros dentro. también había una vomitiva exposición de fotografías de jacques henri lartigue, un burgués ocioso que intentaba retener el tiempo y la felicidad en instantáneas de una alegría quieta y desbordante, bella a pesar de todo. después comimos con rosa en un gallego cerca de la calle comerç y poco más, que el día también era en blanco y negro
la línea que une y separa cultura y barbarie. hubo de todo, sí. por la noche, después de cenar, nos metimos soylent green —cuando el destino nos alcance, según su estreno aquí–, de richard fleischer, una distopía setentera de las que te dejan el espíritu apestando a zyklon b. para redundar en la ausencia de futuro, la noche temática en la segunda cadena hasta las tantas
me cuesta respirar. mi vida dentro, de lucía gajá, es la historia de rosa estela olvera jiménez, una más de las mil seiscientas setenta y nueve mujeres mexicanas que cumplen condenas en prisiones de los estados unidos. hablamos de ausencia de la presunción de inocencia, de irregularidades en la declaración ante un policía más interesado en encontrar un culpable que en discernir la verdad de lo sucedido. hablamos de racismo, de machismo, de exclusión del sistema judicial en la —autoproclamada— democracia más poderosa del mundo. hablamos de una mujer indocumentada y inocente devorada por el monstruo. hablamos de cadena perpetua en una cárcel de máxima seguridad y de una mujer que nunca ha visto el mar y morirá sin verlo
me cuesta respirar. son las cuatro de la mañana y escucho la radio, cualquier cosa que me distraiga del dolor en el pecho, en la piel. pienso en wittgenstein porque el viernes fuimos al romea —cuántas cosas este fin de semana, dios– y cenamos almuerzo en casa de los wittgenstein (ritter, dene, voss), dirigida por josep maria mestres según un texto de thomas bernhard. es la dinámica habitual en estos casos: cuanto más grande, mejor; cuanto más incomprensible y pesado y denso, más valioso. para qué decir algo en una hora si puedes utilizar dos y media? sala a tres cuartos de entrada y deserciones a patadas en el intermedio. una paja mental sobre el individuo, la familia y la sociedad; un avecrem del odio y la podredumbre que sentía el autor por sí mismo y por todo lo que podía ver o tocar. un espectáculo la mar de veraniego, creo
esta mañana he acabado diario de un fantasma, de nicolas de crécy, y me ha gustado bastante más de lo que esperaba en un principio. después he escuchado el réquiem, de alfred schnittke, he deshecho la cama y he cerrado los ojos porque me he quedado sin respiración. en el teléfono había un escueto sms: dos puntos, un guión y un asterisco, algo así como una carita dando un beso con forma de estrella, fin de la función
la línea que une y separa cultura y barbarie. hubo de todo, sí. por la noche, después de cenar, nos metimos soylent green —cuando el destino nos alcance, según su estreno aquí–, de richard fleischer, una distopía setentera de las que te dejan el espíritu apestando a zyklon b. para redundar en la ausencia de futuro, la noche temática en la segunda cadena hasta las tantas
me cuesta respirar. mi vida dentro, de lucía gajá, es la historia de rosa estela olvera jiménez, una más de las mil seiscientas setenta y nueve mujeres mexicanas que cumplen condenas en prisiones de los estados unidos. hablamos de ausencia de la presunción de inocencia, de irregularidades en la declaración ante un policía más interesado en encontrar un culpable que en discernir la verdad de lo sucedido. hablamos de racismo, de machismo, de exclusión del sistema judicial en la —autoproclamada— democracia más poderosa del mundo. hablamos de una mujer indocumentada y inocente devorada por el monstruo. hablamos de cadena perpetua en una cárcel de máxima seguridad y de una mujer que nunca ha visto el mar y morirá sin verlo
me cuesta respirar. son las cuatro de la mañana y escucho la radio, cualquier cosa que me distraiga del dolor en el pecho, en la piel. pienso en wittgenstein porque el viernes fuimos al romea —cuántas cosas este fin de semana, dios– y cenamos almuerzo en casa de los wittgenstein (ritter, dene, voss), dirigida por josep maria mestres según un texto de thomas bernhard. es la dinámica habitual en estos casos: cuanto más grande, mejor; cuanto más incomprensible y pesado y denso, más valioso. para qué decir algo en una hora si puedes utilizar dos y media? sala a tres cuartos de entrada y deserciones a patadas en el intermedio. una paja mental sobre el individuo, la familia y la sociedad; un avecrem del odio y la podredumbre que sentía el autor por sí mismo y por todo lo que podía ver o tocar. un espectáculo la mar de veraniego, creo
esta mañana he acabado diario de un fantasma, de nicolas de crécy, y me ha gustado bastante más de lo que esperaba en un principio. después he escuchado el réquiem, de alfred schnittke, he deshecho la cama y he cerrado los ojos porque me he quedado sin respiración. en el teléfono había un escueto sms: dos puntos, un guión y un asterisco, algo así como una carita dando un beso con forma de estrella, fin de la función
martes, 3 de agosto de 2010
lo fácil que es escribir un cuento. en la vida normal de una persona normal cabe trabajar en una empresa de extintores, comer huevos fritos con patatas en el bar de enfrente, ser detallista y educado con tus vecinos. cabe también jugar al rugby y tener una novia embarazada. según isabel landa, vocera del diario el país —vocera del psoe, vocera del gobierno— cabe cualquier detalle que humanice al monstruo, que nos recuerde que están entre nosotros, las personas de bien, los demócratas sonrientes y incansables luchadores por las libertades y el estado de derecho, blablablá. isabel landa hace muy bien su trabajo, qué duda cabe que isabel landa cree en el futuro
el valor supremo de la vida humana. busco fotografías de joseba pagazaurtundua en el google images. leo el relato dramatizado de su muerte —el diario el país es todo un ejemplo de objetividad periodística— firmado por pablo ordaz. vomito. busco fotos de su hermana maite. de entre todas ellas, elijo una. en el pie de foto, un listado de nombres. de izquierda a derecha: maite pagazaurtundua, gotzone mora, maite urrutia, un tal garcía francés, rosa díez, edurne uriarte y chelo aparicio. una buena colección, sí: verdaderas personas de bien, navajeros de la pluma y el pensamiento ilustrado
que se jodan. pablo ordaz habla de tres tiros, dos en la cabeza y uno en el hombro. habla también de un cuerpo caído sobre los periódicos que había comprado un rato antes en la librería stop. habla también de que de esa forma unió su destino al de su amigo el periodista josé luis lópez de lacalle, asesinado un domingo de mayo del año dos mil cuando volvía de comprar los periódicos en el mismo quiosco. apunto mentalmente que esa librería es el centro neurálgico del mal, algo que todo el mundo debería saber y que los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado deberían investigar a fondo. apunto también que a pablo ordaz le gusta escribir asesino y asesinar y asesinado y cosas así, de ese campo semántico. pablo ordaz disfruta con ello. apunto también que pablo ordaz tiene que ser un pijo progre y supremacista, alguien encantador en las distancias muy cortas
vacaciones. intento estar bien, así que vamos a la playa un día sí, un día no, llegando muy temprano, y míriam hace fotos dentro del agua con la lomo ésa de ojo de pez —fisheye number two en el catálogo—. le pongo aftersun en la espalda y ronronea y sonríe y me dice algo que no acabo de entender con los ojitos. tengo los pies llenos de arena y un bañador a rayas marrones y azules que compré en el pryca por quince euros. si me tumbo más de diez minutos me duermo y sueño cosas extrañas. despierto agotado porque el sol me incendia por dentro y floto en una sensación agradable de cansancio. para postres, esta noche dan los chicos del maíz en la televisión. me apetece verla aunque sea una mierda de película
el valor supremo de la vida humana. busco fotografías de joseba pagazaurtundua en el google images. leo el relato dramatizado de su muerte —el diario el país es todo un ejemplo de objetividad periodística— firmado por pablo ordaz. vomito. busco fotos de su hermana maite. de entre todas ellas, elijo una. en el pie de foto, un listado de nombres. de izquierda a derecha: maite pagazaurtundua, gotzone mora, maite urrutia, un tal garcía francés, rosa díez, edurne uriarte y chelo aparicio. una buena colección, sí: verdaderas personas de bien, navajeros de la pluma y el pensamiento ilustrado
que se jodan. pablo ordaz habla de tres tiros, dos en la cabeza y uno en el hombro. habla también de un cuerpo caído sobre los periódicos que había comprado un rato antes en la librería stop. habla también de que de esa forma unió su destino al de su amigo el periodista josé luis lópez de lacalle, asesinado un domingo de mayo del año dos mil cuando volvía de comprar los periódicos en el mismo quiosco. apunto mentalmente que esa librería es el centro neurálgico del mal, algo que todo el mundo debería saber y que los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado deberían investigar a fondo. apunto también que a pablo ordaz le gusta escribir asesino y asesinar y asesinado y cosas así, de ese campo semántico. pablo ordaz disfruta con ello. apunto también que pablo ordaz tiene que ser un pijo progre y supremacista, alguien encantador en las distancias muy cortas
vacaciones. intento estar bien, así que vamos a la playa un día sí, un día no, llegando muy temprano, y míriam hace fotos dentro del agua con la lomo ésa de ojo de pez —fisheye number two en el catálogo—. le pongo aftersun en la espalda y ronronea y sonríe y me dice algo que no acabo de entender con los ojitos. tengo los pies llenos de arena y un bañador a rayas marrones y azules que compré en el pryca por quince euros. si me tumbo más de diez minutos me duermo y sueño cosas extrañas. despierto agotado porque el sol me incendia por dentro y floto en una sensación agradable de cansancio. para postres, esta noche dan los chicos del maíz en la televisión. me apetece verla aunque sea una mierda de película
domingo, 1 de agosto de 2010
la vida en tiempos de guerra, de todd solondz, es otra puta basura que olvidar rápidamente, los mismos chistes de happiness, la misma galería de personajes ácidos, negros y en descomposición, la autopsia de una determinada clase media que fermenta. no hay nada que me mantenga en la pantalla y no me ayudan las risas constantes en la sala. solondz es un gilipollas —el tarado listo de la clase— y yo estoy aquí, perdiendo mi muchísimo tiempo y mi poco dinero, en la sala cuatro del verdi de los cojones
(sábado por la noche. no me gusta el barrio de gràcia. no me gustan esas dos chicas que caminan delante de mí. no me gusta casi nadie con quien puedo cruzarme. pienso en las puertas cerradas. si míriam pudiese mirar dentro de mí por un agujerito sólo vería oscuridad, una visión sesgada de la realidad, una queja muda por todo y casi todo)
(tú miras por un agujerito a través de un pulmón de acero y los ojos se te llenan de un caleidoscopio de imágenes cansadas de lo que quiero que veas, de nada más)
pero míriam no lo hace, no se atreve o ha aprendido a estar lejos de ese desagüe que soy cuando me abandono un poco. la necesidad de estar siempre en movimiento para no hundirme, algo así debe ser. me quiere en el bar, me quiere en la playa, me quiere con el corazón lleno de vermut y sol a mediodía, me quiere porque me obliga a flotar y así los monstruos están lejos, lejos, lejos. lo mejor de la puta película era el título, sin duda
(sábado por la noche. no me gusta el barrio de gràcia. no me gustan esas dos chicas que caminan delante de mí. no me gusta casi nadie con quien puedo cruzarme. pienso en las puertas cerradas. si míriam pudiese mirar dentro de mí por un agujerito sólo vería oscuridad, una visión sesgada de la realidad, una queja muda por todo y casi todo)
(tú miras por un agujerito a través de un pulmón de acero y los ojos se te llenan de un caleidoscopio de imágenes cansadas de lo que quiero que veas, de nada más)
pero míriam no lo hace, no se atreve o ha aprendido a estar lejos de ese desagüe que soy cuando me abandono un poco. la necesidad de estar siempre en movimiento para no hundirme, algo así debe ser. me quiere en el bar, me quiere en la playa, me quiere con el corazón lleno de vermut y sol a mediodía, me quiere porque me obliga a flotar y así los monstruos están lejos, lejos, lejos. lo mejor de la puta película era el título, sin duda
martes, 27 de julio de 2010
(si el poeta hubiera muerto en verano, el hedor sería insoportable a partir del tercer día, especialmente si fuera este verano de días largos y pegajosos, con las horas como venas hinchadas a punto de estallar)
(si el poeta hubiera muerto en verano —especialmente este verano— no habría puerta que contuviera sus ansias de escapar)
riego las plantas, echo insecticida, escucho arcade fire, me rasco la parte de atrás de las rodillas, aparto las cerezas que han empezado a pudrirse, vuelvo a pensar en el poeta y en ese sueño que tuve hace días, el de los muertos. hace días soñé con lourdes, quizás la noche del sábado al domingo
(míriam y yo follábamos y yo sentía que estaba encadenado a ella pero no tenía miedo, cerraba los ojos y la cabeza se me llenaba de colores caleidoscópicos y de repente ya no estaba allí y era lourdes quien se me acercaba en una estación de tren, me tomaba de la mano, no tengas miedo, me decía. me operé la nariz, añadía. estaba increíblemente delgada y bonita a pesar de que no podía verle el rostro con claridad. era más que suficiente)
(desnudar lo que uno siente aunque no le importe a nadie. un mensaje de jaume vila para vernos el jueves y hablar de más o menos las mismas cosas que hablamos siempre. ceno cualquier cosa que haya en la nevera. escribo desordenado porque pienso desordenado. ayer vi greenberg, de noah baumbach, y me gustó, pero no me gustó especialmente. el personaje de ben stiller me recuerda a mí y eso no es agradable de ver. no sé, perder el tiempo, mirar el cielo, dibujar tonterías en el trabajo)
(desnudar lo que uno siente pero hacerlo a escondidas, en el anonimato de la pantalla. con jaume vila hablamos de trivialidades y la mayor parte de las veces habla él y yo fumo y miro las cosas que suceden alrededor nuestro, como si sólo yo fuera capaz de percibir la lentitud de los millones de órbitas que se van entrelazando, formando un tapiz luminoso que me estará esperando para formar parte de él cuando me sienta como una mierda. mañana podemos hablar de las vacaciones, un tema recurrente a estas alturas de julio. también podemos beber cerveza. seguro que encontramos puntos de no fricción)
(los colores caleidoscópicos eran formas redondeadas que se solapaban. el techo de la habitación era blanco y era de día. la estación de tren era santa justa, lourdes llevaba unos tejanos blancos ceñidos, zapatos de tacón, cazadora oscura de piel, el pelo suelto, juraría que no tenía cara, juraría que en lugar de nariz sólo había un agujero, juraría que estaba preciosa a pesar de)
(desnudar lo que uno siente pero haciéndolo aquí, en el exilio interior. esta tarde he salido un rato y he pasado por la imprenta que hay al lado de casa y he hablado dos minutos con joan y después he hablado con josé antonio y me he sorprendido a mí mismo diciendo las mismas tonterías que digo desde hace días. apuesto a que mañana volveré a repetírselas a jaume vila. apuesto a que se las podría repetir a casi cualquier persona que quisiera algo de conversación. apuesto a que soy una espiral y sólo soy rotaciones a partir de un centro, un radio inicial, una progresión de curvas, todo eso)
(si el poeta hubiera muerto en verano —especialmente este verano— no habría puerta que contuviera sus ansias de escapar)
riego las plantas, echo insecticida, escucho arcade fire, me rasco la parte de atrás de las rodillas, aparto las cerezas que han empezado a pudrirse, vuelvo a pensar en el poeta y en ese sueño que tuve hace días, el de los muertos. hace días soñé con lourdes, quizás la noche del sábado al domingo
(míriam y yo follábamos y yo sentía que estaba encadenado a ella pero no tenía miedo, cerraba los ojos y la cabeza se me llenaba de colores caleidoscópicos y de repente ya no estaba allí y era lourdes quien se me acercaba en una estación de tren, me tomaba de la mano, no tengas miedo, me decía. me operé la nariz, añadía. estaba increíblemente delgada y bonita a pesar de que no podía verle el rostro con claridad. era más que suficiente)
(desnudar lo que uno siente aunque no le importe a nadie. un mensaje de jaume vila para vernos el jueves y hablar de más o menos las mismas cosas que hablamos siempre. ceno cualquier cosa que haya en la nevera. escribo desordenado porque pienso desordenado. ayer vi greenberg, de noah baumbach, y me gustó, pero no me gustó especialmente. el personaje de ben stiller me recuerda a mí y eso no es agradable de ver. no sé, perder el tiempo, mirar el cielo, dibujar tonterías en el trabajo)
(desnudar lo que uno siente pero hacerlo a escondidas, en el anonimato de la pantalla. con jaume vila hablamos de trivialidades y la mayor parte de las veces habla él y yo fumo y miro las cosas que suceden alrededor nuestro, como si sólo yo fuera capaz de percibir la lentitud de los millones de órbitas que se van entrelazando, formando un tapiz luminoso que me estará esperando para formar parte de él cuando me sienta como una mierda. mañana podemos hablar de las vacaciones, un tema recurrente a estas alturas de julio. también podemos beber cerveza. seguro que encontramos puntos de no fricción)
(los colores caleidoscópicos eran formas redondeadas que se solapaban. el techo de la habitación era blanco y era de día. la estación de tren era santa justa, lourdes llevaba unos tejanos blancos ceñidos, zapatos de tacón, cazadora oscura de piel, el pelo suelto, juraría que no tenía cara, juraría que en lugar de nariz sólo había un agujero, juraría que estaba preciosa a pesar de)
(desnudar lo que uno siente pero haciéndolo aquí, en el exilio interior. esta tarde he salido un rato y he pasado por la imprenta que hay al lado de casa y he hablado dos minutos con joan y después he hablado con josé antonio y me he sorprendido a mí mismo diciendo las mismas tonterías que digo desde hace días. apuesto a que mañana volveré a repetírselas a jaume vila. apuesto a que se las podría repetir a casi cualquier persona que quisiera algo de conversación. apuesto a que soy una espiral y sólo soy rotaciones a partir de un centro, un radio inicial, una progresión de curvas, todo eso)
domingo, 25 de julio de 2010
cualquier sencilla intimidad, de jeffrey brown. a continuación, se reproduce el diálogo que ocupa las páginas noventa y ocho y noventa y nueve
—si fuera mañana a tomar un café con donnie, ¿te sentirías mal por ello?, pregunta sophia
—no lo sé... sí, me sentiría mal, responde jeffrey
—no es una cita. no quiero estar con él...
—ya, pero aunque no tengas intimidad física con él, puedes cruzar la raya con la intimidad emocional...
—bueno, pero no voy a intimar con otros chicos...
—bueno, no voy a decirte que no te tomes un café con él. sólo digo que probablemente me sentiré mal...
—si fuera mañana a tomar un café con donnie, ¿te sentirías mal por ello?, pregunta sophia
—no lo sé... sí, me sentiría mal, responde jeffrey
—no es una cita. no quiero estar con él...
—ya, pero aunque no tengas intimidad física con él, puedes cruzar la raya con la intimidad emocional...
—bueno, pero no voy a intimar con otros chicos...
—bueno, no voy a decirte que no te tomes un café con él. sólo digo que probablemente me sentiré mal...
viernes, 23 de julio de 2010
motherwell es de puta madre, alcanzo a pensar. el viernes también es de puta madre, sigo. la cabeza se me queda casi en blanco durante dos minutos o dos horas. vuelvo a las puertas cerradas, las que impiden que me desangre, las que contienen mi vida en cómodas habitaciones llenas de recuerdos
(corto la pechuga de pollo en trocitos minúsculos, mastico despacio, retraso el final de las películas con una pausa que miente tan bien como respira. las ensaladas siempre con limón. el poeta vive en un piso de la calle marquès de sentmenat. hoy hace un año que murió betty. me gustaría no tener miedo casi por cualquier cosa)
(todo me recuerda a todo. acabo los días agotado, con la piel gastada de tanto reflejarme en los detalles triviales y el corazón en un ovillo. hoy, pese a la cadena de suciedad en contra, ha sido un buen día para saltar y sonreír y revolotear y dejar la mesa limpia de proyectos hasta el lunes. ahora me queda lo más difícil: respirar)
(casi en blanco es literalmente en blanco, vacía de emociones y de estímulos. antes de ese instante de desconexión, un cuadro: the tomb of captain ahab, de robert motherwell, sangre seca sobre mar helado y la imagen del pintor en su estudio, léase ventana y pared)
(corto la pechuga de pollo en trocitos minúsculos, mastico despacio, retraso el final de las películas con una pausa que miente tan bien como respira. las ensaladas siempre con limón. el poeta vive en un piso de la calle marquès de sentmenat. hoy hace un año que murió betty. me gustaría no tener miedo casi por cualquier cosa)
(todo me recuerda a todo. acabo los días agotado, con la piel gastada de tanto reflejarme en los detalles triviales y el corazón en un ovillo. hoy, pese a la cadena de suciedad en contra, ha sido un buen día para saltar y sonreír y revolotear y dejar la mesa limpia de proyectos hasta el lunes. ahora me queda lo más difícil: respirar)
(casi en blanco es literalmente en blanco, vacía de emociones y de estímulos. antes de ese instante de desconexión, un cuadro: the tomb of captain ahab, de robert motherwell, sangre seca sobre mar helado y la imagen del pintor en su estudio, léase ventana y pared)
jueves, 22 de julio de 2010
somiar és la plenitud de la llibertat, sense cap restricció. semejante gilipollez y una obviedad, pero palabra de miquel bauçà, palabra de dios, al fin y al cabo
(es a través de las puertas cerradas que el poeta huye, así lo creo porque es allí que apesta, un hedor insoportable que se escapa bajo la puerta cerrada del viejo borracho, la del vecino que apenas saluda, la del hombre gris del que no sabemos nada. apesta y es por eso que llamamos a la policía, porque la televisión nos dice con insistencia que ése es el olor de la muerte y es así que debemos actuar)
(tres de enero de dos mil cinco. el poeta ha muerto en diciembre y su cuerpo se halla en avanzado estado de descomposición. puedes imaginártelo porque no hay que ser muy listo: todos tenemos imágenes al respecto. el piso vacío, colchón, ordenador, televisión encendida, un cuerpo hinchado hasta la náusea. nadie lo reclamará durante un mes más —una cámara frigorífica en el instituto anatómico forense es lo más parecido a un hogar a estas alturas—, redibujando un abandono similar al que el poeta había pactado con el mundo)
(hechos que trascienden al poeta y que le hacen indudablemente más atractivo: a todos nos gustan los malditos, sobretodo cuando los malditos optan por maldecirse ellos mismos y no esperan a que sea la sociedad la que los margine. porque a todos nos gusta cerrar la puerta, no que nos la cierren. a todos nos gusta ser el verdugo, no la víctima. todos queremos ser errol flynn, no schlitze; y así hasta el infinito)
(leo carrer marsala, de miquel bauçà. releo carrer marsala. leo els somnis, leo el canvi, leo els estats de connivència. busco información sobre el poeta esquivo al que todo el mundo insiste en comparar con salinger y con pynchon, quizás por esa necesidad que todos tenemos de meter las cosas en cajas, cerrarlas bien y escribir con rotulador su contenido, sin voluntad de volverlas a abrir pero sí de tenerlas en estricto control. pienso en núria porque fue ella quien me regaló todos esos libros. sé que ahora está en algún lugar no determinado de la costa azul. también sé que hace un mes estaba recorriendo los states. sé también que no sé dónde estará el invierno que viene. está casi igual que cuando nos conocimos, según puedo ver en las fotos que va colgando en su blog. me pregunto si volveremos a vernos)
(el poeta se comunica con el mundo a través de un apartado de correos, nueve cuatro siete uno, de barcelona, algo tan anónimo como una dirección de correo electrónico pero infinitamente más humano. el poeta come espárragos directamente del bote. el poeta conoce todas las palabras y con ellas construye una sola catedral antes de irse. el poeta se sabe libre porque sueña y porque en esa periferia en la que vive no existe nadie más que él)
(es a través de las puertas cerradas que el poeta huye, así lo creo porque es allí que apesta, un hedor insoportable que se escapa bajo la puerta cerrada del viejo borracho, la del vecino que apenas saluda, la del hombre gris del que no sabemos nada. apesta y es por eso que llamamos a la policía, porque la televisión nos dice con insistencia que ése es el olor de la muerte y es así que debemos actuar)
(tres de enero de dos mil cinco. el poeta ha muerto en diciembre y su cuerpo se halla en avanzado estado de descomposición. puedes imaginártelo porque no hay que ser muy listo: todos tenemos imágenes al respecto. el piso vacío, colchón, ordenador, televisión encendida, un cuerpo hinchado hasta la náusea. nadie lo reclamará durante un mes más —una cámara frigorífica en el instituto anatómico forense es lo más parecido a un hogar a estas alturas—, redibujando un abandono similar al que el poeta había pactado con el mundo)
(hechos que trascienden al poeta y que le hacen indudablemente más atractivo: a todos nos gustan los malditos, sobretodo cuando los malditos optan por maldecirse ellos mismos y no esperan a que sea la sociedad la que los margine. porque a todos nos gusta cerrar la puerta, no que nos la cierren. a todos nos gusta ser el verdugo, no la víctima. todos queremos ser errol flynn, no schlitze; y así hasta el infinito)
(leo carrer marsala, de miquel bauçà. releo carrer marsala. leo els somnis, leo el canvi, leo els estats de connivència. busco información sobre el poeta esquivo al que todo el mundo insiste en comparar con salinger y con pynchon, quizás por esa necesidad que todos tenemos de meter las cosas en cajas, cerrarlas bien y escribir con rotulador su contenido, sin voluntad de volverlas a abrir pero sí de tenerlas en estricto control. pienso en núria porque fue ella quien me regaló todos esos libros. sé que ahora está en algún lugar no determinado de la costa azul. también sé que hace un mes estaba recorriendo los states. sé también que no sé dónde estará el invierno que viene. está casi igual que cuando nos conocimos, según puedo ver en las fotos que va colgando en su blog. me pregunto si volveremos a vernos)
(el poeta se comunica con el mundo a través de un apartado de correos, nueve cuatro siete uno, de barcelona, algo tan anónimo como una dirección de correo electrónico pero infinitamente más humano. el poeta come espárragos directamente del bote. el poeta conoce todas las palabras y con ellas construye una sola catedral antes de irse. el poeta se sabe libre porque sueña y porque en esa periferia en la que vive no existe nadie más que él)
martes, 20 de julio de 2010
(se me ocurre que la vida quema, que es un napalm de terciopelo que insiste en enredarse aquí y allí, en cada paso y cada aliento. se me ocurre que sobrevivimos aferrándonos a las pequeñas victorias, a las heridas que cicatrizan en imprecisas constelaciones de felicidad. se me ocurre que el enemigo madura dentro de nosotros sin que nos demos cuenta de ello, convirtiéndose en nosotros mismos hasta que un día despertamos y es él y no otro quien apaga el despertador, quien abre la puerta de la oficina, quien saluda y se sienta y enciende el ordenador. otro día hablaremos de lo que miquel bauçà entendía por libertad)
domingo, 18 de julio de 2010
hoy hemos ido a ver two lovers, de james gray, y he tenido ganas de vomitar. demasiado cercana como para no sentir náuseas, no sé. el amor te encharca los pulmones y tu vida se convierte en una mentira a punto de estallar. sin respiración, las imágenes se suceden en la pantalla, icaria yelmo, sesión matinal, las mismas arias de ópera que le gustan a todo el mundo ardiendo en el aire del mediodía
viernes, 16 de julio de 2010
(do not lean on door. llevo una semana en new york y apenas he hablado con nadie. estoy en el apartamento de mi hermano mayor pero nunca coincidimos. los horarios diferentes se traducen en el papel amarillo de los post-it pegados en la pantalla de la televisión. paso los días en el metro, yendo de un lado a otro de la ciudad, sin ver más cielo que el de los tramos abiertos a la luz, utilizando las estaciones de enlace para comprar salchichas y cocacola light. hoy iremos a un restaurante chino que ya conozco de otras veces, con dos dragones enormes y dorados junto a la puerta de entrada, destellos de purpurina en las llamas de sus bocas, guardianes frente a las paredes rojas de madera. vuelvo a casa la semana que viene, pero será por pocos días, cuestión de papeleo, cuestión de que suene el despertador, viernes, seis de la mañana, mear con los ojos cerrados)
miércoles, 14 de julio de 2010
(sueño que eduard y yo follamos y que me gusta enredarme en su pelo sucio y su cuerpo flaco y pálido. sueño que es el cumpleaños de mi hermano y que tengo que hacer una llamada de teléfono. sueño que suenan las campanas de la iglesia y suena el despertador, buenos días, es miércoles, tacha un día más del calendario)
(plátano y leche de soja, canela, batidora, pasta espesa y dulce que me llena la garganta. necesito lavarme la cara, necesito dormir más, necesito una vida llena de grandes éxitos)
(plátano y leche de soja, canela, batidora, pasta espesa y dulce que me llena la garganta. necesito lavarme la cara, necesito dormir más, necesito una vida llena de grandes éxitos)
profilaxis. hoy el cumpleaños de mi hermano. ayer hizo calor. anteayer murió harvey pekar. hoy sigue haciendo calor. ayer bebí bastante y me di cuenta del lastre que le supongo a míriam. hoy estoy mejor, de todas maneras. lo único que tengo que hacer es no pensar
(no pensar, no beber, no follar, no sentir, no hablar, no tocar, no soñar, no nada nunca cualquier verbo que se te pase por la puta cabeza)
(no pensar, no beber, no follar, no sentir, no hablar, no tocar, no soñar, no nada nunca cualquier verbo que se te pase por la puta cabeza)
martes, 13 de julio de 2010
lunes, 12 de julio de 2010
la línea de tiza uniendo johannesburgo y srebrenica después de quince años. un partido de fútbol bronco, feo, de final épico y justo. una masacre anunciada y ignorada, silenciosa, sucia. todo acaba siendo la misma imagen, el mismo espectáculo
(imágenes de jóvenes cascos azules holandeses celebrando la vuelta a casa, bailando, cantando y bebiendo latas de heineken. imágenes de futbolistas desolados en el centro del campo, derrumbados después de la derrota oranje. imágenes de ciudadanos bosnios musulmanes antes de morir. la música de wim mertens. el lunes incapaz de ponerse de pie, de echar a volar. la imagen de andrés iniesta corriendo hacia el corner, el nudo en la garganta, dani jarque y sara carbonero)
(imágenes de jóvenes cascos azules holandeses celebrando la vuelta a casa, bailando, cantando y bebiendo latas de heineken. imágenes de futbolistas desolados en el centro del campo, derrumbados después de la derrota oranje. imágenes de ciudadanos bosnios musulmanes antes de morir. la música de wim mertens. el lunes incapaz de ponerse de pie, de echar a volar. la imagen de andrés iniesta corriendo hacia el corner, el nudo en la garganta, dani jarque y sara carbonero)
viernes, 9 de julio de 2010
fogasa, el fondo de garantía salarial, el organismo encargado de pagar los salarios e indemnizaciones a los trabajadores cuyas empresas están en quiebra o hayan solicitado el concurso de acreedores, ha abonado durante los seis primeros meses de este año un ochenta y dos por ciento más que durante el mismo periodo del año anterior, según revela ccoo, uno de los sindicatos del régimen. señores: nos vamos a la mierda
(harto de la puta farsa de los presos políticos en cuba, de la manifestación del sábado, patética y conformista hasta el vómito, de la españa grasienta saliendo de la cueva detrás de un jabulani, de las rumanas en los trenes)
(harto de la puta farsa de los presos políticos en cuba, de la manifestación del sábado, patética y conformista hasta el vómito, de la españa grasienta saliendo de la cueva detrás de un jabulani, de las rumanas en los trenes)
miércoles, 7 de julio de 2010
miércoles. escucho canciones de los pixies antes de que mi cabeza se convierta en una pelota de fútbol. tame consigue asustarme, emocionarme, ponerme los pelos de punta porque en esa canción black francis inventa el grito, el primer grito. muy lejos quedan el resto de cosas que me han estado ocupando durante el día, lo del corazón de alquitrán, el trabajo, las puertas abiertas, los monstruos que me asustaban cuando era chaval y vivía en un barrio de frontera, todo eso
(mis monstruos era chicos normales que quemaban perros debajo del puente de la autopista para divertirse, señoras que untaban mierda en la puerta de mi casa, que le decían puta a mi madre porque estaba separada. mi monstruo era mi padre cuando venía a vernos en su austin victoria blanco, impecablemente trajeado, nada que ver con los borrachos que hablaban solos en el bar del manco)
(mis monstruos era chicos normales que quemaban perros debajo del puente de la autopista para divertirse, señoras que untaban mierda en la puerta de mi casa, que le decían puta a mi madre porque estaba separada. mi monstruo era mi padre cuando venía a vernos en su austin victoria blanco, impecablemente trajeado, nada que ver con los borrachos que hablaban solos en el bar del manco)
domingo, 4 de julio de 2010
(a esa tía puedes violarla y maltratarla todo lo que te dé la gana. eso sí, ten cuidado porque es una auténtica hija de puta. es la conversación en la mesa de al lado, viernes, seis de la tarde, bar catalunya, sant cugat del vallès. la visión del mundo de dos machos jóvenes y seguros de sí mismos. ambos sonríen, siento náuseas)
(míriam llegará en unos minutos. el tapón de alberca ha saltado un rato antes y el desagüe forma un remolino que todo lo arrastra, aunque todavía no soy consciente de ello. uno de los dos machos jóvenes viste bermudas, chancletas, camiseta y gafas de sol. el otro, ropa de trabajo en taller. ambos beben cerveza y fuman fortuna. una auténtica hija de puta, repite el de las bermudas. lo remarca varias veces. el otro asiente y empieza un monólogo sobre las gordas que llenan el facebook, las que cuelgan la única foto que tienen decente, la de antes de empezar a comer como una cerda. abandono el frontón porque me pudre)
(míriam llegará en unos minutos. el tapón de alberca ha saltado un rato antes y el desagüe forma un remolino que todo lo arrastra, aunque todavía no soy consciente de ello. uno de los dos machos jóvenes viste bermudas, chancletas, camiseta y gafas de sol. el otro, ropa de trabajo en taller. ambos beben cerveza y fuman fortuna. una auténtica hija de puta, repite el de las bermudas. lo remarca varias veces. el otro asiente y empieza un monólogo sobre las gordas que llenan el facebook, las que cuelgan la única foto que tienen decente, la de antes de empezar a comer como una cerda. abandono el frontón porque me pudre)
el bulldog francés sonríe y me lame la mano cuando lo acaricio, su amo me mira y tira levemente de la correa, la escalera mecánica del centro comercial sigue subiendo: el zara de arriba estará lleno de familias con niños que lloran
(inditex nos uniforma a todos. inditex es a la moda lo que la transición a la sociedad española: consolidación del pensamiento único disfrazado de diferencias democráticas, de libertades que pintarrajean un monolito que se llama estado de derecho, todo ello a precios asequibles, calidad discutible y jovial sonrisa profidén. todos creyéndonos diferentes y todos jodidamente lo mismo. hablamos de zara, de pull&bear, bershka, oysho, massimo dutti, stradivarius. hablamos de dependientas como esa chica bajita, la que atiende en los probadores, diminuta, morena, delgada, alguien a quien desnudar y lamer. hablamos de bragas y sostenes, de jerseys, de camisetas, de una falda)
(hablamos de mamás preñadas hasta la saciedad en una cadena de hijos —álvaro, bruno, borja—, todos con polos de tommy hilfiger, todos de menos de tres años. hablamos de las tres amigas con niqab, de los cholos que hablan por teléfono, de la señora pelirroja y su marido ausente, del gordo de las uñas como garfios, de la encargada sin uniforme, de la cajera de ojos bonitos que dobla la ropa con cuidado, de la mamá que va sola y tiene cuatro frases tatuadas en el empeine)
(añadimos springfield —cortefiel, women'secret— y ya tenemos el sábado de rebajas. añadimos españa-paraguay y ya tenemos el sábado de fútbol. añadimos arena, agua, cerveza, aceitunas y patatas y ya tenemos el sábado de playa)
(añadimos un desagüe y ya tenemos la metáfora)
(inditex nos uniforma a todos. inditex es a la moda lo que la transición a la sociedad española: consolidación del pensamiento único disfrazado de diferencias democráticas, de libertades que pintarrajean un monolito que se llama estado de derecho, todo ello a precios asequibles, calidad discutible y jovial sonrisa profidén. todos creyéndonos diferentes y todos jodidamente lo mismo. hablamos de zara, de pull&bear, bershka, oysho, massimo dutti, stradivarius. hablamos de dependientas como esa chica bajita, la que atiende en los probadores, diminuta, morena, delgada, alguien a quien desnudar y lamer. hablamos de bragas y sostenes, de jerseys, de camisetas, de una falda)
(hablamos de mamás preñadas hasta la saciedad en una cadena de hijos —álvaro, bruno, borja—, todos con polos de tommy hilfiger, todos de menos de tres años. hablamos de las tres amigas con niqab, de los cholos que hablan por teléfono, de la señora pelirroja y su marido ausente, del gordo de las uñas como garfios, de la encargada sin uniforme, de la cajera de ojos bonitos que dobla la ropa con cuidado, de la mamá que va sola y tiene cuatro frases tatuadas en el empeine)
(añadimos springfield —cortefiel, women'secret— y ya tenemos el sábado de rebajas. añadimos españa-paraguay y ya tenemos el sábado de fútbol. añadimos arena, agua, cerveza, aceitunas y patatas y ya tenemos el sábado de playa)
(añadimos un desagüe y ya tenemos la metáfora)
miércoles, 30 de junio de 2010
hoy he visto summer of dolphins, de shahar segal. la sensación de pérdida se ha multiplicado por mucho y, por un momento, me he sentido como una boya a la deriva en mitad del océano, casi como cuando bobby shatford espera a la muerte en los minutos finales de una película de wolfgang petersen sobre tormentas y peces espada. el mar negro, el atlántico sin luz, la línea que los une
martes, 29 de junio de 2010
hoy ana me mandó una foto con su hijo, el joven pedro, de apenas unos meses
(quemar una barrita de incienso barato, de incienso de bazar oriental, nada que ver con las barritas de incienso que isa compra en tiendas donde se venera a sai baba, incienso que te pinta de flores los pulmones y pica en los ojos al arder)
(grosso modo, siete mil trescientos treinta kilómetros entre donde vivo y salvador de bahía. atardece mientras ana me escribe. después lloverá. después me comeré un partido de fútbol mientras ana aprende la vida de nuevo junto al pequeño pedro, rollizo y moreno cachorro humano)
(la vida junto a su marido y su hijo, un país diferente, una lengua que no domina, los días de invierno llenos de viento)
(en la fotografía, ella mira a la cámara y sonríe. el niño, absorto hacia la izquierda, totalmente lejos de la escena que él protagoniza. pienso en el poliedro de miradas que se cruzan y dibujan sin querer. todos y ninguno, todo el mundo se sonríe. pienso en ana, en la última vez que nos vimos, hace como dos años, en un bar de plaça espanya, en sabadell)
(en la televisión, un documental sobre el tropicalismo. imágenes en blanco y negro sobre la modernización de un brasil que se me antoja irreal. ojalá pudiera dormir toda la vida)
(un tomate a rodajas, sal, aceite, limón, orégano, algo de queso, pan tostado. comer en silencio, casi sin hambre, casi por costumbre)
(sobre la distancia. son mucho más horribles los kilómetros emocionales, los que nos separan definitivamente de lo que hemos sido o hemos amado, los que nos acercan a eso que odiamos. los siete mil trescientos treinta de ahora son sólo, pensándolo bien, gotas de agua, peces, ahogados, nubes y gaviotas, poco más. el hierro de los barcos, las manchas de fuel como una segunda piel)
ha acabado el partido y cristiano ronaldo escupe a la cámara. es un partido más y sí, píntalo de rojo
(quemar una barrita de incienso barato, de incienso de bazar oriental, nada que ver con las barritas de incienso que isa compra en tiendas donde se venera a sai baba, incienso que te pinta de flores los pulmones y pica en los ojos al arder)
(grosso modo, siete mil trescientos treinta kilómetros entre donde vivo y salvador de bahía. atardece mientras ana me escribe. después lloverá. después me comeré un partido de fútbol mientras ana aprende la vida de nuevo junto al pequeño pedro, rollizo y moreno cachorro humano)
(la vida junto a su marido y su hijo, un país diferente, una lengua que no domina, los días de invierno llenos de viento)
(en la fotografía, ella mira a la cámara y sonríe. el niño, absorto hacia la izquierda, totalmente lejos de la escena que él protagoniza. pienso en el poliedro de miradas que se cruzan y dibujan sin querer. todos y ninguno, todo el mundo se sonríe. pienso en ana, en la última vez que nos vimos, hace como dos años, en un bar de plaça espanya, en sabadell)
(en la televisión, un documental sobre el tropicalismo. imágenes en blanco y negro sobre la modernización de un brasil que se me antoja irreal. ojalá pudiera dormir toda la vida)
(un tomate a rodajas, sal, aceite, limón, orégano, algo de queso, pan tostado. comer en silencio, casi sin hambre, casi por costumbre)
(sobre la distancia. son mucho más horribles los kilómetros emocionales, los que nos separan definitivamente de lo que hemos sido o hemos amado, los que nos acercan a eso que odiamos. los siete mil trescientos treinta de ahora son sólo, pensándolo bien, gotas de agua, peces, ahogados, nubes y gaviotas, poco más. el hierro de los barcos, las manchas de fuel como una segunda piel)
ha acabado el partido y cristiano ronaldo escupe a la cámara. es un partido más y sí, píntalo de rojo
lunes, 28 de junio de 2010
(pienso en el gordo de la canarinha, lo desnudo mentalmente y recorro pornografías a través de su piel sudada después de noventa minutos de fútbol en un bar. pienso en su mujer, a la que abraza como si quisiera marcar todos los terrenos posibles, y la construyo con palabras cerdas hasta encerrarla en un secreto que es una campana de cristal. pienso en el perro, en quitarle la puta camiseta y los putos calcetines y dejarle mis manos para que las lama, en acariciar su cabeza con los ojos cerrados hasta que se durmiera a mi lado. todo es más o menos así, así que está bien que tenga una mordaza)
(nada que ver con el resto del día, en el que la desmotivación se convierte en jornada laboral. eso sí, begoña me ha mandado unas fotos de aitana al correo electrónico y la niña está preciosa. ha sido entonces cuando he dejado de pensar y me he concentrado en lo que estaba haciendo hasta conseguir vomitar en la pantalla)
esta tarde ha estado isa en casa y hemos salido un rato a tomar algo —ella, un vichy con una rodajita de limón; yo, un nestea— a una terraza cerca de aquí. mientras conversábamos, un río de gente iba haciendo escalas en el cajero de la caixa que estaba justo enfrente. me ha llamado la atención la pareja con perro: todos, caniche incluido, embutidos en camisetas de la selección brasileña. el animal llevaba, además, unos calcetines azules. ha sido más o menos entonces cuando nos hemos ido, aunque creo que yo me había ido un ratito antes, pero no estoy muy seguro, no sé
(nada que ver con la chica de los tobillos tatuados, la de la minifalda vaquera y los tacones empire state en zancada larga. nada que ver con el chaval de las sandalias negras que ha pasado por allí mil trescientas veces en una hora. ni con el tipo que esperaba a su puta madre y que me ha saludado con un movimiento de cabeza. ni con la mamá arregladita que se ha tomado un café con hielo mientras le daba un yogur a su bebé. esta mamá ha saludado a un tipo que, a su vez, ha saludado al de la camiseta brasileña, manchándose todos un poco de exquisitez paleta. el premio ha sido que la tarde ha estado bastante bien, si no fuera por)
(nada que ver con la chica de los tobillos tatuados, la de la minifalda vaquera y los tacones empire state en zancada larga. nada que ver con el chaval de las sandalias negras que ha pasado por allí mil trescientas veces en una hora. ni con el tipo que esperaba a su puta madre y que me ha saludado con un movimiento de cabeza. ni con la mamá arregladita que se ha tomado un café con hielo mientras le daba un yogur a su bebé. esta mamá ha saludado a un tipo que, a su vez, ha saludado al de la camiseta brasileña, manchándose todos un poco de exquisitez paleta. el premio ha sido que la tarde ha estado bastante bien, si no fuera por)
domingo, 27 de junio de 2010
estos últimos días son calurosos y ligeramente futbolísticos por los bordes. la tarde de domingo es una tarde de sábanas limpias y pantalón corto, con los platos durmiéndose mientras esperan el jabón y el agua tibia. a ratos voy pensando en la yonqui de ayer, la chica italiana que comía arroz con leche en el suelo del vagón. me fascinó que fuera bonita y que tuviera todos los dientes. me fascinaron sus veintipocos años y que leyera el woman sin que le importase enseñar sus antebrazos llenos de heridas. páginas y más páginas rebosantes de glamour de extrarradio para la princesa sin trono
(después pasó que compramos libros y bebimos cerveza y no fuimos al cine y dormimos toda la tarde hasta que me quedé solo y elegí un canal de televisión y después otro y después elegí una ensalada y otro canal y después un vértigo de canales hasta que me calmé con una paja y pude cerrar los ojos)
(también pasó que me sentí frustrado porque me sentí durante muchos momentos del día en un blanco y negro bastante plano, nada que ver con la realidad trinitron que se movía a mi alrededor, una realidad festiva y cambiante, sobresaliente en estímulos y colores, intensa como pocas veces antes. así, lo mejor que podía hacer era acabar escondiéndome y disfrutar de estar solo y estar gris, sin tener que fingirme otro)
(después pasó que compramos libros y bebimos cerveza y no fuimos al cine y dormimos toda la tarde hasta que me quedé solo y elegí un canal de televisión y después otro y después elegí una ensalada y otro canal y después un vértigo de canales hasta que me calmé con una paja y pude cerrar los ojos)
(también pasó que me sentí frustrado porque me sentí durante muchos momentos del día en un blanco y negro bastante plano, nada que ver con la realidad trinitron que se movía a mi alrededor, una realidad festiva y cambiante, sobresaliente en estímulos y colores, intensa como pocas veces antes. así, lo mejor que podía hacer era acabar escondiéndome y disfrutar de estar solo y estar gris, sin tener que fingirme otro)
domingo, 20 de junio de 2010
(hojeo dublinesca, de vila-matas, mientras arrugo la nariz. leo un párrafo al azar y no está mal. debería darle una oportunidad pero me da una pereza inmensa. bostezo y cambio de canal. me encuentro cómodo en los bucles de noticias: siempre hablan de lo mismo, siempre con las mismas palabras. pienso en mí mismo como un bucle de gilipolleces: siempre hablando de lo mismo, siempre con las mismas palabras. si tuviera valor, me compraría un traje y sería mi propio presentador de telediario)
(sopa para cenar. pienso en la chica morena del tren, la que lee un nosequé programa de inserción editado por barcelona activa. traje chaqueta de color negro, liso, sin estridencias, camisa blanca, zapatos planos de color perla y oro. maquillaje discreto, tan sólo algo de rímmel, una línea en el párpado superior y pintalabios de color granate. la chica morena no es realmente morena: su cabello —recogido en una pequeña cola de caballo— está teñido de caoba oscuro y su piel es blanca y lisa. pendientes de plata rectangulares, verticales, elegantes. lleva una bolsa de plástico de la librería sanz y torres —especializada en bibliografías recomendadas y textos de la uned— y en el dorso del programa ha anotado unas palabras en inglés con letra desordenada)
(tres manzanas de las de oferta en el eroski: cincuenta céntimos. hay otra chica, una morena con cara de fastidio. una chica deportista con zapatillas saucony y bolsa de deportes adidas, mallas y camiseta de tirantes. en mi camisa hay una desagradable mancha de café, una gota océano que contrasta con violencia sobre el celeste de la guayabera. la chica que hace deporte mira la mancha. le podría contar que esa gota tiene su origen en el ménàge à trois —porque es allí donde hemos estado con el café y pensando que estaría bien ir a ver air doll, de hirokazu kore-eda— pero sólo se me ocurre mirarla y imaginármela sonriendo después de haber follado)
(sopa para cenar. pienso en la chica morena del tren, la que lee un nosequé programa de inserción editado por barcelona activa. traje chaqueta de color negro, liso, sin estridencias, camisa blanca, zapatos planos de color perla y oro. maquillaje discreto, tan sólo algo de rímmel, una línea en el párpado superior y pintalabios de color granate. la chica morena no es realmente morena: su cabello —recogido en una pequeña cola de caballo— está teñido de caoba oscuro y su piel es blanca y lisa. pendientes de plata rectangulares, verticales, elegantes. lleva una bolsa de plástico de la librería sanz y torres —especializada en bibliografías recomendadas y textos de la uned— y en el dorso del programa ha anotado unas palabras en inglés con letra desordenada)
(tres manzanas de las de oferta en el eroski: cincuenta céntimos. hay otra chica, una morena con cara de fastidio. una chica deportista con zapatillas saucony y bolsa de deportes adidas, mallas y camiseta de tirantes. en mi camisa hay una desagradable mancha de café, una gota océano que contrasta con violencia sobre el celeste de la guayabera. la chica que hace deporte mira la mancha. le podría contar que esa gota tiene su origen en el ménàge à trois —porque es allí donde hemos estado con el café y pensando que estaría bien ir a ver air doll, de hirokazu kore-eda— pero sólo se me ocurre mirarla y imaginármela sonriendo después de haber follado)
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