viernes, 8 de abril de 2011

(viernes en el mundo caníbal, me largo de esa jaula, no me despido de nadie, apenas puedo hablar, vuelvo a casa dando un rodeo enorme, casi como si fuera a encontrar un tesoro escondido en cualquier bolsa de basura a las tantas de la mañana. estoy borracho como una puta cuba, me quedan mil pelas en el bolsillo y me arrastro hasta la gasolinera que hay junto al puente, compro una hamburguesa de ésas que calientas en el microondas y quedan como nuevas, la caja quema, el pan quema, me siento en un banco y pienso que todo está bien, que todavía no tengo treinta años, que no hace tanto frío)

jueves, 7 de abril de 2011

(juan carlos sánchez se abraza a alguien que lleva pantalones de cuero negro, hay gente en las mesas, bien sentada, todo el mundo en pareja, luz amarillenta, al bar entras subiendo tres escalones, dejo mi cerveza en una repisa junto a la puerta, hay una máquina de tabaco desenchufada, suena blues, es aburrido, al fondo hay un billar y el tapete es rojo oscuro, nunca había visto uno así, en lugar de hierba es sangre seca, nadie está jugando)
(el callejón está poco iluminado, a la izquierda hay casas viejas, aparentemente abandonadas, a la derecha, la fábrica de loza, hay cubos en la puerta, piezas rotas, mal pintadas, la loza corta como un cuchillo, hay plantas, malas hierbas que han crecido sin que a nadie le importe, las paredes están llenas de tags y grafittis inacabados, trabajos adolescentes, creo que nu nu vive dos calles más arriba, casi tocando la montaña)
(apoyo la cabeza en la ventanilla del tren, mi reflejo y el reflejo del mundo atrapado, las luces encendidas en las casas de can sant joan, los coches en la autopista, los túneles, las estaciones, origen y destino, líneas rectas que unen dos incógnitas)
sueño una casa que no es la mía, grandes espacios vacíos, escaleras metálicas y acristaladas, una finca moderna y aséptica. vicenç vendrell habla por teléfono en uno de los rellanos, paso junto a él, me fijo en sus sebago de color marrón rojizo, nos miramos, está más delgado, más gastado, no tenemos nada que decirnos

un tren a barcelona, es sábado por la noche, mis amigos estarán por allí, en el apolo, en no sé qué concierto al que no he querido ir pese a su insistencia. bajo en sants estación, camino a través de la plaza en dirección a la calle tarragona, me cruzo con personas vagamente conocidas, llevo un libro y una grabadora en una bolsa de plástico, también un teléfono

camino paral·lel en dirección mar, llamada perdida de daniel, son las once de la noche, llamo a nu nu, dejo un mensaje en el contestador de su casa, me encuentro con juan carlos sánchez —estudiábamos juntos: ahora es alguien especializado en gestión informática o algo así de provechoso—, cuánto tiempo, insiste en unas cervezas, acepto, me largaré en cuanto pueda, el bar está lleno de gente, él se encuentra con conocidos a los que se abraza, vuelvo enseguida, le digo

camino desorientado. paso por una fábrica de loza en un callejón escondido que me obliga a volver sobre mis pasos, un coche conduce lentamente por la acera, obligándome a bajar. al pasar por el lado del conductor veo que no tiene ojos, tan sólo unos párpados secos y amarillentos, vacíos, está sonriendo, casi como si se diera cuenta de todo. vuelvo a llamar a nu nu, esta vez al móvil, otro contestador diferente, te quiero, despierto, seis y cuarto, tres, doce y media, jueves, pum

miércoles, 6 de abril de 2011

una cesta con fruta, un bote con pasas, un mensaje de S en el teléfono a mediodía. hoy había quedado con les para ver el puto partido de fútbol y no tengo ganas, mejor cenar temprano y dejar de pensar, él también lo verá en casa, la misma canción lejana

sueño que vuelvo caminando a través del bosque, es noche cerrada, conozco el camino de memoria pero podría perderme en la única encrucijada —el camino se bifurca, ambos se adentran en el bosque pero uno de los dos me alejará para siempre—, pienso en piedad siguiéndome a cada paso

todos estos días se apretan entre sí, se funden y apelmazan, las ausencias me desdibujan por dentro, me gustaría emborracharme contigo, escribe juank, no sé qué responder, qué quiero responder, nu nu, quiero responder

no contesto. más tarde enviará una tontería acerca del festival ése, el faraday, yo contestaré otra y habremos borrado la frase de la lista de cosas incómodas, nadie es tan tonto como para no darse cuenta de qué coño está pasando, casi como un pacto de no agresión

steve mcqueen, el hombre perfecto, conduce un ford mustang en la escena que todo el mundo recuerda de bullit, de peter yates. ralentizo las imágenes, las congelo, suena una música extraña y hermosa —arthur de eriomém, drowned by voices (japanese traditional music for four shakuhachi discovered by riley kelly lee and ralph samuelson)—, siento un nudo en la garganta, hoy llevo una camisa horrible, apenas puedo concentrarme, tres plátanos, mandarinas, naranjas y manzanas

un cartel que anuncia una reunión de vecinos para el próximo lunes, impresora de color, el título en rojo y el mismo tema de siempre, el ascensor, aburrimiento y paredes sucias, los vecinos invisibles

martes, 5 de abril de 2011

es viernes a mediodía y los correos electrónicos se tropiezan en el outlook del trabajo. ganas de que sean las tres para salir corriendo de aquí, escribe juank. para salir corriendo en qué dirección, pregunto. dirección a casa, claro, responde él. hace un día precioso para largarse, pienso. es mi turno y sólo soy piel seca

lunes, 4 de abril de 2011

viernes, 1 de abril de 2011

ayer, en elda, un tipo que conducía en sentido contrario mató al padre de jorge cuando volvía a casa, a mediodía

jueves, 31 de marzo de 2011

como diez correos electrónicos sin responder en la bandeja de entrada del thunderbird mientras pienso en mover los canales en el tdt del televisor del cuarto, me tumbo en la cama, hay chiquillos que gritan en el patio mientras juegan con una pelota que rebota en la baranda ahora y también, muevo los pies, me masturbo, caliento té y pienso que dos pastillas serán perfectas para reblandecer la tarde, son de color rosa y se deshacen rápido en la boca, muy amargas, las grandes maravillas de la química farmacéutica

pienso en jeremy como muchas otras veces estos días, jeremy, la verdadera aristocracia del punk, sus silencios largos y su negativa a crecer. pienso en eva, su exnovia loca, a veces nos vemos por el puente, a veces saluda, a veces no, forma parte del trato, la última vez que hablamos fue una tarde en el mcdonald's del polígono —me gusta ese sitio, tan lleno de gente y tan vacío como una fosa común: es perfecto para empezar una nueva vida en ningún lugar—, ella estaba con un marido y un niño y tres menús con patatas y cocacola grande, la gente sonríe cuando no tiene mucho que decir

hay un par de libros en el suelo, ambos de tao lin, ambos una mierda que no puedo acabar de leer. me sorprenden las críticas estratosféricas y galácticas en las revistas intelectualmente preparadas y en los blogs de moda, me sorprende lo fácilmente impresionable que es la gente, me sorprende la necesidad de ídolos, antes era dios, ahora el chino loco, me sorprende que nadie diga que tao podría morir mañana y nadie se acordaría de él dentro de dos años

jugueteo con la última versión de illustrator durante horas, en la calle hace un día agradable, pienso en esa vez que fui al cine con raquel y esa película, el regreso, de andréi zvyagintsev, fue al principio de todo —me daba vergüenza caminar con ella de la mano, sentía la diferencia de edad como un cuchillo en las costillas— o al final, ya no recuerdo. la imagen de ivan en el campo de trigo, el cielo azul, las nubes altas y esponjosas, esa película se reduce a esa imagen y a raquel tomándome de la mano, poco más, soy ivan y me estalla la cabeza

hoy me he mirado al espejo y creo que he envejecido diez años en los últimos dos meses. mientras escribo estas palabras ha llegado un último correo electrónico que me anuncia que está a punto de pasarme algo increíble, será un cáncer o algo así

miércoles, 30 de marzo de 2011

martes, 29 de marzo de 2011

(marañón, el bar donde la camarera rusa pone las sillas de la terraza bajo una lluvia finita, la tiranía de los fumadores a las ocho de la mañana de un martes. la flor de mayo, el bar donde los yonquis del pont vell se encogen detrás de un quinto que dura eternamente, dientes sucios y mierda en las manos sudadas y brillantes, ásperas, hinchadas. maverick, el bar donde una mujer fuma sola en una mesa, llueve en la plaza del mercado, les me cuenta de tino, de antonio, del último viernes y de mohamed y patricia la de las rastas. un, dos, tres, vaya nombre para un bar, antes no sé cómo se llamaba, algunos sábados acabábamos allí, el dueño abría a las cinco de la mañana para poner películas pornográficas con la persiana medio bajada, beber la última cerveza y mirar pollas y culos y bocas, biología, fisiología, coreografía, televisión a dos metros del suelo, las mismas caras dormidas, azules y borrachas)

lunes, 28 de marzo de 2011

(jeremy sube pesadamente por la calle padró, camino de cualquier bar en el que emborrachar la tarde. a jeremy también le llaman johnson —jeremiah johnson, robert redford en aquella película del año setenta y dos de sidney pollack sobre alguien que abandonó el mundo y huyó a las rocosas, soledad, osos y montañas— porque vivir debajo de la cama, vivir escondido en casa de tus padres es casi como vivir en el fin del mundo, es casi como no vivir en él)

(la familia orozco marín es trabajadora, pequeño taller de costura, vivienda unifamiliar en zona residencial apartada, dos hermanos menores que demuestran estar ampliamente adaptados a la vida moderna, estudios y trabajo, carnet de conducir, parejas formales, osos, mapaches y montañas, todo es lo mismo, lo mismo es nada)

(jeremy sube pesadamente por la calle padró, hoy lleva gafas —pequeñitas, con cristales gruesos y ovalados, arañados— y una parka militar a pesar del sol de principios de septiembre a mediodía, nos cruzamos, todavía no nos conocemos, vivo en segundo de bup y estoy al final del camino pero todavía no lo sé, agujero negro y superposición de imágenes en los días idénticos)

(han pasado veinticinco años desde ese instante. cuatro, cinco, quince pasos grabados a fuego en la memoria. jeremy camina mirando el suelo, nos miramos, seguimos nuestro camino. veinticinco años más tarde, soy yo el que sube pesadamente por la calle padró, hay viejos que juegan a tenis en las pistas del fascista pius gassó, tengo frío, apenas llevo una harrington y ésa es una mierda de chaqueta, hay coches parados esperando el semáforo en verde, casi es de noche, nada de lo que hago sirve de nada y ojalá supiera, la línea que nos une es una soga al cuello)

miércoles, 23 de marzo de 2011

martes, 22 de marzo de 2011

(crecer. me he ido quedando sin voz, con la enfermedad demasiado asumida. pienso en jeremy estos días, en él y en sus amigos, todos con nombres como coco y hurón y knopfler y total y macanas y lennon y mudo y iron y pithecus y carlitros y así, élite obrera y auténtica grasa punk. crecer, repito: madurar, aprender, resolver, envejecer, engordar y llorar. el cáncer y la fiebre se asumen en el espejo del baño, ya no tengo veinte años, el monstruo mira al niño y le señala con el dedo, renuncias, pierdes, te abandonas, ya no serás un buen padre de familia y lo peor de todo: no sabrás qué pollas responder cuando alguien te pregunte)

(lo que sea que te quiera preguntar)

lunes, 21 de marzo de 2011

domingo, 20 de marzo de 2011

pienso en un amigo que tenía hace veinte años, juan antonio —nadie le llamaba así, bien, quizás sus padres o sus hermanos, chico y chica—. jeremy tenía las manos pequeñas, conocía todos los acordes y aspiraba cola. tenía una fender jaguar del sesenta y tres en la que había gastado todos sus ahorros. también tenía una exnovia que era una loca hija de puta

(la cola te fríe el cerebro. es como beber pero mucho peor. ahora casi nadie aspira cola, al menos aquí. ahora todo es mucho más fácil si quieres reventarte los sesos)

el buen gaddafi amenaza con convertir el mediterráneo en otro apocalipsis, una especie de sopa de napalm. el polen entra en mi organismo hasta ahogarme, la rinitis no me deja vivir, comienza a darme lo mismo todo, comienzo a caminar a trompicones, comienzo a no comenzar nada

estoy más que triste pero sólo me atrevo a hablarlo conmigo mismo, en una sucesión de monólogos con mis fantasmas, la gente que quiero y quise, la que me da náuseas, la que no me importa. el juicio final según giovanni papini, el significado del amor, el brillo del sol, las tardes frías, unas tijeras clavadas en el corazón, todas las palabras del mundo rebotando ordenadamente en el interior de mi cabeza, incapaz de verbalizarlas, erosionando la poca felicidad que

compro libros de gente que escribe con valentía. me gusta la chica de la librería, una lesbiana delicada con la que intercambio correos electrónicos de pedido y confirmación. se llama maría josé y todo lo que leo es una puta basura pero no se me nota en la cara cuando paso a recoger richard yates, por ejemplo

como no se me nota lo que tengo detrás de los ojos. imágenes recurrentes: el suicidio de budd dwyer frente a las cámaras de televisión. palabras recurrentes: no sé, repítelo hasta la saciedad. esta mañana debería haber salido con les a tirar un rato a canasta, pero mejor no, no quiero ver a nadie

no sé. la gente escribe con valentía porque aspira demasiada cola. la gente tiene memoria fotográfica, lo absorbe todo y después escribe utilizando un aspersor. la gente consigue cosas si se las propone, en eso somos radicalmente diferentes. no sé, nunca sabes, sí, nunca sé

me gusta cómo viste esa chica, con pantalones de pinzas y camisas de cuello duro, camisas de pedro jota o josé oneto, con el cabello corto y la nuca rapada, morena de piel y un timbre de voz prácticamente inexistente. creo que ella es el único motivo por el que compro según qué mierdas. ojalá pudiera salvar a todo el mundo del infierno

pienso en jeremy y sus borracheras. a veces pasaba semanas enteras sin salir de casa, con una erupción cutánea que le convertía la cara en una llaga primero y una costra después. entonces su vida se reducía a trabajar por las mañanas en el taller de su madre y a mirar el techo por las tardes. coser era una mierda de trabajo, por mucho que fueras el hijo de la jefa, aunque a mí me parecía de lo más excitante: era el único punk que conocía que trabajaba con una overlock y que sabía estrecharse bien los pantalones. no había nadie más imbécil que yo hace veinte años

(cuando aspiras cola la boca se te llena de saliva, los ojos te lloran un poco y todo se vuelve blando y tranquilo. la euforia viene después. cuando vuelves a casa la boca te apesta a industria química y tienes la nariz pelada y mocosa: ya no serás nunca más el rey del mundo)

uno ríe cuando toca reír. han pasado veinte años y dos o tres desde la última vez que nos vimos por casualidad. recuerdo que me gustaba su olor, como de leche caliente y sudor, un olor de bebé gigante. seguía teniendo ese mismo olor, nos besamos las mejillas, bebimos cerveza y hablamos de conciertos y guitarras, él ya no tocaba, era una pérdida de tiempo. estábamos en un concierto y el grupo era la misma mierda de siempre, estribillo, punteo y estribillo

viernes, 18 de marzo de 2011

sueño que vivimos en una casa oscura, no recuerdo exactamente quién pero sí sé que entre esas personas está daniel y está míriam. sueño que en el garaje de la casa hay varias furgonetas en despiece, el suelo sucio de grasa y metal. sueño que hace días que no hay comida y yo acepto morir para alimentar a mis amigos —sé o intuyo que son mis amigos—, no te dolerá, dice daniel, sólo es hundir el cuchillo entre las costillas del lado izquierdo, debajo del pectoral, con fuerza, y esperar un ratito, dejar que la sangre fluya hasta vaciarte, tienes que desangrarte porque la carne sin sangre es la que tarda más en pudrirse, ésa es la regla no escrita del halal o del kosher, añade, yo te abrazo

acepto mi muerte como un acto de amor hacia la gente que quiero. será esta noche, dice él, no te dolerá, repite. es un día hermoso, soleado si sales al jardín o a la piscina, pero prefiero quedarme en el piso de arriba, quiero estar solo y cierro todas las puertas, todas las ventanas, la luz es de una bombilla que tiembla un poco

me miro en el espejo, me toco las costillas. el cuchillo es una especie de navaja fina y afilada, con mango de nácar gris. me fijo en que uno de los tres tornillos que lo sujetan, el que está más cerca de la hoja, está levemente oxidado por los bordes. me sorprende que sea así porque daniel es meticuloso, la herrumbre está fuera de lugar

como exactamente fuera de lugar está dudar de las palabras de mi amigo. no te dolerá, dice palmeándome la espalda, caminando a mi lado. si al principio no temo morir —será una muerte dulce, tranquila, es casi como quedarse dormido—, ahí, a solas frente al espejo, siento un dolor en el pecho que crece con rapidez, miedo, tristeza, llanto, pienso en míriam, me siento culpable, no puedo dejarla sola en esta casa, apreto fuerte la navaja, me cuesta respirar, la hundo con rapidez, no duele, es verdad, en lugar de sangre brotan grandes moscas verdes que me llenan la boca, despierto gritando, enciendo la luz, seis y cuarto, viernes, buenos días

(grandes moscas verdes de brillo irisado, como de metal esmeralda)

jueves, 17 de marzo de 2011

martes, 15 de marzo de 2011

sueño que vivo con nu nu, yo preparo la cena, ella llega a casa de noche y tiene los bolsillos del abrigo llenos de piedras, por qué, le pregunto, las pusiste tú, me responde, no lo recuerdo, no importa, me dice, apenas pesan, me abraza, me besa, me desnuda y apaga la luz, siento cómo desaparezco en su boca, acaricio sus mejillas, su pelo es diferente al tacto, siento miedo, ahora es alguien desconocido, alguien a quien no puedo ver, quizás intuir, sueño que me corro sin orgasmo y ella enciende la luz, tu leche me da asco, dice, escupiéndola en el suelo

pero no es ella, es lourdes quien me mira y despierto empapado, el sudor me pica en el pecho, son las tres de la mañana —la peor hora para despertar, pablo siempre decía eso, enormísimo acupuntor coreano—, me lavo la cara, orino, abro un poco la puerta de la habitación, la que da al patio, está lloviendo, el aire frío me calma, volveré a dormir hasta

el botón de pausa. esta mañana hemos tenido un buen rato los ordenadores apagados en el estudio. existe una creencia en mi trabajo según la cual los ordenadores se joden con las caídas de tensión, puta fecsa, puta endesa, puta vida. así las cosas, es preferible pararlos —el hecho de que todos estén conectados a varios sais no es tenido en cuenta, pero ya desisto de hacer según qué preguntas— a comprar equipos nuevos, total. he estado dibujando un buen rato —redes, son mi última obsesión— mientras escuchaba no sé qué de beethoven en la radio a pilas. lo realmente precioso era la luz que entraba por la ventana, amarilla, gris, llena de polvo en suspensión y electricidad, bañándolo todo y el sonido de los truenos

lunes, 14 de marzo de 2011

se adivina un horizonte apocalíptico detrás de las imágenes del tsunami, una ola negra y espesa que todo lo arrastra, el nikkei a tomar por culo, las mentiras sobre lo que sucede en el vientre de un reactor nuclear. me masturbo para acabar con la tensión del día, reflejándome en la distorsión colorista de todas y cada una de las imágenes sucias que he ido colgando en el blog desde hace unas semanas, bocas, pollas y asfixias que no tienen más propósito que definir —pintar los límites de blanco, el terreno de juego, las líneas que todos deberíamos respetar— un estado de ánimo cambiante y contradictorio. utilizamos la metáfora recurrente de las muñecas rusas porque siempre hay una sorpresa más dentro de uno, pero hoy todo resulta demasiado lejano como para eso: me siento viejo y viejo es vacío, respondo las llamadas perdidas, hablo con daniel, me esfuerzo en aparentar normalidad, obviándome en el tono de voz adecuado y reduciendo la conversación a cuatro chistes sobre el oro de moscú por una serie de cosas que ahora no vienen al caso, hablo con pol, con isa, vuelvo a apagar el teléfono, mi hit personal, la canción que siempre suena

domingo, 13 de marzo de 2011

(el herpes deja una costra negra en el labio superior, domingo sin poder dormir, beber té dulce, comer pollo, esperar el lunes, acabar convirtiéndolo todo en píxel y sexo oral)

jueves, 10 de marzo de 2011

(si tragas un sorbo de agua al sumergirte cierras el círculo, pequeña heidetraut)

miércoles, 9 de marzo de 2011

rudolf höss, comandante de auschwitz, escribe en su informe para los jueces polacos antes de ser ahorcado el dieciséis de abril de mil novecientos cuarenta y siete, un miércoles: mis hijos siempre se divertían con algo, ya fueran tortugas o martas, gatos o lagartos, siempre había algo nuevo y interesante en el jardín

(dos chicos y tres chicas, nacidos entre mil novecientos treinta y mil novecientos cuarenta y tres: ingebrigitt, klaus, hans-rudolf, heidetraut y annegret, sanos y bien alimentados cachorritos arios)

rudolf höss, un buen nacionalsocialista, añade: mis hijos chapoteaban en verano en la piscinita del jardín o en el río soła. su mayor alegría consistía, sin embargo, cuando se bañaban con su papá. él diponía de tan poco tiempo para las alegrías de sus hijos... yo siempre pensaba que debía estar continuamente de servicio

(nótese cómo habla de él mismo en tercera persona. el papá es un personaje distante pero sólo es una falsa alarma: el comandante vuelve, había tantísimo trabajo)

(rudolf höss en sus memorias redactadas en prisión: por voluntad del reichsführer de las ss, auschwitz se convirtió en la mayor instalación de exterminio de seres humanos de todos los tiempos. que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones. si el mismísimo führer había ordenado la solución final del problema judío, no correspondía a un nacionalsocialista de toda la vida como yo, y mucho menos a un führer de las ss, ponerlo en duda)

victor capesius, el farmacéutico de auschwitz, durante su juicio en göppingen: la capacidad de las piras en los bunkers era ilimitada. en el verano de mil novecientos cuarenta y cuatro, durante la deportación de los judíos húngaros, los ss pusieron por ello de nuevo en funcionamiento el bunker ii. entonces se podía matar y incinerar diariamente hasta veinticuatro mil personas. la ceniza de los muertos servía de abono para los campos, para desecar zonas pantanosas o simplemente se vertía en los ríos o estanques de los alrededores. sobretodo, en el río soła, que pasa junto al lager

domingo, 6 de marzo de 2011

sueño que he comprado un piso, un ático pequeño en una ciudad también pequeña. desde la terraza se ven los tejados de los vecinos, ligeramente más bajos que el mía. mi casa nueva me hace feliz, no es bonita pero es mía, he hecho grandes sacrificios para poder estar allí, estoy ilusionado, pienso que tengo la vida por delante. todas mis pertenencias están en cajas que debo subir a través de una escalera estrecha, así que, por comodidad, hago varios viajes en el ascensor hasta darme cuenta de que todas esas cosas que forman mi vida—libros, ropa, todo eso— no caben, que cada vez hay menos espacio, es imposible que todo porque las habitaciones ya están llenas y ni las puertas se pueden cerrar

la sensación de felicidad del principio se transforma en una angustia creciente: he gastado un dinero que no tengo en algo que no sirve para nada. lloro en sueños porque siento que he cometido el error más grande de mi puta vida. podría deshacerme de las cajas, quedarme tan sólo con lo imprescindible, pero tengo miedo porque yo soy esas pocas cosas, todo lo que soy está en esas cajas, qué haría sin mis libros, sin mi ropa vieja, sin mis zapatillas. salgo a la terraza—es cuadrada, tiene toldo, es diminuta— y en la antena de televisión de la casa vecina hay una cabeza de muñeca sin ojos. despierto, domingo, mañana es fiesta, también vuelve a ser domingo

viernes, 4 de marzo de 2011

(pero cuando me siento herido vuelven a asomar las antiguas heridas, cuando me siento culpable vuelve la culpabilidad de entonces, y en los deseos y las añoranzas de hoy se ocultan el deseo y la añoranza de lo que fue. los estratos de nuestra vida reposan tan juntos los unos sobre los otros que en lo actual siempre advertimos la presencia de lo antiguo, y no como algo desechado y acabado, sino presente y vivido)

(el lector, de bernard schlink, líneas antes del final. de ahí las recientes fotos de hanna en la piel de kate)
un cable a veinte metros de altura y dos funambulistas vestidos de naranja, uno en cada extremo, se acercan el uno al otro caminando con cuidado, se equilibran sin pértiga, tan sólo con el balanceo de sus brazos, cuando están muy cerca saltan hacia adelante a la vez, diría que pasan el uno a través del otro, tengo la sensación de haber visto algo maravilloso, un truco de magia, algo así, aplaudo, creo que estoy solo allí, bajo una carpa metálica gigantesca

no puedo dejar de pensar en ese salto, en el momento del cruce de los cuerpos. he asistido a la escena desde el suelo y intento imaginar cómo hubiera sido vista desde arriba, atraparlo en un hipotético plano cenital. o alrededor de y en cámara lenta, en un infinito giro de trescientos sesenta grados como en los documentales sobre el vuelo de las aves. me asombra, sonrío, momento de felicidad

begoña está a mi lado, no había reparado en su presencia, está bonita y desnuda, la de la derecha era aitana, me dice, ha crecido mucho desde que no la ves

ahora estoy en una cocina, en algún momento anterior he preparado dulce de membrillo, desmoldo el bloque compacto y cuadrado, lo corto en trozos regulares, me gusta porque es dulce y levemente áspero, corto queso, me gusta el contraste de colores y sabores, dejo que se caliente en la boca antes de masticarlo, le ofrezco a begoña, me gustan sus pechos grandes, me siento culpable por estar allí, suena el despertador, pienso en aitana, se me cae la jarra de té al suelo, todavía estoy dormido mientras la fregona, el cubo, el zumbido del microondas empezando de nuevo

jueves, 3 de marzo de 2011

la calle huele a humo, intento estar bien, chispea, no llevo paraguas, compro sellos, una carta en el buzón de la plaza, postales casi cada día en mi buzón, vivaldi en el itunes, el cielo color pizarra, los libros que se quedan sin leer, al corazón sí le puedes arrancar todas las páginas

sueño que daniel tira fuerte de una cuerda, está enganchada a un muro, noto su esfuerzo, lo hago por ti, me dice, toco la pared húmeda de musgo y despierto

sueño con una cama deshecha en una casa que no conozco, una niña duerme entre las sábanas, me acurruco a su lado, empieza a hablarme, me hace llorar, las cortinas se escapan por la ventana abierta y no parecen tener fin

me distancio de mis amigos. todo el mundo parece tener recetas para mi felicidad —mi vida tiene que ser un engranaje rítmico y estable: deberías portarte bien, ahora que ya casi te teníamos— y yo sólo quiero que me dejen en paz o algo así

martes, 1 de marzo de 2011

aquí no hay nada que hacer, sólo respirar olor a desinfectante y ver cómo la piel se le cae a uno hasta dejarlo en herida. no hay un sólo recuerdo que no haga daño, que no sea una putada por un motivo o otro. dentro de un rato vendrá isa y no notará nada —notable esfuerzo en el camuflaje—, hablaremos, sonreirá, me contará de sus días en menorca y del invierno en manresa. atravesar un campo de minas no parece el mejor plan, quizás debería decírselo, avisarla, no sé

(caminar con cuidado, sin desesperar, avanzar sin hacerlo realmente, en qué nos estamos convirtiendo, en laberintos nos estamos convirtiendo, retroceso, suma de errores y pieles, todo eso)

lunes, 28 de febrero de 2011

desert boots de color marrón oscuro. llovizna al salir del trabajo, al límite de ideas limpias en la cabeza, tristeza en la boca, las manos en los bolsillos de la trenka, sesenta céntimos y un bonotren gastado

no sé hasta cuando, no se le ve el final. enciendo la estufa, la dejo al mínimo, miro fotografías en la pantalla del ordenador, elijo las mejores, amplío las imperfecciones de la piel, retoco levemente, las guardo en una carpeta nueva, pongo canciones que me gustan —raídas, ásperas de óxido— y que arañan como despedidas, el teléfono suena y detrás de la conversación el mundo se desmorona

los acantilados blancos de dover. es el último día de febrero y hace frío, el invierno sigue y las metáforas se anudan en la garganta, ésta es nuestra historia y se escribe en correos electrónicos y ventanas de messenger a destiempo

domingo, 27 de febrero de 2011

sueño que juank y yo paseamos por vic, hay una feria y todos los comercios están abiertos, apurando sus últimos días de rebajas. entramos en una tienda de deportes, buscamos un regalo de cumpleaños, encontramos un jersey que nos gusta pero cuesta cuatrocientos euros, no nos parece desproporcionado, acordamos con los dependientes —dos veinteañeros vestidos a la moda; uno de ellos lleva una vieja carpeta de anillas de color rojo con su nombre escrito, ramón cuesta escolach— pasar más tarde

comemos en un bar, pedimos cerveza y nos sirven vino blanco y zumo de naranja; pedimos vermut y nos sirven champán, no le damos importancia a los cambios, nu nu está con nosotros, ella bebe zumo de tomate y habla con juank, yo quedo al margen de la conversación, despierto, corazones y puños

café con leche a sorbos lentos, jaume vila está frente a mí. si no cambian las cosas será despedido en abril, no le preocupa pero el trabajo polariza casi toda la conversación, también el colegio de la pequeña irune —la puta manía de poner nombres vascos a niños de cualquier sitio—, un concertado en sabadell para el cual han tenido que recurrir al empadronamiento temporal de isabel en casa de sus padres, el misterio de las familias monoparentales en los colegios de pago

crema de verduras con demasiado apio, tres goles en mallorca y ninguno en riazor, esta tarde saldré con les a tirar un rato a canasta, me apetece sudar, sentir cómo la rabia de los últimos días se aleja y se deshace, que se haga de noche y no despertar

jueves, 24 de febrero de 2011

es jueves y creo que no tengo muchas ganas de nada, me encuentro vacío de emociones, plano, con un poso gris de rabia que me hace mirarlo todo de una manera fría y distante. acaba de llamar daniel. el interés que demuestran mis amigos por mi estabilidad me provoca náuseas y es injusto que lo diga: todo el mundo debería tener gente con la boca llena de palabras cálidas para los momentos difíciles. lamentablemente, ante tamaña demostración de amor sólo siento asco, vergüenza y una tristeza que no cicatriza demasiado bien. egoísmo, una enfermedad, un buen cáncer que no sale en las biopsias. así las cosas, casi prefiero reconducir la conversación hacia los terrenos comunes: es allí que daniel se mueve con la soltura de una diminuta perca naranja en tres litros de agua

(nueve reinas, de fabián bielinsky, en la televisión. la he visto dos o tres veces y no me apetece cambiar de canal. pienso en el gordo fabián, muerto mientras dormía a la edad de cuarenta y siete años. luego te quedas frío, la gente habla bien de ti y las lágrimas de tus novias te pintan las mejillas de oro, a tomar por culo hasta que brille)

miércoles, 23 de febrero de 2011

sueño que vuelvo a casa, es tarde y hace frío, subiendo por la calle padró, en un arriate, hay una bolsa grande de papel, un ruido como de chillidos diminutos y ahogados, tengo miedo pero la abro, hay dos perritos de color negro, acaban de nacer, tiemblan y están húmedos, los envuelvo en mi abrigo y corro hasta casa, me cuesta subir, siento que no avanzo y sufro por los cachorros, miro el reloj de la iglesia y veo cómo pasan las horas, se hace de día y apenas estoy en la esquina con calvari, sé que los animales están muertos pero necesito creer que no es así. me cruzo con unos chiquillos que van al colegio, me miran y se ríen de mí, miércoles, suena el despertador

domingo, 20 de febrero de 2011

(hay una imagen que se repite a lo largo del día, independientemente de lo que esté haciendo: una mujer me come la polla, siento placer y asco y vergüenza, podría correrme sin tocarme pero veo mi sexo en el suelo y un charco de sangre, estoy de pie en una habitación demasiado blanca y estoy solo, la mujer no está, allí no puede estar)

(la mujer es nu nu, la mujer es míriam, siento que algo me llena la garganta, un pez negro y áspero, intento tragar, vomitar, librarme, es imposible, la mano en el corazón y los pasos cambiados, insisto, me masturbo, semen sin placer, cuchillas de afeitar de color blanco y un hilo de miel amarga, fin del equilibrio y del fueye en el tango)
(hay una imagen que se repite a lo largo del día, independientemente de lo que esté haciendo: un pez negro me crece en la boca, necesito sacarlo pero apreto fuerte los dientes, tengo miedo de tragármelo, lucha con mi lengua, se queda quieto y espera, su cuerpo está frío, noto cómo late y me da miedo pero quiero tenerlo dentro de mí, en el fondo eso es lo que quiero. es difícil avanzar en cualquier dirección con ese fantasma dentro de)
vivo en una casa grande y vacía, oscura, se oyen gemidos desde una habitación al final del pasillo, una mujer se prostituye ahí pero no la veo nunca, ni a ella ni a sus clientes, apenas salgo de mi habitación

(esa casa es una finca regia del eixample pero en mi sueño ocupa el número cincuenta y tres bis de la avenida catalunya en cerdanyola del vallès, viví allí cuando era pequeño, tenía ocho años, eran unos pisos amplios con jardín para la comunidad al que llegabas después de atravesar un aparcamiento subterráneo. había gerberas naranjas y amarillas, también columpios, el río estaba más allá de la valla, antes vivíamos en reus, allí todo era más triste)

mi habitación es pequeña, sin ventanas, al lado de la cama hay una mesita de noche de madera oscura, me quito el ojo derecho y lo dejo allí, no me duele, sólo ha sido un pequeño movimiento, me sorprende seguir viendo tan bien, me quito el ojo izquierdo, puedo ver mis ojos en la mesita, al lado de una lámpara blanca apagada, no entiendo por qué sigo viendo, me pregunto para qué servían, hay un espejo debajo de la cama pero ese hombre no soy yo

escribo una nota en la parte de atrás de un sobre, no volveré pronto, la dejo encima de la cama, se oyen jadeos, cierro la puerta, bajo las escaleras y estoy en una estación de tren, no tengo billete, hay un tren antiguo, con camarotes de madera y butacas acolchadas en granate, el pasillo deja las puertas a la izquierda, hay gente que no conozco y la sensación es de miedo, apenas tengo dinero y no quiero gastarlo en un billete, pienso en míriam y en ben howe y despierto inquieto, son las siete de la mañana

(hay una imagen que se repite a lo largo del día, independientemente de lo que esté haciendo: me veo a mí mismo vomitando contra una pared, apoyado en ella, llevo una camisa oscura y pantalones claros, el vómito me llena la boca y me ahoga la nariz. es difícil avanzar en cualquier dirección con ese fantasma dentro de)

miércoles, 16 de febrero de 2011

hace calor en el autobús, está lleno pero todo el mundo bajará en la próxima parada, la de detrás del ayuntamiento, podré cambiarme de sitio y estirar las piernas, mirar por la ventanilla hasta que quiera bajarme y pensar en mis tonterías, descansar, no sé, todo eso, eso es todo

(escribir en el móvil: los movimientos, las coreografías del hombre casado, la ausencia de deseo, el pecho en llamas y culpas, sigue y suma. el único sexo que tengo me convierte en algo sucio, incapaz de acabar nada y sentirme vivo, eyacular algo que quema)

(escribir más en el móvil: pienso en ti y vomito, dice ella. me resulta imposible distinguir entre realidad y ficción, siluetas que se superponen, creo que nos miramos mientras me prende fuego, nadie más puede verla ahí, en la estación de tren, qué más puedo pedir, es mi secreto. los recuerdos manchan el corazón de ceniza áspera)

la versión de la enésima versión, el plagio consentido. el muro de edificios frente a la autopista, ahí vivía de pequeño, ahora las ventanas arden por el reflejo de las luces de los coches en retención, es una imagen bonita, busco el piso en el que vivía, la segunda hilera empezando por el final, las primeras ventanas empezando por abajo, la de la derecha, la que ahora está apagada, quién vivirá allí treinta años después

(tengo ocho años y un perro negro y tontorrón que se llama rodolfo, una mezcla de pastores, bernardo el hijodeputa le quema los huevos con cigarrillos, el mejor sitio para crecer mientras pienso en esas ventanas de fuego multicolor y en bernardo, cómo se hacía pajas con el truji en la portería del número cuatro y ahora el truji sólo es un despojo sin dientes que se arrastra de un lado a otro de la calle, aquí los yonquis nunca mueren)

(ahora tengo trece y el cuco nos parte la boca a todos por riguroso turno, hoy por ti, mañana por mí, el cuco, la cara de retrasado, los pantalones caídos, la voz ronca y las manos como palas para enterrarte vivo, soy un pozo de complejos en una familia de tarados, puto barrio de mierda)

me miro los pies, las zapatillas converse que llevo dejan los pies fríos, llovizna en la vida de color de rosa, la trenka se llena de gotitas minúsculas que brillan si las miras, la calle santa maria está llena de gente y míriam viene por ahí, sonríe, ha acabado el master, si alcanzas el final vuelves al principio

resaltar todo o sólo los aspectos importantes. bebemos cerveza en un bar al que sólo hemos ido una vez en todo el tiempo que llevamos juntos, hablamos del día, del proceso de selección en el que ahora está inmersa, puntos y entrevistas, de su trabajo, del mío no hay mucho que contar, palillos y aceitunas, otra copa, en la televisión hay videos musicales, últimamente no estoy bien, reflejos y cadencias en el lugar equivocado

lunes, 14 de febrero de 2011

me encuentro con pilar cerca de su casa y un niño pequeño camina detrás de ella, la saludo, la beso en la frente, sonríe, apenas hablamos, el niño concentra toda nuestra atención, es una personita preciosa que me toma de la mano y me enseña dónde vive, ahí la abuela, ahí mamá

mamá espera con las bolsas del supermercado en el escalón de la puerta, las llaves en la mano, siento vergüenza, despierto

camino calle abajo, compro chocolate en el caprabo de la calle balmes, camino pesadamente hacia casa por la calle cot, después calvari, estrella y sant joan. intento pensar en qué momento he despertado, si lo he hecho alguna vez

(lloviznaba a mediodía, es bonito un lunes así. sueño con un pasillo de puertas a la izquierda y amplias ventanas a la derecha —entreabiertas, con naves industriales a oscuras al otro lado—, un hombre viene hacia mí, un chaleco rojo, pantalones grises, camisa blanca de manga corta, calvo, canoso, siento miedo porque esa persona no debería estar allí, despierto, creo que despierto, se mezcla todo y ya no distingo nada)

domingo, 13 de febrero de 2011

(michael barnes, un afroamericano de apariencia afable y edad indefinida en torno a los cincuenta años, imprime panfletos contra las políticas intervencionistas y filocomunistas del presidente obama, lanzándolos después desde la ventana de su apartamento, el mil doscientos de la torre sears, en baltimore, maryland, seguro de la eficaz distribución que el viento hará de su mensaje. en la fotografía publicada en el periódico, el señor barnes —con un más que evidente parecido con richard pryor— sonríe ampliamente en la azotea del edificio en el que vive, con los brazos abiertos y un traje plateado que recuerda al mejor elvis, el de mediados de los setenta)
el camino más corto hasta las pistas de esquí es a través del desierto, dice daniel. una línea recta que cruza un paisaje monótono y gris, una pickup toyota negra, nubes bajas sobre una carretera tan vieja como el mundo

una vaca escuálida y dos terneros que no pueden mantenerse en pie por mucho que lo intenten; una hoguera que quema en el esqueleto de una ballena; alguien en el arcén, a lo lejos, que se lanzará bajo las ruedas de la camioneta a nuestro paso

es una mujer de mediana edad vestida con una túnica de color naranja, despanzurrada sobre el asfalto, con el vientre lleno de cachorros de perro que daniel acomodará en la parte de atrás del remolque sobre una manta amarilla. está viva y respira con dificultad. también hay un libro, el anuario de un colegio: la misma mujer mucho más joven, sonriente y con el pelo inusualmente blanco recogido en una cola de caballo ligeramente ladeada. pienso que era joven para tener tantas canas, soy una santa, me dirá ella, soy margot

despierto a las seis de la mañana, desayuno, vuelvo a la cama, intento dormir y lo consigo a trompicones, diez minutos, cinco, busco más paracetamol, me seca la boca, meo una niebla amarilla mientras pienso en esa tía, cómo coño se llama, jillian foxxx

sábado, 12 de febrero de 2011

sueño que hay una habitación oscura, grande, llena de literas en las que se ven cuerpos desnudos —blancos, asexuados, sudorosos— que follan en silencio, tan sólo la respiración entrecortada

alguien se levanta y me acerco, no tiene sexo, no tiene polla, tan sólo un pico negro entre las piernas, largo y afilado como el de un colibrí gigantesco, una mujer en la cama y su coño es un nido lleno de bocas hambrientas y ansiosas, pequeños picos de pájaro que hacen clac clac clac

bocas llenas de picos, culos llenos de picos, coños llenos de picos, pollas que son picos que entran y salen, siento asco pero quiero tocarlo, muevo la mano como si lo masturbase largamente, el tacto es frío y húmedo, se abre, se cierra, una lengua fina y suave me lame la mano y despierto, son las cinco de la mañana, me cuesta respirar, me quejo

míriam duerme a mi lado, tengo frío, me he convertido en un extraño, un adversario, los últimos meses son un infierno en la nuca; la felicidad, un choque de trenes

(la habitación. puedes buscar imágenes semejantes en un campo de concentración, literas formando enjambres donde esperar la muerte y el humo, la oscuridad)

viernes, 11 de febrero de 2011

niños a los que les explota la cabeza, nada más que eso, una imagen recurrente mientras trabajo, mientras pierdo el tiempo, mientras dejo que pasen las cosas, las horas, los trenes, los documentos de illustrator, niños con la cabeza llena de napalm mientras felicity lott canta no sé qué de francis poulenc, la voix humaine, imágenes que remiten a la soledad atrapada en hopper
 
pollas que follan bocas hasta el vómito, hasta la última lágrima, expresión máxima del amor, de la náusea y de los extremos que se juntan, haz así con los deditos y respira hondo antes de entrar

jueves, 10 de febrero de 2011

el jueves vacío. las horas en el estudio —sin apenas trabajo, sin apenas motivación— forman agujeros, tumbas, fosas comunes, forman un babi yar que es sólo para mí. cada minuto que pasa es una caverna de platón llena de visiones del infierno, un glory hole por el que mirar asustado, una puerta en la celda, plaga y oscuridad

el mundo es un lugar peligroso, me repito a mí mismo cada vez que respiro fuerte. es una ballena que se come a jonás y un cohete a la luna que estalla en pleno vuelo. es un puñado de palabras dejadas al azar sobre un trozo de papel doblado con cuidado, frases incomprensibles sin las instrucciones previas, la madriguera del zorro y el arca de noé llena de extraños

sólo entiendo la seguridad de estar en casa frente a la pantalla. he vuelto hace un rato de una reunión, la gente habla, toma notas, aporta ideas, debate y acepta, rechaza, se estudia. me concentro en las paredes de color granate y en la mesa negra. pienso en algo que empecé a escribir por la tarde: una sucesión de calles, trayectos por una ciudad, heridas que no cierran, semáforos casi siempre en rojo

miércoles, 9 de febrero de 2011

caminamos de la mano por un puerto de aguas sucias, daniel por delante de nosotros, lleva un celacanto en una gran bolsa de plástico, buscamos un sitio para comer, me quedaría en cualquier lado, insisto una y otra vez, lourdes no dice nada, lleva un vestido rojo que no le conocía, cuando vuelvas a casa no te olvides de mandarme todas mis cosas, me dice, todas tus cosas? respondo, sí, todas mis cosas, busca bien, tienes más de las que crees, me abraza, despierto, son las tres y media, enciendo la luz, sigo durmiendo

(el animal se revuelve en la bolsa, mis monstruos hierven dentro, se clavan en el pecho, dejan cicatrices que son coños tristes)

lunes, 7 de febrero de 2011

(resumen de alguno de los últimos movimientos: una ola con mi nombre dentro, un racimo de bombas, un celacanto que respira cuando respiro y me enfría, bebiéndose mis fuerzas)
los bolsos grandes albergan grandes planes. falda, medias, abrigo cerrado, zapatos de tacón, toda ella es color negro, delicada como una blythe de cincuenta años, rubia, bonita, con la cabeza ancha y rasgos finos, me resulta llamativa, labios pintados de rojo, alguien la está haciendo esperar, entra al bar, mira detenidamente, como si no conociera del todo a la otra persona y necesitase un plus de tiempo para examinarla, sale y vuelve a esperar en la calle, entra de nuevo y se sienta en la barra, pide una copa de cerveza, me da por pensar que es una princesa rusa, una anastasia cualquiera un sábado a las seis de la tarde, bebo café con leche mientras llega juank, me fijo en las mesas que me rodean pero realmente no estoy allí, no sé dónde estoy pero no estoy allí, a esta mierda le tendría que echar tres sobres más de azúcar para que me cambiara la vida

te mueres y suena chopin. bebemos cerveza en casa de jorge —un sobreático compartido en aribau con mallorca—, hablamos, reímos, comemos aceitunas y patatas fritas en el sofá, él camina descalzo por el suelo de parquet, bonitos calcetines a rayas negras y blancas, la pared del comedor es verde pistacho, una estantería con dvds, pósters de cine y dos alcayatas vacías, una televisión sin apenas volumen que ondea la mierda de un canal inexistente, marcharé sobre las nueve y bajaré por las escaleras porque no me gustan los ascensores, un hueco por el que cabría un piano de cola, finca regia en el eixample, un buen sitio para vivir, cerca del metro y del trabajo y del centro, asientos en los rellanos del tercer y primer piso, imagino señoras jadeando asustadas y me veo a mí mismo como en un espejo sin tiempo

camino passeig de gràcia en dirección mar, no estoy demasiado orientado, las tiendas cierran y la calle aún está llena de gente, fumo, tengo ganas de llegar a casa, preparar la cena, abandonarme en el césped imaginario de un partido de fútbol, rezar para que la paz sea esférica, messi marcará tres goles, leer un rato antes de dormir

hair shirt, de patrick mceown. la expresión hair shirt significa, literalmente, camisa de pelo, y designa a un tipo de cilicio, es decir: una camisa áspera hecha de crines que uno se pone como penitencia —texto copiado de la página cuatro del libro, nada que objetar—. pienso en los pecados de john y naomi, en los de chris, en los míos propios, me cuesta concentrarme, hiervo pasta, preparo zumo de naranja, míriam descansa en el sofá, está pálida, con ojeras, congestionada por un resfriado que no se irá nunca, noto una losa en la espalda, camino con cuidado, tengo miedo de caerme, soy una oruga que teje y teje una seda de mentiras, que se envuelve con cuidado en ellas, las mariposas nocturnas sólo son gusanos con alas que traen mala suerte

es domingo, son las siete de la mañana, camino en calzoncillos por la casa fría, preparo té en el microondas con una jarra de plástico amarillo, cinco minutos a la máxima potencia y lo que quedaba en el botecito de earl grey, me masturbo mientras hierve el agua, eyaculo en un kleenex, me mojo la mano, necesito concentrarme para apartar los pensamientos más o menos bonitos que me asaltan últimamente y concentrarme sólo en la basura, en recuerdos vagos y violentos, cuesta querer así

sábado, 5 de febrero de 2011

míriam quiere comprar un picador de hielo y le sugiero que podríamos ir a tal tienda, sé seguro que allí lo tendrán. el sitio resulta ser un almacén grande, desordenado y luminoso, vacío de gente, sin dependientes. es imposible que encontremos ésto aquí, dice ella, no está donde debería estar, con todas las cosas de casa. es entonces que veo una chica bajita y regordeta, rubia, ella nos ayudará (sé que antes de ese momento, en algún antes que no podría concretar pero que ha sido esta misma noche, esa chica y yo hemos coincidido en un tren y me ha contado que trabaja en esa tienda, es por eso que estamos allí). el caso es que ella nos conduce hasta el picador de hielo: una estructura con forma de árbol de navidad formada por un montón de cajas con cubiertos y otros instrumentos y el picador —un gran punzón metálico— en la cima, a tres metros de nosotros

llevo unos pantalones vaqueros de peto muy rotos y incómodos, se caen a trozos, grandes imperdibles sujetan la tela. el picador ha dejado de importar, ahora estamos en la misma nave pero hay gente que conozco y están lanzando a canasta, como si fuera un pabellón desvencijado. las pelotas son pequeñas y los aros también, ambos casi del mismo diámetro. antonio burgos —era dos años mayor que yo, grande y pesado, con gafas de cristales oscuros y una gran peca en la mejilla derecha, buen tirador, buena muñeca— lanza desde detrás de la cesta, sé que la meterá, se lo vi hacer una vez y entró limpia, con la red girando sobre el aro y el flop que hacen las grandes canastas

estamos en una heladería americana y hablamos alrededor de una mesa, gente que no conozco pero con los que hay buena conversación. uno de ellos habla de antonio burgos, lo que le ha visto hacer es increíble, todos me escuchan cuando les cuento que una vez le vi hacer lo mismo, hace un millón de años, un mediodía, la pelota tardó una semana en caer. es entonces que vemos que hay disturbios en la calle, gente corriendo a través de los ventanales, son policías de rasgos asiáticos, con trajes y abrigos negros, cascos franceses de la primera guerra mundial, van dirigidos por una mujer de pelo gris amarillento, con chaleco naranja y una libreta en la que señala los sitios, aquí, aquí, aquí, llevan perros grandes, collies negros con babero y en cada babero, un número, putos perros feroces

de repente estamos solos, tan sólo míriam y yo, todos los demás han huido, nos llamaban pero no fuimos, ella tiene miedo, escóndete detrás de mí, no pasará nada, un perro corre alrededor de la heladería, sin atreverse a entrar hasta que lo hace, corre rápido hacia nosotros, ladrando histérico, se detiene bruscamente y nos huele, no hay que tener miedo, los animales lo pueden oler, protejo a míriam con mi cuerpo y es entonces que despierto, justo cuando el perro se marcha y pensando que bélgica es un estado policial por tal y cual motivo que alguien me explicó ayer, buenos días, sábado, seis y diecinueve de la mañana

viernes, 4 de febrero de 2011

un estanque lleno de peces negros. al salir del estudio no tengo fuerzas para nada, son las seis y media pasadas, sólo me apetece caminar un rato, sin rumbo, una esquina, otra, otra más, izquierda, derecha, otra vez izquierda, avanzar, retroceder. es inevitable detenerme en diferentes conversaciones, frases sueltas que dibujan poco a poco mi estado de ánimo. tú no tienes ni puta idea de nada, nen, estábamos regalados en ese piso. una chica mira con desprecio a un gordo cabizbajo escondido en un anorak azul demasiado grande, ella abre los brazos, abre la boca, escupe las palabras, no me comas la olla, responde él. tienes el móvil, mamá?, pregunta un niño flaco, no, está en casa cargando, sin batería. la madre habla lento como lento hablan los yonquis o la gente que se ha metido demasiada mierda y se ha quedado sucia por dentro para siempre. joder, mamá, nunca tienes nada, chilla el niño, diez años de mierda, pienso en cómo sería una patada en su puta cabeza y creo que los ojos se me ponen en blanco

el evangelio de judas, de alberto vázquez. he pasado antes por la biblioteca y he cogido ese libro, más atraído por la editorial que por su dibujo delicado y errático. astiberri no edita mierdas, siempre pienso eso. el caso es que arrastro el libro mientras miro escaparates, zapatos, jerseys de viejo, cacharros de ordenador, cartas de bares y restaurantes llenas de faltas de ortografía. si tuviera fuerzas me arrastraría hasta el grau porque me gusta ese bar, sí, podría sentarme a leer y beber a sorbos cortos un café con leche, judas, historias de una ardilla católica, a quién se le puede ocurrir semejante imbecilidad, las ardillas comen nueces, no están bautizadas ni se masturban, anoto que alberto vázquez escribe vázquez sin acento, es alguien de quien no te puedes fiar

eso fue antes de que empezáramos tú y yo, dice ella. qué sucede antes de ese instante crucial en sus vidas? lo ignoro, pasan por mi lado demasiado rápido, camino lento, cada vez más lento, como una sombra que apenas se mueve porque puede romperse en cualquier momento. sea lo que sea que ha sucedido, sucedió antes de que empezáramos tú y yo. es importante? hay algo realmente importante? hay palabras realmente importantes, palabras que puedan cambiar el curso de una historia para siempre? paso por delante del local donde se reúnen los alcohólicos anónimos de cerdanyola, lunes y viernes, de ocho a diez de la noche. pienso en sentarme allí, en un círculo iniciático y desnudar mis miserias, mentir si hace falta, confesarme como la basura más grande que ha parido jamás una madre. no tengo ganas de beber, pienso, sólo sería probar, escuchar mi propia voz quebrándose al relatar cuentos sin sentido, invenciones, sentirme arropado por gente tan vacía como yo, otros adictos que me miran y dicen que sí con la cabeza, palabras, historias para siempre

venga a probar, venga a probar, que estoy hasta los santos huevos de probar. toda una declaración de principios, la de alguien que está totalmente agotado de estar vivo, un teléfono móvil, un coche tuneado aparcado en doble fila junto a un paso de cebra. podríamos ir a esa discoteca, tres chicas latinas diminutas con maleta a cuestas. ellas también están hasta los huevos de probar o tan sólo es un plan, un cambio en la estrategia a seguir? podrían cruzarse sus caminos y acabar los cuatro follando en el parking del pont aeri, podrían grabarlo en video y colgarlo en altaporn o alguna mierda así. podría encontrarlo yo y así podría hacerme una paja tranquilo, sin necesidad de que la culpa me coma, sin necesidad del asco que siento al tocarme y no poder dejar de hacerlo. pienso en la polla de ese tío, el del coche, mi sueldo entero a que apesta porque no es un buen chico judío

el vello púbico de todas las mujeres con las que me cruzo, nada que ver con las visiones asépticas y idealizadas que estoy acostumbrado a consumir en formato píxel. no hace frío, viejos pasean perros, imagino las luces de los coches desde las azoteas de los edificios altos. ahí donde ahora hay un centro veterinario, hace años había un bar donde hacían batidos de fruta. y ahí donde ahora hay una sucursal bancaria, un videoclub roñoso. y ahí donde antes había una persona, ahora sólo hay un montón de mierda. pienso en carme, en las exiguas cuatro veces que follamos y cómo después nada. pienso en su coche, un polo viejo, blanco, siempre sucio, en cómo sería mi vida ahora si hubiera seguido ahí, despertándome por las mañanas en un palacio, con imágenes líricas de la niebla envolviendo el bosque y música de elton john cada vez que

el paseo se transforma en un monstruo, es jueves, esta noche podría huir, pronto será primavera y debería dejar de tener miedo, no sé cómo. pero la única certeza es que el tiempo se hila en ovillos pesados y grises y ahora vuelvo a estar en el estudio, sin apenas trabajo, esperando que sean las tres de la tarde y volver a sentirme en algún lugar, nunca tienes nada es una frase aterradora

jueves, 3 de febrero de 2011

sueño que despierto de repente y son las diez y diez de la mañana, me he dormido, vuelvo a trabajar en la imprenta y vuelvo a tener ese horario extraño, de once a siete de la tarde. la casa está a oscuras, todas las persianas bajadas, no tengo tiempo de desayunar, sólo necesito una ducha, todavía tengo los casquitos con los que escucho música antes de dormir, una pequeña radio negra marca sanyo con funda de silicona de color naranja, suena tunnel of love, girl it looks so pretty to me, just like it always did, me gustan los primeros discos de dire straits, siempre son las mismas canciones, la misma voz de zapato viejo, dejo el aparato en la loza del baño y el sonido se amplifica y lo llena todo y es bonito

sueño que estoy en la ducha y bajo el agua caliente descubro una cicatriz en el pecho, es grande, rosada, es como un coño mal cosido, eso pienso bajo el agua y es entonces que recuerdo que tuve cáncer y me quitaron un tumor que tenía forma de barco o de aleta de tiburón, S también tuvo uno así, eso me dijo, era blanco y parecía de cera, nunca he visto su cicatriz, me enjabono y me pregunto por qué no ha sonado el despertador, en el hospital no necesitaba despertador, ése es el motivo, eso pienso

sueño que ya estoy vestido y que me despido de mi madre y ella lee ombligo sin fondo, de dash shaw, no me gusta mucho, dice, está sentada en la mesa del comedor, dame un beso, no ha levantado las persianas y se alumbra con una lámpara pequeña de papel que está en el suelo, todo tiene una luz amarillenta y triste y es entonces que suena el despertador, son las seis y media, esta vez sí

la última imagen antes de. camino por el pasillo del hospital, hay un ventanal enorme al fondo, mi habitación es la penúltima puerta de la izquierda, llevo una bata blanca abierta por detrás, zapatillas de deporte y calzoncillos, tengo veinticuatro años

miércoles, 2 de febrero de 2011

ayer estuvo isa en casa y me trajo incienso nag champa agarbatti —fragante, dulzón, con sal— y jabón le petit marseillais. estuvimos bastante rato hablando de glenn gould y de los libros que había leído últimamente, también de conocidos comunes y de tripas y de series y películas y de sus regalos de cumpleaños. mientras la escucho no puedo dejar de pensar en todo el daño que le hice cuando estábamos juntos. no me perdono, nunca lo he hecho, fijo la vista en el suelo de corcho barnizado, en la alfombra de colores, las vans sucias, las cajas de plástico que guardan los zapatos, ella mueve las manos y sonríe

martes, 1 de febrero de 2011

peleo con alguien en un ring, una sala vacía, a oscuras, sé que es mi padre aunque no consiga verlo con claridad, me abraza intentando zafarse de mis golpes, noto su boca en mi hombro como si quisiera morder, intenta hablar, tu corazón no es tan diferente, algo así dice, apreto los dientes

pienso en la línea de sangre y semen que nos une, la genética y los espejos. delante de mí, una chica rubia juguetea con un móvil, carita de concentración, delgada, abrigo azul de cuello grande, zapatillas de deporte y moño rizado. delante de mí, una madre y su hija, veinte años de diferencia, treinta kilos y la misma piel gris. a mi lado, un árabe grande, guapo y canoso, acogedor como un oso, me enamoraría de cualquier hombre que llevara sus zapatos y un maletín inmenso

el sonido del puto teléfono se me clava detrás de los ojos, la hija comenta con la madre, sonríen, resoplan, la chica rubia sigue concentrada en algo desconocido y ruidoso, mi padre sigue golpeando, pienso en mi madre, en todas las mujeres a las que ha querido, en su cuerpo sudoroso moviéndose dentro y fuera de otros cuerpos, en esa vez que le ayudé a bajar una bolsa al coche y nunca más volvió, pego y pego cada vez más fuerte

llovizna, es lunes, son casi las ocho y media y el tren acaba de salir de los túneles que atraviesan el subsuelo de barcelona. cenaría una manzana, me arrancaría la polla, miraría la televisión, alguien llama por teléfono a la chica rubia y me pierdo en la conversación, no puede porque trabaja el sábado por la mañana, mi corazón es de plomo, próxima parada, cerdanyola del vallès, correspondencia con con y con
sueño que vuelvo a estudiar y vuelvo a no ir a clase, llego tarde, me salto las horas, me siento culpable pero no soy capaz de salir de casa, me encierro en el lavabo a oscuras, tengo diarreas, no puedo limpiarme bien porque apenas hay papel, me ayudo con los dedos, entra algo de luz por una ventana diminuta, en la penumbra se adivina una planta de hojas largas y algo que se mueve entre ellas, un pequeño loro gris, un insecto de patas largas, tengo miedo y todo se detiene de golpe

sueño que suena el teléfono, son las diez y diez de la mañana, hablo con les y me pregunta algo sobre pepe, algo que no sé responder con claridad, noto su contrariedad, pienso que si me doy prisa todavía puedo llegar a las clases de después del patio, camuflarme, pasar desapercibido entre la gente, disimular, pienso en mi madre, en todo lo que tiene que trabajar para que yo esté allí, vestido tan sólo con una camisa blanca y vieja, enfermo y cansado, ya no sé qué edad tengo, sólo sé que llego tarde, que no puedo llevar libros ni papel, nada para escribir, que sólo puedo fiarme de mi memoria y escuchar

una imagen antes de despertar: tres filas de siete mesas cada una, la mía está justo en el centro, el sol entra por la ventana y rafael moyano —mi profesor de literatura española en cou— escribe en la pizarra, siempre me gustó su letra hermosa, cómo movía las manos, poesía

domingo, 30 de enero de 2011

neblina salada en un mar gris y frío, surfistas de neopreno que esperan una ola que difícilmente llegará, aviones que despegan y aterrizan, peces de colores en el corazón, el tiempo detenido en un ovillo de silencio

godspeed you! black emperor en la sala apolo, sábado de cerveza y confesiones, la electricidad preña un magma de imágenes y música hipnótica, el tiempo detenido en un ovillo de ruido

un bar y un café con leche, un zumo de piña, una infusión, un agua con gas, una copa de cerveza, una cocacola de lata, un vermut negro y un gintonic, más cervezas, en la mesa de al lado una pareja se besa tomándose las manos, un hombre lee con atención una guía de beijing, una pareja de mediana edad escucha nuestra conversación, un partido de fútbol en pantalla gigante, llovizna, cansancio y oro

viernes, 28 de enero de 2011

pasan unos minutos de las diez y media de la mañana. nada de lo que he hecho desde que ha sonado el despertador supone un punto de inflexión en mi vida. la tristeza de los últimos días, de las últimas semanas, se condensa en un dolor como de cristal en el recto y náuseas, algo nuevo y inesperado. intentar hablar con la boca llena de saliva sólo me crea más monstruos dentro

miércoles, 26 de enero de 2011

cuatro años antes de chelmno, karin landau

(chelmno es un sábado, cinco de septiembre de mil novecientos cuarenta y dos, es maquillaje en las mejillas para disimular la edad, es gas en camiones sellados y hornos a cielo abierto)
deseo mencionar aquí con la mayor claridad un capítulo particularmente difícil. entre nosotros debe ser mencionado una sola vez, con mucha claridad, pero en público nunca hablaremos de ello. me estoy refiriendo a la evacuación de los judíos, al exterminio del pueblo judío. el pueblo judío será exterminado, dice cada camarada del partido. está claro, está en nuestro programa: eliminación de los judíos, exterminio, y lo llevaremos a cabo. luego vienen ochenta millones de buenos alemanes y cada uno de ellos tiene un judío decente. por supuesto que los demás son unos puercos, pero éste es un judío de buena calidad. ninguno de los que hablan así han visto los cadáveres, ninguno estaba presente

la mayoría de vosotros sabéis lo que significa cuando hay tendidos cien cadáveres o quinientos o mil. haber pasado por eso y —salvo las excepciones producidas por la debilidad humana— haber mantenido la decencia es lo que nos ha hecho fuertes. ésa es una página de gloria en nuestra historia que nunca se ha escrito y que nunca se escribirá

(himmler en poznan, cuatro de octubre de mil novecientos cuarenta y tres, un lunes. heinrich, el niño detrás del minotauro)

lunes, 24 de enero de 2011

lunes, ocho de la mañana, un chorro de agua caliente cayéndome en la nuca, muy quieto, cierro los ojos, pienso en baruch y sus venas abiertas y sus ojos abiertos y la bañera roja de sangre. todo está iluminado, de liev schreiber. todo está iluminado, de jonathan safran foer. everything is illuminated, todo está iluminado, un campo de girasoles, un camino en línea recta y una casita donde vivir para siempre y recordar la vida, sábado por la tarde, el frío golpea el cristal y todo tiembla

lunes, ocho de la tarde, un trocito de chocolate deshaciéndose en la boca, cierro los ojos, pienso en lawrence y james y marlee y john, pienso en juneau y en la sombra de darrius ahogándolo todo, ballast, de lance hammer

carreteras infinitas que no llevan a ninguna parte, tan lejos está el delta. suenan händel y gaultier y bach —hermosísima, hermosísima rosalyn tureck— en el itunes, me hago una paja y empiezo a escribir
sueño que montse ahora se llama vanessa y se prostituye por treinta euros en granada, en el párking de un centro comercial, nunca me han metido el puño por el culo, sonríe mientras yo lo intento sin conseguirlo

sueño que estoy en un balcón y tengo miedo y vértigo y no puedo moverme, es un día precioso pero no puedo moverme, conozco el sitio, el mar está cerca y puedo verlo, no hay playa, una corriente arrastra la arena hacia el noreste como si fuera un gran río de oro

sueño que una niña cuida de mí. no reconoce las cosas, es por eso que he puesto letreros por toda la casa, le dice a su madre. carina habla como si yo no estuviera allí, como si fuera un mueble más en esa terraza, pero cuando su madre no está, se acerca y me abraza, no te pasará nada, me susurra, sólo es afasia y no es mala, no para ti

domingo, 23 de enero de 2011

(sueño que estamos encerrados en un hotel mientras nieva. hay televisiones encendidas en las que un canal de noticias habla del temporal. estoy en el salón, hay gente que conozco y gente que no y a través de las grandes vidrieras se puede ver cómo la noche se vuelve blanca)

(te he estado buscando, me dice S. nada de lo que puedas hacer es importante, añade. es como una gran bola que ha echado a rodar ladera abajo, es cuestión de tiempo, sencillas leyes físicas acerca del movimiento, termina. ven, quiero contarte algo, y me toma de la mano, llevándome por un pasillo abovedado de suelo metálico y paredes de color granate oscuro, con luces halógenas en el techo como un rastro de miguitas amarillas. es la historia de húry)

(húry, el viejo cazador de lobos, tiene un judío enseñado para esa tarea y es el mejor judío, nadie puede dudar de ello. juntos recorren los caminos que unen los diez bosques que forman su mundo —hoy sería hungría, pero para húry es sólo una parte más del imperio; es mucho antes de la guerra, la gran guerra— y el judío sigue el rastro de los lobos, sólo tienes que cerrar los ojos y sentir el frío, puedes, F?)

(despierto. son las cuatro de la mañana, tengo diarreas, me miro en el espejo del cuarto de baño mientras me derramo. siento que mi vida pesa cero gramos y que necesito llenarme de amor hasta ahogarme, como si el agua me encharcase los pulmones, la piel azul de asfixia)

(intento dormir, quisiera masturbarme pero no siento deseo, hace tiempo que no siento deseo, que mi polla es un animal vacío, una piel seca. míriam duerme a mi lado, busco su contacto, el dibujo del edredón es de hojas y arabescos anaranjados sobre un fondo blanco roto, la cabeza me da vueltas mientras nu nu sueña)

jueves, 20 de enero de 2011

(bola de hierro: la sensación de tener una bola metálica en el recto, esperando, moviéndose lentamente dentro de mí. bola de hierro, el primer síntoma, uno más de ellos. bola de hierro: la manera perfecta de perder todas las partidas y seguir caminando en círculos o en línea recta, tanto da)
(sueño con personas que no identifico con claridad, míriam, isa, no lo sé. alquilamos un barco pequeño, una lancha cubierta diminuta, y la arrastramos mar adentro, caminando porque apenas cubre. hay gente que juega con balones de plástico de colores brillantes que flotan ingrávidos como planetas y a medida que entramos en el agua las olas desaparecen hasta que sólo queda un vaivén tranquilo. comienzo a tener miedo, estamos lejos de la orilla, subimos a la barca y el piloto —un hombre viejo con la piel roja por el sol y la boca de color negro— nos lleva hasta una ría y es entonces que cruzamos bajo un puente que no tiene fin y al desnudarme veo que tengo los pantalones llenos de manchas, son manchas de helado, me digo a mí mismo, de helado de fresa o de frutas del bosque de supermercado)

(es un sueño oscuro y frío, desenfocado, donde las imágenes se velan en un color gris plomo, como de día de lluvia. es un sueño que me vomita a las seis de la mañana, jueves y bola de hierro)

martes, 18 de enero de 2011

(el cuerpo del soldado sobre una estela de plata, la vida en los surcos, el corazón rompiéndose en el pecho y el cielo líquido si respiro)
(entre una guerra y otra, la distancia, las trincheras, la tierra de nadie, el fuego que arde en los cuerpos atrapados en el barro. hablo con rafael, nuestra conversación son intensos correos electrónicos cada dos semanas. cráteres de obús, el silencio sordo y blanco de después de la explosión, nieve y frío en tallinn en enero. apenas sé cuidar de mí mismo, le digo, es imposible que pueda cuidar a toda la gente que me quiere)
alienación. sueño que estamos en guerra, que les quiere ir al cine a ver una película polaca de tres horas y a mí no me apetece. sueño que piso ropa húmeda en un patio de luces oscuro, que las calles están llenas de perros muertos que acaricio y cadáveres como pieles sucias que han estado vacías desde siempre. sueño que busco tabaco y algo de comer, que me sorprende la pasividad de la gente, como si todo el mundo hubiera elegido llevar una venda detrás de los ojos

sueño que hablo por teléfono con montserrat porque le tengo que devolver un libro de åsa larsson y su silencio es llanto al otro lado de la línea. sueño que no puedo hacer nada por calmarla, sin saber si quiero o me importa, sólo escuchando sus lágrimas y deseando que cuelgue y poder seguir


puedo tirar de todos los hilos hasta deshacer la manta. puedo seguir todos y cada uno de los pasos y rastrear ese sueño hasta el nido donde fermenta mi cabeza. puedo y quiero y es entonces que encuentro todos los tesoros, el rey de los secretos

domingo, 16 de enero de 2011

(leo el periódico mientras espero la cena en el sushishop de la rambla del celler, leo sobre la muerte de sigfrido martín begué y la muerte de trish keenan, leo sobre lo que darán en la televisión para cuando estemos en el sofá)

(ayer cumplí cuarenta y un años, sumarle treinta y ocho y redondear setenta y nueve es sólo una sencilla operación matemática y una experiencia vital que me cierra los ojos de fiebre y el corazón y las entrañas y)

(el mar desde la golondrina del puerto es jade y tranquilo, las construcciones del puerto son animales gigantescos de hierro y cemento y óxido, el frío me hiela y el amor me consume, nos consume)

(mi torpeza con los palillos, una serie de zombies, mensajes en el teléfono hasta pasada medianoche, personas cercanas y distantes que insisten en quererme)

(descubrir rincones de la ciudad cercana, el sabor del café con leche y del té verde, la estrella en el dedo corazón)

miércoles, 12 de enero de 2011

(metáforas, parábolas. una víscera peligrosamente atrofiada, una radiografía, una sombra que late a trompicones, incapacidad crónica de encontrar un punto de referencia desde el cual)

martes, 11 de enero de 2011

(corazón a punto de estallar, culpable, culpable)

lunes, 10 de enero de 2011

míriam llora mientras conduce hasta un bosque y allí aparca, entre los primeros árboles. hay arbustos con ropa azul tendida en ellos, ropa de trabajo con cinta aislante de color negro en los riñones. hay una mesa de madera gastada y gris y dos sillas, nos sentamos, hay papel y lápiz, dibujo círculos, dibujo aspas, juego al tres en raya conmigo mismo mientras ella habla. míriam llora y me toma de la mano, respondo a sus preguntas, nos abrazamos, nos confesamos y prometemos. despierto, es lunes, nudo en la garganta

jueves, 6 de enero de 2011

es extraño cómo suceden las cosas. jueves, míriam llega de new york, nos abrazamos en el aeropuerto, he acompañado a su hermano a recogerla, al volver a casa enciendo la televisión mientras ella se ducha, ficción, de cesc gay en el trenta-tres, eduard fernández y montse germán se miran en el coche, no se atreven, se me ahogan los ojos, he pasado por ese momento diez, cien, cuatro mil millones de veces
(sueño con una calle ancha, es un sitio que recuerdo bien, las casas son bajas, tienen portones pintados en colores gastados por el sol y las paredes están desconchadas, no hay nadie, nunca hay nadie)

(hay una puerta verde, no está cerrada, puedo entrar y está oscuro, sigue caminando calle abajo, me dice una voz que no reconozco pese a que sé que allí encontraré a daniel)

(cuatro calles adoquinadas que se cruzan y una pequeña rotonda, una fuente en el centro, no hay coches, no hay árboles, no hay nada, bebo agua de la fuente porque sé que tengo la boca sucia de sangre, no hago más que pensar en ello)

(retrocedo sobre mis pasos, daniel se acerca con tres perros negros y grandes, pastores belgas, algo así, dejo que me laman las manos, lenguas ásperas y calientes, sé que así eres feliz, me dice él, pero me das miedo, suena el despertador, día de reyes, niños y regalos)

miércoles, 5 de enero de 2011

(un cáncer te crece en los cojones durante veinte años, te acaba llevando a la tumba, inútil reflexionar sobre el sentido de la lucha cuando sólo queda barro al final del camino, la muerte de pete postlethwaite después de una noche sin dormir)

(el gris de los árboles desde el tren, el agua verde del cardoner, del llobregat, nidos vacíos entre las ramas desnudas, campos ralos y escarchados, casas, fábricas abandonadas cerca de manresa, dormir entre estaciones, cerrar los ojos, abrirlos, descubrir fantasmas a punto de morderme en los sueños extraños)

(un hombre de mediana edad de rasgos orientales con una bolsa pesada a su espalda, su cuerpo se tambalea, camina lentamente al salir de la estación, cuatro grados bajo cero, las tiendas todavía están cerradas, una chica espera ante la joyería tous de la calle del born mientras acaba un cigarrillo, pantalón carhartt, zapatillas munich, chaqueta corta de motorista, una mujer barre por costumbre)

(isa y xavi viven un piso grande en el centro de la ciudad, desayunamos leche de avena caliente, pan de espelta tostado, queso parmesano, roscos caseros de anís, hasta un pedacito de turrón de yema desayunamos, hablamos de cualquier cosa, me peleo con su ordenador recién comprado, instalo y configuro programas, el mundo a mi imagen y semejanza, martes de regalos de navidad, calcetines y paul auster, el corazón de los animales y el día con arañazos en los ojos)

(la rutina sigue comiéndose a sí misma. aprovecho estos días de vacaciones para vagar, no importa dónde. sigo una línea de tren, un autobús, un metro, sigo una calle, otra, sigo una persona, una conversación, una corazonada, una llamada de teléfono, me dejo llevar, me abandono, me doy cuenta de que apenas necesito nada real, sólo seguir imaginando)

(lourdes y yo jugamos en la orilla de la playa, no hay apenas gente, hace años de eso, poco a poco nos alejamos, una ola grande nos arrastra, no nado bien, apenas nado, tengo miedo, renuncio y me hundo, trago un mar entero, el día es azul y pienso que voy a morir ahí, en ese momento, cádiz, mediodía sin nubes, un bañador granate y beige, lourdes intenta sacarme pero no puede conmigo, dejo de luchar, siempre dejo de luchar, una ola, otra ola nos devuelve un poco, ha sido sólo unos segundos pero suficientes, eternos. todos los ahogados son de color azul y tienen las venas rojas y espuma en la boca, sólo en las películas la gente se ahoga y parece que siga durmiendo, que vaya a despertar de un momento a otro, riéndose, qué susto te llevaste)

martes, 4 de enero de 2011

lunes, 3 de enero de 2011

caminar sin dirección es una rutina de caminar en círculos con el mar de fondo, con el ruido blanco de las olas, con la sensación de estar perdiendo el tiempo en cada una de las cosas que hago, en cada una de las pocas decisiones que tomo

(tres chiquillos caminan por el paseo, uno de ellos tuerce deliberadamente los pies al caminar, los tobillos hacia adentro, quizás disfruta explorando los límites de su cuerpo, lleva unas vans negras y no debe tener más de doce años)

(pido cerveza, la pago, la bebo, fumo, las terrazas de los bares son el refugio de los adictos al tabaco, memorizo detalles que no conducen a nada de muchas de las personas con las que me cruzo, las medias de rejilla de esa mujer, el pijo de la trenka marrón, los padres en bicicleta decathlon, el traje de cuero de una cincuentona bronceada, las zapatillas llenas de barro de una chica en mi mismo tren, los jóvenes atléticos y tatuados que corren por el paseo, siempre los mismos ejercicios de estiramiento, como si fuera una coreografía de la que sólo ellos conocen los detalles, una mujer de caderas amplias y acogedoras con nube de niños revoltosos alrededor)

(café con leche a mediodía, la única comida, me lavo las manos, la cara, meo, me vuelvo a lavar las manos, sigo leyendo el mismo libro y nada parece indicar que lo vaya a acabar antes de la semana que viene, me distraigo con facilidad, no hay más que verme, la dependienta tiene los dientes tristes, oscuros, también tiene un bonito pelo muy rubio, es realmente hermosa)

(porque caminar en círculos supone reescribir siempre los mismos errores, es poco o nada importante el tiempo transcurrido, la distancia física, la cantidad de personas implicadas en el proceso)

(hablamos en el sofá largo rato, seguimos fumando, a veces hasta nos besamos, le pido que se masturbe, lo hace y la siento cerca de mi cuerpo, ni qué decir tiene que yo no estoy allí, no sé dónde mierda estoy pero no estoy allí ni quiero tocarla ni siento nada más que vacío, es como si me hubiera muerto al correrse ella, es curiosa la sensación de tener el corazón lleno de polvo)

después sucede que el centro de la ciudad está lleno de gente y que mañana habrá un eclipse parcial de sol, algo bello, importante de verdad

domingo, 2 de enero de 2011

shoah, de claude lanzmann, para contrarrestar la asquerosa película se ayer, la llave de sarah, de gilles paquet-brenner y según el libro de tatiana de rosnay, otra edulcorada mierda sobre el holocausto, otra puta basura llena de esperanza

(después del cine lloviznaba, llamé a mi madre y la noté contenta)
la felicidad es un porcentaje de alcohol en la sangre, el sol cegando los ojos, una terraza vacía, un domingo de tiendas abiertas, es agua a cuarenta grados al despertar, es un punto en el espacio desde el cual verlo todo y sentir cómo de lejos, cómo de cerca

sábado, 1 de enero de 2011

cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar, particularmente, para pensar desde el punto de vista de otra persona. no era posible establecer comunicación con él, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado por la más segura de las protecciones contra las palabras y la presencia de los otros y, por ende, contra la realidad como tal

hannah arendt sobre adolf eichmann en eichmann en jerusalén