miércoles, 9 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
domingo, 6 de marzo de 2011
sueño que he comprado un piso, un ático pequeño en una ciudad también pequeña. desde la terraza se ven los tejados de los vecinos, ligeramente más bajos que el mía. mi casa nueva me hace feliz, no es bonita pero es mía, he hecho grandes sacrificios para poder estar allí, estoy ilusionado, pienso que tengo la vida por delante. todas mis pertenencias están en cajas que debo subir a través de una escalera estrecha, así que, por comodidad, hago varios viajes en el ascensor hasta darme cuenta de que todas esas cosas que forman mi vida—libros, ropa, todo eso— no caben, que cada vez hay menos espacio, es imposible que todo porque las habitaciones ya están llenas y ni las puertas se pueden cerrar
la sensación de felicidad del principio se transforma en una angustia creciente: he gastado un dinero que no tengo en algo que no sirve para nada. lloro en sueños porque siento que he cometido el error más grande de mi puta vida. podría deshacerme de las cajas, quedarme tan sólo con lo imprescindible, pero tengo miedo porque yo soy esas pocas cosas, todo lo que soy está en esas cajas, qué haría sin mis libros, sin mi ropa vieja, sin mis zapatillas. salgo a la terraza—es cuadrada, tiene toldo, es diminuta— y en la antena de televisión de la casa vecina hay una cabeza de muñeca sin ojos. despierto, domingo, mañana es fiesta, también vuelve a ser domingo
la sensación de felicidad del principio se transforma en una angustia creciente: he gastado un dinero que no tengo en algo que no sirve para nada. lloro en sueños porque siento que he cometido el error más grande de mi puta vida. podría deshacerme de las cajas, quedarme tan sólo con lo imprescindible, pero tengo miedo porque yo soy esas pocas cosas, todo lo que soy está en esas cajas, qué haría sin mis libros, sin mi ropa vieja, sin mis zapatillas. salgo a la terraza—es cuadrada, tiene toldo, es diminuta— y en la antena de televisión de la casa vecina hay una cabeza de muñeca sin ojos. despierto, domingo, mañana es fiesta, también vuelve a ser domingo
viernes, 4 de marzo de 2011
(pero cuando me siento herido vuelven a asomar las antiguas heridas, cuando me siento culpable vuelve la culpabilidad de entonces, y en los deseos y las añoranzas de hoy se ocultan el deseo y la añoranza de lo que fue. los estratos de nuestra vida reposan tan juntos los unos sobre los otros que en lo actual siempre advertimos la presencia de lo antiguo, y no como algo desechado y acabado, sino presente y vivido)
(el lector, de bernard schlink, líneas antes del final. de ahí las recientes fotos de hanna en la piel de kate)
(el lector, de bernard schlink, líneas antes del final. de ahí las recientes fotos de hanna en la piel de kate)
un cable a veinte metros de altura y dos funambulistas vestidos de naranja, uno en cada extremo, se acercan el uno al otro caminando con cuidado, se equilibran sin pértiga, tan sólo con el balanceo de sus brazos, cuando están muy cerca saltan hacia adelante a la vez, diría que pasan el uno a través del otro, tengo la sensación de haber visto algo maravilloso, un truco de magia, algo así, aplaudo, creo que estoy solo allí, bajo una carpa metálica gigantesca
no puedo dejar de pensar en ese salto, en el momento del cruce de los cuerpos. he asistido a la escena desde el suelo y intento imaginar cómo hubiera sido vista desde arriba, atraparlo en un hipotético plano cenital. o alrededor de y en cámara lenta, en un infinito giro de trescientos sesenta grados como en los documentales sobre el vuelo de las aves. me asombra, sonrío, momento de felicidad
begoña está a mi lado, no había reparado en su presencia, está bonita y desnuda, la de la derecha era aitana, me dice, ha crecido mucho desde que no la ves
ahora estoy en una cocina, en algún momento anterior he preparado dulce de membrillo, desmoldo el bloque compacto y cuadrado, lo corto en trozos regulares, me gusta porque es dulce y levemente áspero, corto queso, me gusta el contraste de colores y sabores, dejo que se caliente en la boca antes de masticarlo, le ofrezco a begoña, me gustan sus pechos grandes, me siento culpable por estar allí, suena el despertador, pienso en aitana, se me cae la jarra de té al suelo, todavía estoy dormido mientras la fregona, el cubo, el zumbido del microondas empezando de nuevo
no puedo dejar de pensar en ese salto, en el momento del cruce de los cuerpos. he asistido a la escena desde el suelo y intento imaginar cómo hubiera sido vista desde arriba, atraparlo en un hipotético plano cenital. o alrededor de y en cámara lenta, en un infinito giro de trescientos sesenta grados como en los documentales sobre el vuelo de las aves. me asombra, sonrío, momento de felicidad
begoña está a mi lado, no había reparado en su presencia, está bonita y desnuda, la de la derecha era aitana, me dice, ha crecido mucho desde que no la ves
ahora estoy en una cocina, en algún momento anterior he preparado dulce de membrillo, desmoldo el bloque compacto y cuadrado, lo corto en trozos regulares, me gusta porque es dulce y levemente áspero, corto queso, me gusta el contraste de colores y sabores, dejo que se caliente en la boca antes de masticarlo, le ofrezco a begoña, me gustan sus pechos grandes, me siento culpable por estar allí, suena el despertador, pienso en aitana, se me cae la jarra de té al suelo, todavía estoy dormido mientras la fregona, el cubo, el zumbido del microondas empezando de nuevo
jueves, 3 de marzo de 2011
la calle huele a humo, intento estar bien, chispea, no llevo paraguas, compro sellos, una carta en el buzón de la plaza, postales casi cada día en mi buzón, vivaldi en el itunes, el cielo color pizarra, los libros que se quedan sin leer, al corazón sí le puedes arrancar todas las páginas
sueño que daniel tira fuerte de una cuerda, está enganchada a un muro, noto su esfuerzo, lo hago por ti, me dice, toco la pared húmeda de musgo y despierto
sueño con una cama deshecha en una casa que no conozco, una niña duerme entre las sábanas, me acurruco a su lado, empieza a hablarme, me hace llorar, las cortinas se escapan por la ventana abierta y no parecen tener fin
me distancio de mis amigos. todo el mundo parece tener recetas para mi felicidad —mi vida tiene que ser un engranaje rítmico y estable: deberías portarte bien, ahora que ya casi te teníamos— y yo sólo quiero que me dejen en paz o algo así
sueño que daniel tira fuerte de una cuerda, está enganchada a un muro, noto su esfuerzo, lo hago por ti, me dice, toco la pared húmeda de musgo y despierto
sueño con una cama deshecha en una casa que no conozco, una niña duerme entre las sábanas, me acurruco a su lado, empieza a hablarme, me hace llorar, las cortinas se escapan por la ventana abierta y no parecen tener fin
me distancio de mis amigos. todo el mundo parece tener recetas para mi felicidad —mi vida tiene que ser un engranaje rítmico y estable: deberías portarte bien, ahora que ya casi te teníamos— y yo sólo quiero que me dejen en paz o algo así
martes, 1 de marzo de 2011
aquí no hay nada que hacer, sólo respirar olor a desinfectante y ver cómo la piel se le cae a uno hasta dejarlo en herida. no hay un sólo recuerdo que no haga daño, que no sea una putada por un motivo o otro. dentro de un rato vendrá isa y no notará nada —notable esfuerzo en el camuflaje—, hablaremos, sonreirá, me contará de sus días en menorca y del invierno en manresa. atravesar un campo de minas no parece el mejor plan, quizás debería decírselo, avisarla, no sé
(caminar con cuidado, sin desesperar, avanzar sin hacerlo realmente, en qué nos estamos convirtiendo, en laberintos nos estamos convirtiendo, retroceso, suma de errores y pieles, todo eso)
(caminar con cuidado, sin desesperar, avanzar sin hacerlo realmente, en qué nos estamos convirtiendo, en laberintos nos estamos convirtiendo, retroceso, suma de errores y pieles, todo eso)
lunes, 28 de febrero de 2011
desert boots de color marrón oscuro. llovizna al salir del trabajo, al límite de ideas limpias en la cabeza, tristeza en la boca, las manos en los bolsillos de la trenka, sesenta céntimos y un bonotren gastado
no sé hasta cuando, no se le ve el final. enciendo la estufa, la dejo al mínimo, miro fotografías en la pantalla del ordenador, elijo las mejores, amplío las imperfecciones de la piel, retoco levemente, las guardo en una carpeta nueva, pongo canciones que me gustan —raídas, ásperas de óxido— y que arañan como despedidas, el teléfono suena y detrás de la conversación el mundo se desmorona
los acantilados blancos de dover. es el último día de febrero y hace frío, el invierno sigue y las metáforas se anudan en la garganta, ésta es nuestra historia y se escribe en correos electrónicos y ventanas de messenger a destiempo
no sé hasta cuando, no se le ve el final. enciendo la estufa, la dejo al mínimo, miro fotografías en la pantalla del ordenador, elijo las mejores, amplío las imperfecciones de la piel, retoco levemente, las guardo en una carpeta nueva, pongo canciones que me gustan —raídas, ásperas de óxido— y que arañan como despedidas, el teléfono suena y detrás de la conversación el mundo se desmorona
los acantilados blancos de dover. es el último día de febrero y hace frío, el invierno sigue y las metáforas se anudan en la garganta, ésta es nuestra historia y se escribe en correos electrónicos y ventanas de messenger a destiempo
domingo, 27 de febrero de 2011
sueño que juank y yo paseamos por vic, hay una feria y todos los comercios están abiertos, apurando sus últimos días de rebajas. entramos en una tienda de deportes, buscamos un regalo de cumpleaños, encontramos un jersey que nos gusta pero cuesta cuatrocientos euros, no nos parece desproporcionado, acordamos con los dependientes —dos veinteañeros vestidos a la moda; uno de ellos lleva una vieja carpeta de anillas de color rojo con su nombre escrito, ramón cuesta escolach— pasar más tarde
comemos en un bar, pedimos cerveza y nos sirven vino blanco y zumo de naranja; pedimos vermut y nos sirven champán, no le damos importancia a los cambios, nu nu está con nosotros, ella bebe zumo de tomate y habla con juank, yo quedo al margen de la conversación, despierto, corazones y puños
café con leche a sorbos lentos, jaume vila está frente a mí. si no cambian las cosas será despedido en abril, no le preocupa pero el trabajo polariza casi toda la conversación, también el colegio de la pequeña irune —la puta manía de poner nombres vascos a niños de cualquier sitio—, un concertado en sabadell para el cual han tenido que recurrir al empadronamiento temporal de isabel en casa de sus padres, el misterio de las familias monoparentales en los colegios de pago
crema de verduras con demasiado apio, tres goles en mallorca y ninguno en riazor, esta tarde saldré con les a tirar un rato a canasta, me apetece sudar, sentir cómo la rabia de los últimos días se aleja y se deshace, que se haga de noche y no despertar
comemos en un bar, pedimos cerveza y nos sirven vino blanco y zumo de naranja; pedimos vermut y nos sirven champán, no le damos importancia a los cambios, nu nu está con nosotros, ella bebe zumo de tomate y habla con juank, yo quedo al margen de la conversación, despierto, corazones y puños
café con leche a sorbos lentos, jaume vila está frente a mí. si no cambian las cosas será despedido en abril, no le preocupa pero el trabajo polariza casi toda la conversación, también el colegio de la pequeña irune —la puta manía de poner nombres vascos a niños de cualquier sitio—, un concertado en sabadell para el cual han tenido que recurrir al empadronamiento temporal de isabel en casa de sus padres, el misterio de las familias monoparentales en los colegios de pago
crema de verduras con demasiado apio, tres goles en mallorca y ninguno en riazor, esta tarde saldré con les a tirar un rato a canasta, me apetece sudar, sentir cómo la rabia de los últimos días se aleja y se deshace, que se haga de noche y no despertar
jueves, 24 de febrero de 2011
es jueves y creo que no tengo muchas ganas de nada, me encuentro vacío de emociones, plano, con un poso gris de rabia que me hace mirarlo todo de una manera fría y distante. acaba de llamar daniel. el interés que demuestran mis amigos por mi estabilidad me provoca náuseas y es injusto que lo diga: todo el mundo debería tener gente con la boca llena de palabras cálidas para los momentos difíciles. lamentablemente, ante tamaña demostración de amor sólo siento asco, vergüenza y una tristeza que no cicatriza demasiado bien. egoísmo, una enfermedad, un buen cáncer que no sale en las biopsias. así las cosas, casi prefiero reconducir la conversación hacia los terrenos comunes: es allí que daniel se mueve con la soltura de una diminuta perca naranja en tres litros de agua
(nueve reinas, de fabián bielinsky, en la televisión. la he visto dos o tres veces y no me apetece cambiar de canal. pienso en el gordo fabián, muerto mientras dormía a la edad de cuarenta y siete años. luego te quedas frío, la gente habla bien de ti y las lágrimas de tus novias te pintan las mejillas de oro, a tomar por culo hasta que brille)
(nueve reinas, de fabián bielinsky, en la televisión. la he visto dos o tres veces y no me apetece cambiar de canal. pienso en el gordo fabián, muerto mientras dormía a la edad de cuarenta y siete años. luego te quedas frío, la gente habla bien de ti y las lágrimas de tus novias te pintan las mejillas de oro, a tomar por culo hasta que brille)
miércoles, 23 de febrero de 2011
sueño que vuelvo a casa, es tarde y hace frío, subiendo por la calle padró, en un arriate, hay una bolsa grande de papel, un ruido como de chillidos diminutos y ahogados, tengo miedo pero la abro, hay dos perritos de color negro, acaban de nacer, tiemblan y están húmedos, los envuelvo en mi abrigo y corro hasta casa, me cuesta subir, siento que no avanzo y sufro por los cachorros, miro el reloj de la iglesia y veo cómo pasan las horas, se hace de día y apenas estoy en la esquina con calvari, sé que los animales están muertos pero necesito creer que no es así. me cruzo con unos chiquillos que van al colegio, me miran y se ríen de mí, miércoles, suena el despertador
domingo, 20 de febrero de 2011
(hay una imagen que se repite a lo largo del día, independientemente de lo que esté haciendo: una mujer me come la polla, siento placer y asco y vergüenza, podría correrme sin tocarme pero veo mi sexo en el suelo y un charco de sangre, estoy de pie en una habitación demasiado blanca y estoy solo, la mujer no está, allí no puede estar)
(la mujer es nu nu, la mujer es míriam, siento que algo me llena la garganta, un pez negro y áspero, intento tragar, vomitar, librarme, es imposible, la mano en el corazón y los pasos cambiados, insisto, me masturbo, semen sin placer, cuchillas de afeitar de color blanco y un hilo de miel amarga, fin del equilibrio y del fueye en el tango)
(la mujer es nu nu, la mujer es míriam, siento que algo me llena la garganta, un pez negro y áspero, intento tragar, vomitar, librarme, es imposible, la mano en el corazón y los pasos cambiados, insisto, me masturbo, semen sin placer, cuchillas de afeitar de color blanco y un hilo de miel amarga, fin del equilibrio y del fueye en el tango)
(hay una imagen que se repite a lo largo del día, independientemente de lo que esté haciendo: un pez negro me crece en la boca, necesito sacarlo pero apreto fuerte los dientes, tengo miedo de tragármelo, lucha con mi lengua, se queda quieto y espera, su cuerpo está frío, noto cómo late y me da miedo pero quiero tenerlo dentro de mí, en el fondo eso es lo que quiero. es difícil avanzar en cualquier dirección con ese fantasma dentro de)
vivo en una casa grande y vacía, oscura, se oyen gemidos desde una habitación al final del pasillo, una mujer se prostituye ahí pero no la veo nunca, ni a ella ni a sus clientes, apenas salgo de mi habitación
(esa casa es una finca regia del eixample pero en mi sueño ocupa el número cincuenta y tres bis de la avenida catalunya en cerdanyola del vallès, viví allí cuando era pequeño, tenía ocho años, eran unos pisos amplios con jardín para la comunidad al que llegabas después de atravesar un aparcamiento subterráneo. había gerberas naranjas y amarillas, también columpios, el río estaba más allá de la valla, antes vivíamos en reus, allí todo era más triste)
mi habitación es pequeña, sin ventanas, al lado de la cama hay una mesita de noche de madera oscura, me quito el ojo derecho y lo dejo allí, no me duele, sólo ha sido un pequeño movimiento, me sorprende seguir viendo tan bien, me quito el ojo izquierdo, puedo ver mis ojos en la mesita, al lado de una lámpara blanca apagada, no entiendo por qué sigo viendo, me pregunto para qué servían, hay un espejo debajo de la cama pero ese hombre no soy yo
escribo una nota en la parte de atrás de un sobre, no volveré pronto, la dejo encima de la cama, se oyen jadeos, cierro la puerta, bajo las escaleras y estoy en una estación de tren, no tengo billete, hay un tren antiguo, con camarotes de madera y butacas acolchadas en granate, el pasillo deja las puertas a la izquierda, hay gente que no conozco y la sensación es de miedo, apenas tengo dinero y no quiero gastarlo en un billete, pienso en míriam y en ben howe y despierto inquieto, son las siete de la mañana
(hay una imagen que se repite a lo largo del día, independientemente de lo que esté haciendo: me veo a mí mismo vomitando contra una pared, apoyado en ella, llevo una camisa oscura y pantalones claros, el vómito me llena la boca y me ahoga la nariz. es difícil avanzar en cualquier dirección con ese fantasma dentro de)
(esa casa es una finca regia del eixample pero en mi sueño ocupa el número cincuenta y tres bis de la avenida catalunya en cerdanyola del vallès, viví allí cuando era pequeño, tenía ocho años, eran unos pisos amplios con jardín para la comunidad al que llegabas después de atravesar un aparcamiento subterráneo. había gerberas naranjas y amarillas, también columpios, el río estaba más allá de la valla, antes vivíamos en reus, allí todo era más triste)
mi habitación es pequeña, sin ventanas, al lado de la cama hay una mesita de noche de madera oscura, me quito el ojo derecho y lo dejo allí, no me duele, sólo ha sido un pequeño movimiento, me sorprende seguir viendo tan bien, me quito el ojo izquierdo, puedo ver mis ojos en la mesita, al lado de una lámpara blanca apagada, no entiendo por qué sigo viendo, me pregunto para qué servían, hay un espejo debajo de la cama pero ese hombre no soy yo
escribo una nota en la parte de atrás de un sobre, no volveré pronto, la dejo encima de la cama, se oyen jadeos, cierro la puerta, bajo las escaleras y estoy en una estación de tren, no tengo billete, hay un tren antiguo, con camarotes de madera y butacas acolchadas en granate, el pasillo deja las puertas a la izquierda, hay gente que no conozco y la sensación es de miedo, apenas tengo dinero y no quiero gastarlo en un billete, pienso en míriam y en ben howe y despierto inquieto, son las siete de la mañana
(hay una imagen que se repite a lo largo del día, independientemente de lo que esté haciendo: me veo a mí mismo vomitando contra una pared, apoyado en ella, llevo una camisa oscura y pantalones claros, el vómito me llena la boca y me ahoga la nariz. es difícil avanzar en cualquier dirección con ese fantasma dentro de)
miércoles, 16 de febrero de 2011
hace calor en el autobús, está lleno pero todo el mundo bajará en la próxima parada, la de detrás del ayuntamiento, podré cambiarme de sitio y estirar las piernas, mirar por la ventanilla hasta que quiera bajarme y pensar en mis tonterías, descansar, no sé, todo eso, eso es todo
(escribir en el móvil: los movimientos, las coreografías del hombre casado, la ausencia de deseo, el pecho en llamas y culpas, sigue y suma. el único sexo que tengo me convierte en algo sucio, incapaz de acabar nada y sentirme vivo, eyacular algo que quema)
(escribir más en el móvil: pienso en ti y vomito, dice ella. me resulta imposible distinguir entre realidad y ficción, siluetas que se superponen, creo que nos miramos mientras me prende fuego, nadie más puede verla ahí, en la estación de tren, qué más puedo pedir, es mi secreto. los recuerdos manchan el corazón de ceniza áspera)
la versión de la enésima versión, el plagio consentido. el muro de edificios frente a la autopista, ahí vivía de pequeño, ahora las ventanas arden por el reflejo de las luces de los coches en retención, es una imagen bonita, busco el piso en el que vivía, la segunda hilera empezando por el final, las primeras ventanas empezando por abajo, la de la derecha, la que ahora está apagada, quién vivirá allí treinta años después
(tengo ocho años y un perro negro y tontorrón que se llama rodolfo, una mezcla de pastores, bernardo el hijodeputa le quema los huevos con cigarrillos, el mejor sitio para crecer mientras pienso en esas ventanas de fuego multicolor y en bernardo, cómo se hacía pajas con el truji en la portería del número cuatro y ahora el truji sólo es un despojo sin dientes que se arrastra de un lado a otro de la calle, aquí los yonquis nunca mueren)
(ahora tengo trece y el cuco nos parte la boca a todos por riguroso turno, hoy por ti, mañana por mí, el cuco, la cara de retrasado, los pantalones caídos, la voz ronca y las manos como palas para enterrarte vivo, soy un pozo de complejos en una familia de tarados, puto barrio de mierda)
me miro los pies, las zapatillas converse que llevo dejan los pies fríos, llovizna en la vida de color de rosa, la trenka se llena de gotitas minúsculas que brillan si las miras, la calle santa maria está llena de gente y míriam viene por ahí, sonríe, ha acabado el master, si alcanzas el final vuelves al principio
resaltar todo o sólo los aspectos importantes. bebemos cerveza en un bar al que sólo hemos ido una vez en todo el tiempo que llevamos juntos, hablamos del día, del proceso de selección en el que ahora está inmersa, puntos y entrevistas, de su trabajo, del mío no hay mucho que contar, palillos y aceitunas, otra copa, en la televisión hay videos musicales, últimamente no estoy bien, reflejos y cadencias en el lugar equivocado
(escribir en el móvil: los movimientos, las coreografías del hombre casado, la ausencia de deseo, el pecho en llamas y culpas, sigue y suma. el único sexo que tengo me convierte en algo sucio, incapaz de acabar nada y sentirme vivo, eyacular algo que quema)
(escribir más en el móvil: pienso en ti y vomito, dice ella. me resulta imposible distinguir entre realidad y ficción, siluetas que se superponen, creo que nos miramos mientras me prende fuego, nadie más puede verla ahí, en la estación de tren, qué más puedo pedir, es mi secreto. los recuerdos manchan el corazón de ceniza áspera)
la versión de la enésima versión, el plagio consentido. el muro de edificios frente a la autopista, ahí vivía de pequeño, ahora las ventanas arden por el reflejo de las luces de los coches en retención, es una imagen bonita, busco el piso en el que vivía, la segunda hilera empezando por el final, las primeras ventanas empezando por abajo, la de la derecha, la que ahora está apagada, quién vivirá allí treinta años después
(tengo ocho años y un perro negro y tontorrón que se llama rodolfo, una mezcla de pastores, bernardo el hijodeputa le quema los huevos con cigarrillos, el mejor sitio para crecer mientras pienso en esas ventanas de fuego multicolor y en bernardo, cómo se hacía pajas con el truji en la portería del número cuatro y ahora el truji sólo es un despojo sin dientes que se arrastra de un lado a otro de la calle, aquí los yonquis nunca mueren)
(ahora tengo trece y el cuco nos parte la boca a todos por riguroso turno, hoy por ti, mañana por mí, el cuco, la cara de retrasado, los pantalones caídos, la voz ronca y las manos como palas para enterrarte vivo, soy un pozo de complejos en una familia de tarados, puto barrio de mierda)
me miro los pies, las zapatillas converse que llevo dejan los pies fríos, llovizna en la vida de color de rosa, la trenka se llena de gotitas minúsculas que brillan si las miras, la calle santa maria está llena de gente y míriam viene por ahí, sonríe, ha acabado el master, si alcanzas el final vuelves al principio
resaltar todo o sólo los aspectos importantes. bebemos cerveza en un bar al que sólo hemos ido una vez en todo el tiempo que llevamos juntos, hablamos del día, del proceso de selección en el que ahora está inmersa, puntos y entrevistas, de su trabajo, del mío no hay mucho que contar, palillos y aceitunas, otra copa, en la televisión hay videos musicales, últimamente no estoy bien, reflejos y cadencias en el lugar equivocado
lunes, 14 de febrero de 2011
me encuentro con pilar cerca de su casa y un niño pequeño camina detrás de ella, la saludo, la beso en la frente, sonríe, apenas hablamos, el niño concentra toda nuestra atención, es una personita preciosa que me toma de la mano y me enseña dónde vive, ahí la abuela, ahí mamá
mamá espera con las bolsas del supermercado en el escalón de la puerta, las llaves en la mano, siento vergüenza, despierto
camino calle abajo, compro chocolate en el caprabo de la calle balmes, camino pesadamente hacia casa por la calle cot, después calvari, estrella y sant joan. intento pensar en qué momento he despertado, si lo he hecho alguna vez
(lloviznaba a mediodía, es bonito un lunes así. sueño con un pasillo de puertas a la izquierda y amplias ventanas a la derecha —entreabiertas, con naves industriales a oscuras al otro lado—, un hombre viene hacia mí, un chaleco rojo, pantalones grises, camisa blanca de manga corta, calvo, canoso, siento miedo porque esa persona no debería estar allí, despierto, creo que despierto, se mezcla todo y ya no distingo nada)
mamá espera con las bolsas del supermercado en el escalón de la puerta, las llaves en la mano, siento vergüenza, despierto
camino calle abajo, compro chocolate en el caprabo de la calle balmes, camino pesadamente hacia casa por la calle cot, después calvari, estrella y sant joan. intento pensar en qué momento he despertado, si lo he hecho alguna vez
(lloviznaba a mediodía, es bonito un lunes así. sueño con un pasillo de puertas a la izquierda y amplias ventanas a la derecha —entreabiertas, con naves industriales a oscuras al otro lado—, un hombre viene hacia mí, un chaleco rojo, pantalones grises, camisa blanca de manga corta, calvo, canoso, siento miedo porque esa persona no debería estar allí, despierto, creo que despierto, se mezcla todo y ya no distingo nada)
domingo, 13 de febrero de 2011
(michael barnes, un afroamericano de apariencia afable y edad indefinida en torno a los cincuenta años, imprime panfletos contra las políticas intervencionistas y filocomunistas del presidente obama, lanzándolos después desde la ventana de su apartamento, el mil doscientos de la torre sears, en baltimore, maryland, seguro de la eficaz distribución que el viento hará de su mensaje. en la fotografía publicada en el periódico, el señor barnes —con un más que evidente parecido con richard pryor— sonríe ampliamente en la azotea del edificio en el que vive, con los brazos abiertos y un traje plateado que recuerda al mejor elvis, el de mediados de los setenta)
el camino más corto hasta las pistas de esquí es a través del desierto, dice daniel. una línea recta que cruza un paisaje monótono y gris, una pickup toyota negra, nubes bajas sobre una carretera tan vieja como el mundo
una vaca escuálida y dos terneros que no pueden mantenerse en pie por mucho que lo intenten; una hoguera que quema en el esqueleto de una ballena; alguien en el arcén, a lo lejos, que se lanzará bajo las ruedas de la camioneta a nuestro paso
es una mujer de mediana edad vestida con una túnica de color naranja, despanzurrada sobre el asfalto, con el vientre lleno de cachorros de perro que daniel acomodará en la parte de atrás del remolque sobre una manta amarilla. está viva y respira con dificultad. también hay un libro, el anuario de un colegio: la misma mujer mucho más joven, sonriente y con el pelo inusualmente blanco recogido en una cola de caballo ligeramente ladeada. pienso que era joven para tener tantas canas, soy una santa, me dirá ella, soy margot
despierto a las seis de la mañana, desayuno, vuelvo a la cama, intento dormir y lo consigo a trompicones, diez minutos, cinco, busco más paracetamol, me seca la boca, meo una niebla amarilla mientras pienso en esa tía, cómo coño se llama, jillian foxxx
una vaca escuálida y dos terneros que no pueden mantenerse en pie por mucho que lo intenten; una hoguera que quema en el esqueleto de una ballena; alguien en el arcén, a lo lejos, que se lanzará bajo las ruedas de la camioneta a nuestro paso
es una mujer de mediana edad vestida con una túnica de color naranja, despanzurrada sobre el asfalto, con el vientre lleno de cachorros de perro que daniel acomodará en la parte de atrás del remolque sobre una manta amarilla. está viva y respira con dificultad. también hay un libro, el anuario de un colegio: la misma mujer mucho más joven, sonriente y con el pelo inusualmente blanco recogido en una cola de caballo ligeramente ladeada. pienso que era joven para tener tantas canas, soy una santa, me dirá ella, soy margot
despierto a las seis de la mañana, desayuno, vuelvo a la cama, intento dormir y lo consigo a trompicones, diez minutos, cinco, busco más paracetamol, me seca la boca, meo una niebla amarilla mientras pienso en esa tía, cómo coño se llama, jillian foxxx
sábado, 12 de febrero de 2011
sueño que hay una habitación oscura, grande, llena de literas en las que se ven cuerpos desnudos —blancos, asexuados, sudorosos— que follan en silencio, tan sólo la respiración entrecortada
alguien se levanta y me acerco, no tiene sexo, no tiene polla, tan sólo un pico negro entre las piernas, largo y afilado como el de un colibrí gigantesco, una mujer en la cama y su coño es un nido lleno de bocas hambrientas y ansiosas, pequeños picos de pájaro que hacen clac clac clac
bocas llenas de picos, culos llenos de picos, coños llenos de picos, pollas que son picos que entran y salen, siento asco pero quiero tocarlo, muevo la mano como si lo masturbase largamente, el tacto es frío y húmedo, se abre, se cierra, una lengua fina y suave me lame la mano y despierto, son las cinco de la mañana, me cuesta respirar, me quejo
míriam duerme a mi lado, tengo frío, me he convertido en un extraño, un adversario, los últimos meses son un infierno en la nuca; la felicidad, un choque de trenes
(la habitación. puedes buscar imágenes semejantes en un campo de concentración, literas formando enjambres donde esperar la muerte y el humo, la oscuridad)
alguien se levanta y me acerco, no tiene sexo, no tiene polla, tan sólo un pico negro entre las piernas, largo y afilado como el de un colibrí gigantesco, una mujer en la cama y su coño es un nido lleno de bocas hambrientas y ansiosas, pequeños picos de pájaro que hacen clac clac clac
bocas llenas de picos, culos llenos de picos, coños llenos de picos, pollas que son picos que entran y salen, siento asco pero quiero tocarlo, muevo la mano como si lo masturbase largamente, el tacto es frío y húmedo, se abre, se cierra, una lengua fina y suave me lame la mano y despierto, son las cinco de la mañana, me cuesta respirar, me quejo
míriam duerme a mi lado, tengo frío, me he convertido en un extraño, un adversario, los últimos meses son un infierno en la nuca; la felicidad, un choque de trenes
(la habitación. puedes buscar imágenes semejantes en un campo de concentración, literas formando enjambres donde esperar la muerte y el humo, la oscuridad)
viernes, 11 de febrero de 2011
niños a los que les explota la cabeza, nada más que eso, una imagen recurrente mientras trabajo, mientras pierdo el tiempo, mientras dejo que pasen las cosas, las horas, los trenes, los documentos de illustrator, niños con la cabeza llena de napalm mientras felicity lott canta no sé qué de francis poulenc, la voix humaine, imágenes que remiten a la soledad atrapada en hopper
pollas que follan bocas hasta el vómito, hasta la última lágrima, expresión máxima del amor, de la náusea y de los extremos que se juntan, haz así con los deditos y respira hondo antes de entrar
jueves, 10 de febrero de 2011
el jueves vacío. las horas en el estudio —sin apenas trabajo, sin apenas motivación— forman agujeros, tumbas, fosas comunes, forman un babi yar que es sólo para mí. cada minuto que pasa es una caverna de platón llena de visiones del infierno, un glory hole por el que mirar asustado, una puerta en la celda, plaga y oscuridad
el mundo es un lugar peligroso, me repito a mí mismo cada vez que respiro fuerte. es una ballena que se come a jonás y un cohete a la luna que estalla en pleno vuelo. es un puñado de palabras dejadas al azar sobre un trozo de papel doblado con cuidado, frases incomprensibles sin las instrucciones previas, la madriguera del zorro y el arca de noé llena de extraños
sólo entiendo la seguridad de estar en casa frente a la pantalla. he vuelto hace un rato de una reunión, la gente habla, toma notas, aporta ideas, debate y acepta, rechaza, se estudia. me concentro en las paredes de color granate y en la mesa negra. pienso en algo que empecé a escribir por la tarde: una sucesión de calles, trayectos por una ciudad, heridas que no cierran, semáforos casi siempre en rojo
el mundo es un lugar peligroso, me repito a mí mismo cada vez que respiro fuerte. es una ballena que se come a jonás y un cohete a la luna que estalla en pleno vuelo. es un puñado de palabras dejadas al azar sobre un trozo de papel doblado con cuidado, frases incomprensibles sin las instrucciones previas, la madriguera del zorro y el arca de noé llena de extraños
sólo entiendo la seguridad de estar en casa frente a la pantalla. he vuelto hace un rato de una reunión, la gente habla, toma notas, aporta ideas, debate y acepta, rechaza, se estudia. me concentro en las paredes de color granate y en la mesa negra. pienso en algo que empecé a escribir por la tarde: una sucesión de calles, trayectos por una ciudad, heridas que no cierran, semáforos casi siempre en rojo
miércoles, 9 de febrero de 2011
caminamos de la mano por un puerto de aguas sucias, daniel por delante de nosotros, lleva un celacanto en una gran bolsa de plástico, buscamos un sitio para comer, me quedaría en cualquier lado, insisto una y otra vez, lourdes no dice nada, lleva un vestido rojo que no le conocía, cuando vuelvas a casa no te olvides de mandarme todas mis cosas, me dice, todas tus cosas? respondo, sí, todas mis cosas, busca bien, tienes más de las que crees, me abraza, despierto, son las tres y media, enciendo la luz, sigo durmiendo
(el animal se revuelve en la bolsa, mis monstruos hierven dentro, se clavan en el pecho, dejan cicatrices que son coños tristes)
(el animal se revuelve en la bolsa, mis monstruos hierven dentro, se clavan en el pecho, dejan cicatrices que son coños tristes)
lunes, 7 de febrero de 2011
los bolsos grandes albergan grandes planes. falda, medias, abrigo cerrado, zapatos de tacón, toda ella es color negro, delicada como una blythe de cincuenta años, rubia, bonita, con la cabeza ancha y rasgos finos, me resulta llamativa, labios pintados de rojo, alguien la está haciendo esperar, entra al bar, mira detenidamente, como si no conociera del todo a la otra persona y necesitase un plus de tiempo para examinarla, sale y vuelve a esperar en la calle, entra de nuevo y se sienta en la barra, pide una copa de cerveza, me da por pensar que es una princesa rusa, una anastasia cualquiera un sábado a las seis de la tarde, bebo café con leche mientras llega juank, me fijo en las mesas que me rodean pero realmente no estoy allí, no sé dónde estoy pero no estoy allí, a esta mierda le tendría que echar tres sobres más de azúcar para que me cambiara la vida
te mueres y suena chopin. bebemos cerveza en casa de jorge —un sobreático compartido en aribau con mallorca—, hablamos, reímos, comemos aceitunas y patatas fritas en el sofá, él camina descalzo por el suelo de parquet, bonitos calcetines a rayas negras y blancas, la pared del comedor es verde pistacho, una estantería con dvds, pósters de cine y dos alcayatas vacías, una televisión sin apenas volumen que ondea la mierda de un canal inexistente, marcharé sobre las nueve y bajaré por las escaleras porque no me gustan los ascensores, un hueco por el que cabría un piano de cola, finca regia en el eixample, un buen sitio para vivir, cerca del metro y del trabajo y del centro, asientos en los rellanos del tercer y primer piso, imagino señoras jadeando asustadas y me veo a mí mismo como en un espejo sin tiempo
camino passeig de gràcia en dirección mar, no estoy demasiado orientado, las tiendas cierran y la calle aún está llena de gente, fumo, tengo ganas de llegar a casa, preparar la cena, abandonarme en el césped imaginario de un partido de fútbol, rezar para que la paz sea esférica, messi marcará tres goles, leer un rato antes de dormir
hair shirt, de patrick mceown. la expresión hair shirt significa, literalmente, camisa de pelo, y designa a un tipo de cilicio, es decir: una camisa áspera hecha de crines que uno se pone como penitencia —texto copiado de la página cuatro del libro, nada que objetar—. pienso en los pecados de john y naomi, en los de chris, en los míos propios, me cuesta concentrarme, hiervo pasta, preparo zumo de naranja, míriam descansa en el sofá, está pálida, con ojeras, congestionada por un resfriado que no se irá nunca, noto una losa en la espalda, camino con cuidado, tengo miedo de caerme, soy una oruga que teje y teje una seda de mentiras, que se envuelve con cuidado en ellas, las mariposas nocturnas sólo son gusanos con alas que traen mala suerte
es domingo, son las siete de la mañana, camino en calzoncillos por la casa fría, preparo té en el microondas con una jarra de plástico amarillo, cinco minutos a la máxima potencia y lo que quedaba en el botecito de earl grey, me masturbo mientras hierve el agua, eyaculo en un kleenex, me mojo la mano, necesito concentrarme para apartar los pensamientos más o menos bonitos que me asaltan últimamente y concentrarme sólo en la basura, en recuerdos vagos y violentos, cuesta querer así
te mueres y suena chopin. bebemos cerveza en casa de jorge —un sobreático compartido en aribau con mallorca—, hablamos, reímos, comemos aceitunas y patatas fritas en el sofá, él camina descalzo por el suelo de parquet, bonitos calcetines a rayas negras y blancas, la pared del comedor es verde pistacho, una estantería con dvds, pósters de cine y dos alcayatas vacías, una televisión sin apenas volumen que ondea la mierda de un canal inexistente, marcharé sobre las nueve y bajaré por las escaleras porque no me gustan los ascensores, un hueco por el que cabría un piano de cola, finca regia en el eixample, un buen sitio para vivir, cerca del metro y del trabajo y del centro, asientos en los rellanos del tercer y primer piso, imagino señoras jadeando asustadas y me veo a mí mismo como en un espejo sin tiempo
camino passeig de gràcia en dirección mar, no estoy demasiado orientado, las tiendas cierran y la calle aún está llena de gente, fumo, tengo ganas de llegar a casa, preparar la cena, abandonarme en el césped imaginario de un partido de fútbol, rezar para que la paz sea esférica, messi marcará tres goles, leer un rato antes de dormir
hair shirt, de patrick mceown. la expresión hair shirt significa, literalmente, camisa de pelo, y designa a un tipo de cilicio, es decir: una camisa áspera hecha de crines que uno se pone como penitencia —texto copiado de la página cuatro del libro, nada que objetar—. pienso en los pecados de john y naomi, en los de chris, en los míos propios, me cuesta concentrarme, hiervo pasta, preparo zumo de naranja, míriam descansa en el sofá, está pálida, con ojeras, congestionada por un resfriado que no se irá nunca, noto una losa en la espalda, camino con cuidado, tengo miedo de caerme, soy una oruga que teje y teje una seda de mentiras, que se envuelve con cuidado en ellas, las mariposas nocturnas sólo son gusanos con alas que traen mala suerte
es domingo, son las siete de la mañana, camino en calzoncillos por la casa fría, preparo té en el microondas con una jarra de plástico amarillo, cinco minutos a la máxima potencia y lo que quedaba en el botecito de earl grey, me masturbo mientras hierve el agua, eyaculo en un kleenex, me mojo la mano, necesito concentrarme para apartar los pensamientos más o menos bonitos que me asaltan últimamente y concentrarme sólo en la basura, en recuerdos vagos y violentos, cuesta querer así
sábado, 5 de febrero de 2011
míriam quiere comprar un picador de hielo y le sugiero que podríamos ir a tal tienda, sé seguro que allí lo tendrán. el sitio resulta ser un almacén grande, desordenado y luminoso, vacío de gente, sin dependientes. es imposible que encontremos ésto aquí, dice ella, no está donde debería estar, con todas las cosas de casa. es entonces que veo una chica bajita y regordeta, rubia, ella nos ayudará (sé que antes de ese momento, en algún antes que no podría concretar pero que ha sido esta misma noche, esa chica y yo hemos coincidido en un tren y me ha contado que trabaja en esa tienda, es por eso que estamos allí). el caso es que ella nos conduce hasta el picador de hielo: una estructura con forma de árbol de navidad formada por un montón de cajas con cubiertos y otros instrumentos y el picador —un gran punzón metálico— en la cima, a tres metros de nosotros
llevo unos pantalones vaqueros de peto muy rotos y incómodos, se caen a trozos, grandes imperdibles sujetan la tela. el picador ha dejado de importar, ahora estamos en la misma nave pero hay gente que conozco y están lanzando a canasta, como si fuera un pabellón desvencijado. las pelotas son pequeñas y los aros también, ambos casi del mismo diámetro. antonio burgos —era dos años mayor que yo, grande y pesado, con gafas de cristales oscuros y una gran peca en la mejilla derecha, buen tirador, buena muñeca— lanza desde detrás de la cesta, sé que la meterá, se lo vi hacer una vez y entró limpia, con la red girando sobre el aro y el flop que hacen las grandes canastas
estamos en una heladería americana y hablamos alrededor de una mesa, gente que no conozco pero con los que hay buena conversación. uno de ellos habla de antonio burgos, lo que le ha visto hacer es increíble, todos me escuchan cuando les cuento que una vez le vi hacer lo mismo, hace un millón de años, un mediodía, la pelota tardó una semana en caer. es entonces que vemos que hay disturbios en la calle, gente corriendo a través de los ventanales, son policías de rasgos asiáticos, con trajes y abrigos negros, cascos franceses de la primera guerra mundial, van dirigidos por una mujer de pelo gris amarillento, con chaleco naranja y una libreta en la que señala los sitios, aquí, aquí, aquí, llevan perros grandes, collies negros con babero y en cada babero, un número, putos perros feroces
de repente estamos solos, tan sólo míriam y yo, todos los demás han huido, nos llamaban pero no fuimos, ella tiene miedo, escóndete detrás de mí, no pasará nada, un perro corre alrededor de la heladería, sin atreverse a entrar hasta que lo hace, corre rápido hacia nosotros, ladrando histérico, se detiene bruscamente y nos huele, no hay que tener miedo, los animales lo pueden oler, protejo a míriam con mi cuerpo y es entonces que despierto, justo cuando el perro se marcha y pensando que bélgica es un estado policial por tal y cual motivo que alguien me explicó ayer, buenos días, sábado, seis y diecinueve de la mañana
llevo unos pantalones vaqueros de peto muy rotos y incómodos, se caen a trozos, grandes imperdibles sujetan la tela. el picador ha dejado de importar, ahora estamos en la misma nave pero hay gente que conozco y están lanzando a canasta, como si fuera un pabellón desvencijado. las pelotas son pequeñas y los aros también, ambos casi del mismo diámetro. antonio burgos —era dos años mayor que yo, grande y pesado, con gafas de cristales oscuros y una gran peca en la mejilla derecha, buen tirador, buena muñeca— lanza desde detrás de la cesta, sé que la meterá, se lo vi hacer una vez y entró limpia, con la red girando sobre el aro y el flop que hacen las grandes canastas
estamos en una heladería americana y hablamos alrededor de una mesa, gente que no conozco pero con los que hay buena conversación. uno de ellos habla de antonio burgos, lo que le ha visto hacer es increíble, todos me escuchan cuando les cuento que una vez le vi hacer lo mismo, hace un millón de años, un mediodía, la pelota tardó una semana en caer. es entonces que vemos que hay disturbios en la calle, gente corriendo a través de los ventanales, son policías de rasgos asiáticos, con trajes y abrigos negros, cascos franceses de la primera guerra mundial, van dirigidos por una mujer de pelo gris amarillento, con chaleco naranja y una libreta en la que señala los sitios, aquí, aquí, aquí, llevan perros grandes, collies negros con babero y en cada babero, un número, putos perros feroces
de repente estamos solos, tan sólo míriam y yo, todos los demás han huido, nos llamaban pero no fuimos, ella tiene miedo, escóndete detrás de mí, no pasará nada, un perro corre alrededor de la heladería, sin atreverse a entrar hasta que lo hace, corre rápido hacia nosotros, ladrando histérico, se detiene bruscamente y nos huele, no hay que tener miedo, los animales lo pueden oler, protejo a míriam con mi cuerpo y es entonces que despierto, justo cuando el perro se marcha y pensando que bélgica es un estado policial por tal y cual motivo que alguien me explicó ayer, buenos días, sábado, seis y diecinueve de la mañana
viernes, 4 de febrero de 2011
un estanque lleno de peces negros. al salir del estudio no tengo fuerzas para nada, son las seis y media pasadas, sólo me apetece caminar un rato, sin rumbo, una esquina, otra, otra más, izquierda, derecha, otra vez izquierda, avanzar, retroceder. es inevitable detenerme en diferentes conversaciones, frases sueltas que dibujan poco a poco mi estado de ánimo. tú no tienes ni puta idea de nada, nen, estábamos regalados en ese piso. una chica mira con desprecio a un gordo cabizbajo escondido en un anorak azul demasiado grande, ella abre los brazos, abre la boca, escupe las palabras, no me comas la olla, responde él. tienes el móvil, mamá?, pregunta un niño flaco, no, está en casa cargando, sin batería. la madre habla lento como lento hablan los yonquis o la gente que se ha metido demasiada mierda y se ha quedado sucia por dentro para siempre. joder, mamá, nunca tienes nada, chilla el niño, diez años de mierda, pienso en cómo sería una patada en su puta cabeza y creo que los ojos se me ponen en blanco
el evangelio de judas, de alberto vázquez. he pasado antes por la biblioteca y he cogido ese libro, más atraído por la editorial que por su dibujo delicado y errático. astiberri no edita mierdas, siempre pienso eso. el caso es que arrastro el libro mientras miro escaparates, zapatos, jerseys de viejo, cacharros de ordenador, cartas de bares y restaurantes llenas de faltas de ortografía. si tuviera fuerzas me arrastraría hasta el grau porque me gusta ese bar, sí, podría sentarme a leer y beber a sorbos cortos un café con leche, judas, historias de una ardilla católica, a quién se le puede ocurrir semejante imbecilidad, las ardillas comen nueces, no están bautizadas ni se masturban, anoto que alberto vázquez escribe vázquez sin acento, es alguien de quien no te puedes fiar
eso fue antes de que empezáramos tú y yo, dice ella. qué sucede antes de ese instante crucial en sus vidas? lo ignoro, pasan por mi lado demasiado rápido, camino lento, cada vez más lento, como una sombra que apenas se mueve porque puede romperse en cualquier momento. sea lo que sea que ha sucedido, sucedió antes de que empezáramos tú y yo. es importante? hay algo realmente importante? hay palabras realmente importantes, palabras que puedan cambiar el curso de una historia para siempre? paso por delante del local donde se reúnen los alcohólicos anónimos de cerdanyola, lunes y viernes, de ocho a diez de la noche. pienso en sentarme allí, en un círculo iniciático y desnudar mis miserias, mentir si hace falta, confesarme como la basura más grande que ha parido jamás una madre. no tengo ganas de beber, pienso, sólo sería probar, escuchar mi propia voz quebrándose al relatar cuentos sin sentido, invenciones, sentirme arropado por gente tan vacía como yo, otros adictos que me miran y dicen que sí con la cabeza, palabras, historias para siempre
venga a probar, venga a probar, que estoy hasta los santos huevos de probar. toda una declaración de principios, la de alguien que está totalmente agotado de estar vivo, un teléfono móvil, un coche tuneado aparcado en doble fila junto a un paso de cebra. podríamos ir a esa discoteca, tres chicas latinas diminutas con maleta a cuestas. ellas también están hasta los huevos de probar o tan sólo es un plan, un cambio en la estrategia a seguir? podrían cruzarse sus caminos y acabar los cuatro follando en el parking del pont aeri, podrían grabarlo en video y colgarlo en altaporn o alguna mierda así. podría encontrarlo yo y así podría hacerme una paja tranquilo, sin necesidad de que la culpa me coma, sin necesidad del asco que siento al tocarme y no poder dejar de hacerlo. pienso en la polla de ese tío, el del coche, mi sueldo entero a que apesta porque no es un buen chico judío
el vello púbico de todas las mujeres con las que me cruzo, nada que ver con las visiones asépticas y idealizadas que estoy acostumbrado a consumir en formato píxel. no hace frío, viejos pasean perros, imagino las luces de los coches desde las azoteas de los edificios altos. ahí donde ahora hay un centro veterinario, hace años había un bar donde hacían batidos de fruta. y ahí donde ahora hay una sucursal bancaria, un videoclub roñoso. y ahí donde antes había una persona, ahora sólo hay un montón de mierda. pienso en carme, en las exiguas cuatro veces que follamos y cómo después nada. pienso en su coche, un polo viejo, blanco, siempre sucio, en cómo sería mi vida ahora si hubiera seguido ahí, despertándome por las mañanas en un palacio, con imágenes líricas de la niebla envolviendo el bosque y música de elton john cada vez que
el paseo se transforma en un monstruo, es jueves, esta noche podría huir, pronto será primavera y debería dejar de tener miedo, no sé cómo. pero la única certeza es que el tiempo se hila en ovillos pesados y grises y ahora vuelvo a estar en el estudio, sin apenas trabajo, esperando que sean las tres de la tarde y volver a sentirme en algún lugar, nunca tienes nada es una frase aterradora
el evangelio de judas, de alberto vázquez. he pasado antes por la biblioteca y he cogido ese libro, más atraído por la editorial que por su dibujo delicado y errático. astiberri no edita mierdas, siempre pienso eso. el caso es que arrastro el libro mientras miro escaparates, zapatos, jerseys de viejo, cacharros de ordenador, cartas de bares y restaurantes llenas de faltas de ortografía. si tuviera fuerzas me arrastraría hasta el grau porque me gusta ese bar, sí, podría sentarme a leer y beber a sorbos cortos un café con leche, judas, historias de una ardilla católica, a quién se le puede ocurrir semejante imbecilidad, las ardillas comen nueces, no están bautizadas ni se masturban, anoto que alberto vázquez escribe vázquez sin acento, es alguien de quien no te puedes fiar
eso fue antes de que empezáramos tú y yo, dice ella. qué sucede antes de ese instante crucial en sus vidas? lo ignoro, pasan por mi lado demasiado rápido, camino lento, cada vez más lento, como una sombra que apenas se mueve porque puede romperse en cualquier momento. sea lo que sea que ha sucedido, sucedió antes de que empezáramos tú y yo. es importante? hay algo realmente importante? hay palabras realmente importantes, palabras que puedan cambiar el curso de una historia para siempre? paso por delante del local donde se reúnen los alcohólicos anónimos de cerdanyola, lunes y viernes, de ocho a diez de la noche. pienso en sentarme allí, en un círculo iniciático y desnudar mis miserias, mentir si hace falta, confesarme como la basura más grande que ha parido jamás una madre. no tengo ganas de beber, pienso, sólo sería probar, escuchar mi propia voz quebrándose al relatar cuentos sin sentido, invenciones, sentirme arropado por gente tan vacía como yo, otros adictos que me miran y dicen que sí con la cabeza, palabras, historias para siempre
venga a probar, venga a probar, que estoy hasta los santos huevos de probar. toda una declaración de principios, la de alguien que está totalmente agotado de estar vivo, un teléfono móvil, un coche tuneado aparcado en doble fila junto a un paso de cebra. podríamos ir a esa discoteca, tres chicas latinas diminutas con maleta a cuestas. ellas también están hasta los huevos de probar o tan sólo es un plan, un cambio en la estrategia a seguir? podrían cruzarse sus caminos y acabar los cuatro follando en el parking del pont aeri, podrían grabarlo en video y colgarlo en altaporn o alguna mierda así. podría encontrarlo yo y así podría hacerme una paja tranquilo, sin necesidad de que la culpa me coma, sin necesidad del asco que siento al tocarme y no poder dejar de hacerlo. pienso en la polla de ese tío, el del coche, mi sueldo entero a que apesta porque no es un buen chico judío
el vello púbico de todas las mujeres con las que me cruzo, nada que ver con las visiones asépticas y idealizadas que estoy acostumbrado a consumir en formato píxel. no hace frío, viejos pasean perros, imagino las luces de los coches desde las azoteas de los edificios altos. ahí donde ahora hay un centro veterinario, hace años había un bar donde hacían batidos de fruta. y ahí donde ahora hay una sucursal bancaria, un videoclub roñoso. y ahí donde antes había una persona, ahora sólo hay un montón de mierda. pienso en carme, en las exiguas cuatro veces que follamos y cómo después nada. pienso en su coche, un polo viejo, blanco, siempre sucio, en cómo sería mi vida ahora si hubiera seguido ahí, despertándome por las mañanas en un palacio, con imágenes líricas de la niebla envolviendo el bosque y música de elton john cada vez que
el paseo se transforma en un monstruo, es jueves, esta noche podría huir, pronto será primavera y debería dejar de tener miedo, no sé cómo. pero la única certeza es que el tiempo se hila en ovillos pesados y grises y ahora vuelvo a estar en el estudio, sin apenas trabajo, esperando que sean las tres de la tarde y volver a sentirme en algún lugar, nunca tienes nada es una frase aterradora
jueves, 3 de febrero de 2011
sueño que despierto de repente y son las diez y diez de la mañana, me he dormido, vuelvo a trabajar en la imprenta y vuelvo a tener ese horario extraño, de once a siete de la tarde. la casa está a oscuras, todas las persianas bajadas, no tengo tiempo de desayunar, sólo necesito una ducha, todavía tengo los casquitos con los que escucho música antes de dormir, una pequeña radio negra marca sanyo con funda de silicona de color naranja, suena tunnel of love, girl it looks so pretty to me, just like it always did, me gustan los primeros discos de dire straits, siempre son las mismas canciones, la misma voz de zapato viejo, dejo el aparato en la loza del baño y el sonido se amplifica y lo llena todo y es bonito
sueño que estoy en la ducha y bajo el agua caliente descubro una cicatriz en el pecho, es grande, rosada, es como un coño mal cosido, eso pienso bajo el agua y es entonces que recuerdo que tuve cáncer y me quitaron un tumor que tenía forma de barco o de aleta de tiburón, S también tuvo uno así, eso me dijo, era blanco y parecía de cera, nunca he visto su cicatriz, me enjabono y me pregunto por qué no ha sonado el despertador, en el hospital no necesitaba despertador, ése es el motivo, eso pienso
sueño que ya estoy vestido y que me despido de mi madre y ella lee ombligo sin fondo, de dash shaw, no me gusta mucho, dice, está sentada en la mesa del comedor, dame un beso, no ha levantado las persianas y se alumbra con una lámpara pequeña de papel que está en el suelo, todo tiene una luz amarillenta y triste y es entonces que suena el despertador, son las seis y media, esta vez sí
la última imagen antes de. camino por el pasillo del hospital, hay un ventanal enorme al fondo, mi habitación es la penúltima puerta de la izquierda, llevo una bata blanca abierta por detrás, zapatillas de deporte y calzoncillos, tengo veinticuatro años
sueño que estoy en la ducha y bajo el agua caliente descubro una cicatriz en el pecho, es grande, rosada, es como un coño mal cosido, eso pienso bajo el agua y es entonces que recuerdo que tuve cáncer y me quitaron un tumor que tenía forma de barco o de aleta de tiburón, S también tuvo uno así, eso me dijo, era blanco y parecía de cera, nunca he visto su cicatriz, me enjabono y me pregunto por qué no ha sonado el despertador, en el hospital no necesitaba despertador, ése es el motivo, eso pienso
sueño que ya estoy vestido y que me despido de mi madre y ella lee ombligo sin fondo, de dash shaw, no me gusta mucho, dice, está sentada en la mesa del comedor, dame un beso, no ha levantado las persianas y se alumbra con una lámpara pequeña de papel que está en el suelo, todo tiene una luz amarillenta y triste y es entonces que suena el despertador, son las seis y media, esta vez sí
la última imagen antes de. camino por el pasillo del hospital, hay un ventanal enorme al fondo, mi habitación es la penúltima puerta de la izquierda, llevo una bata blanca abierta por detrás, zapatillas de deporte y calzoncillos, tengo veinticuatro años
miércoles, 2 de febrero de 2011
ayer estuvo isa en casa y me trajo incienso nag champa agarbatti —fragante, dulzón, con sal— y jabón le petit marseillais. estuvimos bastante rato hablando de glenn gould y de los libros que había leído últimamente, también de conocidos comunes y de tripas y de series y películas y de sus regalos de cumpleaños. mientras la escucho no puedo dejar de pensar en todo el daño que le hice cuando estábamos juntos. no me perdono, nunca lo he hecho, fijo la vista en el suelo de corcho barnizado, en la alfombra de colores, las vans sucias, las cajas de plástico que guardan los zapatos, ella mueve las manos y sonríe
martes, 1 de febrero de 2011
peleo con alguien en un ring, una sala vacía, a oscuras, sé que es mi padre aunque no consiga verlo con claridad, me abraza intentando zafarse de mis golpes, noto su boca en mi hombro como si quisiera morder, intenta hablar, tu corazón no es tan diferente, algo así dice, apreto los dientes
pienso en la línea de sangre y semen que nos une, la genética y los espejos. delante de mí, una chica rubia juguetea con un móvil, carita de concentración, delgada, abrigo azul de cuello grande, zapatillas de deporte y moño rizado. delante de mí, una madre y su hija, veinte años de diferencia, treinta kilos y la misma piel gris. a mi lado, un árabe grande, guapo y canoso, acogedor como un oso, me enamoraría de cualquier hombre que llevara sus zapatos y un maletín inmenso
el sonido del puto teléfono se me clava detrás de los ojos, la hija comenta con la madre, sonríen, resoplan, la chica rubia sigue concentrada en algo desconocido y ruidoso, mi padre sigue golpeando, pienso en mi madre, en todas las mujeres a las que ha querido, en su cuerpo sudoroso moviéndose dentro y fuera de otros cuerpos, en esa vez que le ayudé a bajar una bolsa al coche y nunca más volvió, pego y pego cada vez más fuerte
llovizna, es lunes, son casi las ocho y media y el tren acaba de salir de los túneles que atraviesan el subsuelo de barcelona. cenaría una manzana, me arrancaría la polla, miraría la televisión, alguien llama por teléfono a la chica rubia y me pierdo en la conversación, no puede porque trabaja el sábado por la mañana, mi corazón es de plomo, próxima parada, cerdanyola del vallès, correspondencia con con y con
pienso en la línea de sangre y semen que nos une, la genética y los espejos. delante de mí, una chica rubia juguetea con un móvil, carita de concentración, delgada, abrigo azul de cuello grande, zapatillas de deporte y moño rizado. delante de mí, una madre y su hija, veinte años de diferencia, treinta kilos y la misma piel gris. a mi lado, un árabe grande, guapo y canoso, acogedor como un oso, me enamoraría de cualquier hombre que llevara sus zapatos y un maletín inmenso
el sonido del puto teléfono se me clava detrás de los ojos, la hija comenta con la madre, sonríen, resoplan, la chica rubia sigue concentrada en algo desconocido y ruidoso, mi padre sigue golpeando, pienso en mi madre, en todas las mujeres a las que ha querido, en su cuerpo sudoroso moviéndose dentro y fuera de otros cuerpos, en esa vez que le ayudé a bajar una bolsa al coche y nunca más volvió, pego y pego cada vez más fuerte
llovizna, es lunes, son casi las ocho y media y el tren acaba de salir de los túneles que atraviesan el subsuelo de barcelona. cenaría una manzana, me arrancaría la polla, miraría la televisión, alguien llama por teléfono a la chica rubia y me pierdo en la conversación, no puede porque trabaja el sábado por la mañana, mi corazón es de plomo, próxima parada, cerdanyola del vallès, correspondencia con con y con
sueño que vuelvo a estudiar y vuelvo a no ir a clase, llego tarde, me salto las horas, me siento culpable pero no soy capaz de salir de casa, me encierro en el lavabo a oscuras, tengo diarreas, no puedo limpiarme bien porque apenas hay papel, me ayudo con los dedos, entra algo de luz por una ventana diminuta, en la penumbra se adivina una planta de hojas largas y algo que se mueve entre ellas, un pequeño loro gris, un insecto de patas largas, tengo miedo y todo se detiene de golpe
sueño que suena el teléfono, son las diez y diez de la mañana, hablo con les y me pregunta algo sobre pepe, algo que no sé responder con claridad, noto su contrariedad, pienso que si me doy prisa todavía puedo llegar a las clases de después del patio, camuflarme, pasar desapercibido entre la gente, disimular, pienso en mi madre, en todo lo que tiene que trabajar para que yo esté allí, vestido tan sólo con una camisa blanca y vieja, enfermo y cansado, ya no sé qué edad tengo, sólo sé que llego tarde, que no puedo llevar libros ni papel, nada para escribir, que sólo puedo fiarme de mi memoria y escuchar
una imagen antes de despertar: tres filas de siete mesas cada una, la mía está justo en el centro, el sol entra por la ventana y rafael moyano —mi profesor de literatura española en cou— escribe en la pizarra, siempre me gustó su letra hermosa, cómo movía las manos, poesía
sueño que suena el teléfono, son las diez y diez de la mañana, hablo con les y me pregunta algo sobre pepe, algo que no sé responder con claridad, noto su contrariedad, pienso que si me doy prisa todavía puedo llegar a las clases de después del patio, camuflarme, pasar desapercibido entre la gente, disimular, pienso en mi madre, en todo lo que tiene que trabajar para que yo esté allí, vestido tan sólo con una camisa blanca y vieja, enfermo y cansado, ya no sé qué edad tengo, sólo sé que llego tarde, que no puedo llevar libros ni papel, nada para escribir, que sólo puedo fiarme de mi memoria y escuchar
una imagen antes de despertar: tres filas de siete mesas cada una, la mía está justo en el centro, el sol entra por la ventana y rafael moyano —mi profesor de literatura española en cou— escribe en la pizarra, siempre me gustó su letra hermosa, cómo movía las manos, poesía
domingo, 30 de enero de 2011
neblina salada en un mar gris y frío, surfistas de neopreno que esperan una ola que difícilmente llegará, aviones que despegan y aterrizan, peces de colores en el corazón, el tiempo detenido en un ovillo de silencio
godspeed you! black emperor en la sala apolo, sábado de cerveza y confesiones, la electricidad preña un magma de imágenes y música hipnótica, el tiempo detenido en un ovillo de ruido
un bar y un café con leche, un zumo de piña, una infusión, un agua con gas, una copa de cerveza, una cocacola de lata, un vermut negro y un gintonic, más cervezas, en la mesa de al lado una pareja se besa tomándose las manos, un hombre lee con atención una guía de beijing, una pareja de mediana edad escucha nuestra conversación, un partido de fútbol en pantalla gigante, llovizna, cansancio y oro
godspeed you! black emperor en la sala apolo, sábado de cerveza y confesiones, la electricidad preña un magma de imágenes y música hipnótica, el tiempo detenido en un ovillo de ruido
un bar y un café con leche, un zumo de piña, una infusión, un agua con gas, una copa de cerveza, una cocacola de lata, un vermut negro y un gintonic, más cervezas, en la mesa de al lado una pareja se besa tomándose las manos, un hombre lee con atención una guía de beijing, una pareja de mediana edad escucha nuestra conversación, un partido de fútbol en pantalla gigante, llovizna, cansancio y oro
viernes, 28 de enero de 2011
pasan unos minutos de las diez y media de la mañana. nada de lo que he hecho desde que ha sonado el despertador supone un punto de inflexión en mi vida. la tristeza de los últimos días, de las últimas semanas, se condensa en un dolor como de cristal en el recto y náuseas, algo nuevo y inesperado. intentar hablar con la boca llena de saliva sólo me crea más monstruos dentro
miércoles, 26 de enero de 2011
deseo mencionar aquí con la mayor claridad un capítulo particularmente difícil. entre nosotros debe ser mencionado una sola vez, con mucha claridad, pero en público nunca hablaremos de ello. me estoy refiriendo a la evacuación de los judíos, al exterminio del pueblo judío. el pueblo judío será exterminado, dice cada camarada del partido. está claro, está en nuestro programa: eliminación de los judíos, exterminio, y lo llevaremos a cabo. luego vienen ochenta millones de buenos alemanes y cada uno de ellos tiene un judío decente. por supuesto que los demás son unos puercos, pero éste es un judío de buena calidad. ninguno de los que hablan así han visto los cadáveres, ninguno estaba presente
la mayoría de vosotros sabéis lo que significa cuando hay tendidos cien cadáveres o quinientos o mil. haber pasado por eso y —salvo las excepciones producidas por la debilidad humana— haber mantenido la decencia es lo que nos ha hecho fuertes. ésa es una página de gloria en nuestra historia que nunca se ha escrito y que nunca se escribirá
(himmler en poznan, cuatro de octubre de mil novecientos cuarenta y tres, un lunes. heinrich, el niño detrás del minotauro)
la mayoría de vosotros sabéis lo que significa cuando hay tendidos cien cadáveres o quinientos o mil. haber pasado por eso y —salvo las excepciones producidas por la debilidad humana— haber mantenido la decencia es lo que nos ha hecho fuertes. ésa es una página de gloria en nuestra historia que nunca se ha escrito y que nunca se escribirá
(himmler en poznan, cuatro de octubre de mil novecientos cuarenta y tres, un lunes. heinrich, el niño detrás del minotauro)
lunes, 24 de enero de 2011
lunes, ocho de la mañana, un chorro de agua caliente cayéndome en la nuca, muy quieto, cierro los ojos, pienso en baruch y sus venas abiertas y sus ojos abiertos y la bañera roja de sangre. todo está iluminado, de liev schreiber. todo está iluminado, de jonathan safran foer. everything is illuminated, todo está iluminado, un campo de girasoles, un camino en línea recta y una casita donde vivir para siempre y recordar la vida, sábado por la tarde, el frío golpea el cristal y todo tiembla
lunes, ocho de la tarde, un trocito de chocolate deshaciéndose en la boca, cierro los ojos, pienso en lawrence y james y marlee y john, pienso en juneau y en la sombra de darrius ahogándolo todo, ballast, de lance hammer
carreteras infinitas que no llevan a ninguna parte, tan lejos está el delta. suenan händel y gaultier y bach —hermosísima, hermosísima rosalyn tureck— en el itunes, me hago una paja y empiezo a escribir
lunes, ocho de la tarde, un trocito de chocolate deshaciéndose en la boca, cierro los ojos, pienso en lawrence y james y marlee y john, pienso en juneau y en la sombra de darrius ahogándolo todo, ballast, de lance hammer
carreteras infinitas que no llevan a ninguna parte, tan lejos está el delta. suenan händel y gaultier y bach —hermosísima, hermosísima rosalyn tureck— en el itunes, me hago una paja y empiezo a escribir
sueño que montse ahora se llama vanessa y se prostituye por treinta euros en granada, en el párking de un centro comercial, nunca me han metido el puño por el culo, sonríe mientras yo lo intento sin conseguirlo
sueño que estoy en un balcón y tengo miedo y vértigo y no puedo moverme, es un día precioso pero no puedo moverme, conozco el sitio, el mar está cerca y puedo verlo, no hay playa, una corriente arrastra la arena hacia el noreste como si fuera un gran río de oro
sueño que una niña cuida de mí. no reconoce las cosas, es por eso que he puesto letreros por toda la casa, le dice a su madre. carina habla como si yo no estuviera allí, como si fuera un mueble más en esa terraza, pero cuando su madre no está, se acerca y me abraza, no te pasará nada, me susurra, sólo es afasia y no es mala, no para ti
sueño que estoy en un balcón y tengo miedo y vértigo y no puedo moverme, es un día precioso pero no puedo moverme, conozco el sitio, el mar está cerca y puedo verlo, no hay playa, una corriente arrastra la arena hacia el noreste como si fuera un gran río de oro
sueño que una niña cuida de mí. no reconoce las cosas, es por eso que he puesto letreros por toda la casa, le dice a su madre. carina habla como si yo no estuviera allí, como si fuera un mueble más en esa terraza, pero cuando su madre no está, se acerca y me abraza, no te pasará nada, me susurra, sólo es afasia y no es mala, no para ti
domingo, 23 de enero de 2011
(sueño que estamos encerrados en un hotel mientras nieva. hay televisiones encendidas en las que un canal de noticias habla del temporal. estoy en el salón, hay gente que conozco y gente que no y a través de las grandes vidrieras se puede ver cómo la noche se vuelve blanca)
(te he estado buscando, me dice S. nada de lo que puedas hacer es importante, añade. es como una gran bola que ha echado a rodar ladera abajo, es cuestión de tiempo, sencillas leyes físicas acerca del movimiento, termina. ven, quiero contarte algo, y me toma de la mano, llevándome por un pasillo abovedado de suelo metálico y paredes de color granate oscuro, con luces halógenas en el techo como un rastro de miguitas amarillas. es la historia de húry)
(húry, el viejo cazador de lobos, tiene un judío enseñado para esa tarea y es el mejor judío, nadie puede dudar de ello. juntos recorren los caminos que unen los diez bosques que forman su mundo —hoy sería hungría, pero para húry es sólo una parte más del imperio; es mucho antes de la guerra, la gran guerra— y el judío sigue el rastro de los lobos, sólo tienes que cerrar los ojos y sentir el frío, puedes, F?)
(despierto. son las cuatro de la mañana, tengo diarreas, me miro en el espejo del cuarto de baño mientras me derramo. siento que mi vida pesa cero gramos y que necesito llenarme de amor hasta ahogarme, como si el agua me encharcase los pulmones, la piel azul de asfixia)
(intento dormir, quisiera masturbarme pero no siento deseo, hace tiempo que no siento deseo, que mi polla es un animal vacío, una piel seca. míriam duerme a mi lado, busco su contacto, el dibujo del edredón es de hojas y arabescos anaranjados sobre un fondo blanco roto, la cabeza me da vueltas mientras nu nu sueña)
(te he estado buscando, me dice S. nada de lo que puedas hacer es importante, añade. es como una gran bola que ha echado a rodar ladera abajo, es cuestión de tiempo, sencillas leyes físicas acerca del movimiento, termina. ven, quiero contarte algo, y me toma de la mano, llevándome por un pasillo abovedado de suelo metálico y paredes de color granate oscuro, con luces halógenas en el techo como un rastro de miguitas amarillas. es la historia de húry)
(húry, el viejo cazador de lobos, tiene un judío enseñado para esa tarea y es el mejor judío, nadie puede dudar de ello. juntos recorren los caminos que unen los diez bosques que forman su mundo —hoy sería hungría, pero para húry es sólo una parte más del imperio; es mucho antes de la guerra, la gran guerra— y el judío sigue el rastro de los lobos, sólo tienes que cerrar los ojos y sentir el frío, puedes, F?)
(despierto. son las cuatro de la mañana, tengo diarreas, me miro en el espejo del cuarto de baño mientras me derramo. siento que mi vida pesa cero gramos y que necesito llenarme de amor hasta ahogarme, como si el agua me encharcase los pulmones, la piel azul de asfixia)
(intento dormir, quisiera masturbarme pero no siento deseo, hace tiempo que no siento deseo, que mi polla es un animal vacío, una piel seca. míriam duerme a mi lado, busco su contacto, el dibujo del edredón es de hojas y arabescos anaranjados sobre un fondo blanco roto, la cabeza me da vueltas mientras nu nu sueña)
jueves, 20 de enero de 2011
(sueño con personas que no identifico con claridad, míriam, isa, no lo sé. alquilamos un barco pequeño, una lancha cubierta diminuta, y la arrastramos mar adentro, caminando porque apenas cubre. hay gente que juega con balones de plástico de colores brillantes que flotan ingrávidos como planetas y a medida que entramos en el agua las olas desaparecen hasta que sólo queda un vaivén tranquilo. comienzo a tener miedo, estamos lejos de la orilla, subimos a la barca y el piloto —un hombre viejo con la piel roja por el sol y la boca de color negro— nos lleva hasta una ría y es entonces que cruzamos bajo un puente que no tiene fin y al desnudarme veo que tengo los pantalones llenos de manchas, son manchas de helado, me digo a mí mismo, de helado de fresa o de frutas del bosque de supermercado)
(es un sueño oscuro y frío, desenfocado, donde las imágenes se velan en un color gris plomo, como de día de lluvia. es un sueño que me vomita a las seis de la mañana, jueves y bola de hierro)
(es un sueño oscuro y frío, desenfocado, donde las imágenes se velan en un color gris plomo, como de día de lluvia. es un sueño que me vomita a las seis de la mañana, jueves y bola de hierro)
martes, 18 de enero de 2011
(entre una guerra y otra, la distancia, las trincheras, la tierra de nadie, el fuego que arde en los cuerpos atrapados en el barro. hablo con rafael, nuestra conversación son intensos correos electrónicos cada dos semanas. cráteres de obús, el silencio sordo y blanco de después de la explosión, nieve y frío en tallinn en enero. apenas sé cuidar de mí mismo, le digo, es imposible que pueda cuidar a toda la gente que me quiere)
alienación. sueño que estamos en guerra, que les quiere ir al cine a ver una película polaca de tres horas y a mí no me apetece. sueño que piso ropa húmeda en un patio de luces oscuro, que las calles están llenas de perros muertos que acaricio y cadáveres como pieles sucias que han estado vacías desde siempre. sueño que busco tabaco y algo de comer, que me sorprende la pasividad de la gente, como si todo el mundo hubiera elegido llevar una venda detrás de los ojos
sueño que hablo por teléfono con montserrat porque le tengo que devolver un libro de åsa larsson y su silencio es llanto al otro lado de la línea. sueño que no puedo hacer nada por calmarla, sin saber si quiero o me importa, sólo escuchando sus lágrimas y deseando que cuelgue y poder seguir
puedo tirar de todos los hilos hasta deshacer la manta. puedo seguir todos y cada uno de los pasos y rastrear ese sueño hasta el nido donde fermenta mi cabeza. puedo y quiero y es entonces que encuentro todos los tesoros, el rey de los secretos
sueño que hablo por teléfono con montserrat porque le tengo que devolver un libro de åsa larsson y su silencio es llanto al otro lado de la línea. sueño que no puedo hacer nada por calmarla, sin saber si quiero o me importa, sólo escuchando sus lágrimas y deseando que cuelgue y poder seguir
puedo tirar de todos los hilos hasta deshacer la manta. puedo seguir todos y cada uno de los pasos y rastrear ese sueño hasta el nido donde fermenta mi cabeza. puedo y quiero y es entonces que encuentro todos los tesoros, el rey de los secretos
domingo, 16 de enero de 2011
(leo el periódico mientras espero la cena en el sushishop de la rambla del celler, leo sobre la muerte de sigfrido martín begué y la muerte de trish keenan, leo sobre lo que darán en la televisión para cuando estemos en el sofá)
(ayer cumplí cuarenta y un años, sumarle treinta y ocho y redondear setenta y nueve es sólo una sencilla operación matemática y una experiencia vital que me cierra los ojos de fiebre y el corazón y las entrañas y)
(el mar desde la golondrina del puerto es jade y tranquilo, las construcciones del puerto son animales gigantescos de hierro y cemento y óxido, el frío me hiela y el amor me consume, nos consume)
(mi torpeza con los palillos, una serie de zombies, mensajes en el teléfono hasta pasada medianoche, personas cercanas y distantes que insisten en quererme)
(descubrir rincones de la ciudad cercana, el sabor del café con leche y del té verde, la estrella en el dedo corazón)
(ayer cumplí cuarenta y un años, sumarle treinta y ocho y redondear setenta y nueve es sólo una sencilla operación matemática y una experiencia vital que me cierra los ojos de fiebre y el corazón y las entrañas y)
(el mar desde la golondrina del puerto es jade y tranquilo, las construcciones del puerto son animales gigantescos de hierro y cemento y óxido, el frío me hiela y el amor me consume, nos consume)
(mi torpeza con los palillos, una serie de zombies, mensajes en el teléfono hasta pasada medianoche, personas cercanas y distantes que insisten en quererme)
(descubrir rincones de la ciudad cercana, el sabor del café con leche y del té verde, la estrella en el dedo corazón)
miércoles, 12 de enero de 2011
martes, 11 de enero de 2011
lunes, 10 de enero de 2011
míriam llora mientras conduce hasta un bosque y allí aparca, entre los primeros árboles. hay arbustos con ropa azul tendida en ellos, ropa de trabajo con cinta aislante de color negro en los riñones. hay una mesa de madera gastada y gris y dos sillas, nos sentamos, hay papel y lápiz, dibujo círculos, dibujo aspas, juego al tres en raya conmigo mismo mientras ella habla. míriam llora y me toma de la mano, respondo a sus preguntas, nos abrazamos, nos confesamos y prometemos. despierto, es lunes, nudo en la garganta
jueves, 6 de enero de 2011
es extraño cómo suceden las cosas. jueves, míriam llega de new york, nos abrazamos en el aeropuerto, he acompañado a su hermano a recogerla, al volver a casa enciendo la televisión mientras ella se ducha, ficción, de cesc gay en el trenta-tres, eduard fernández y montse germán se miran en el coche, no se atreven, se me ahogan los ojos, he pasado por ese momento diez, cien, cuatro mil millones de veces
(sueño con una calle ancha, es un sitio que recuerdo bien, las casas son bajas, tienen portones pintados en colores gastados por el sol y las paredes están desconchadas, no hay nadie, nunca hay nadie)
(hay una puerta verde, no está cerrada, puedo entrar y está oscuro, sigue caminando calle abajo, me dice una voz que no reconozco pese a que sé que allí encontraré a daniel)
(cuatro calles adoquinadas que se cruzan y una pequeña rotonda, una fuente en el centro, no hay coches, no hay árboles, no hay nada, bebo agua de la fuente porque sé que tengo la boca sucia de sangre, no hago más que pensar en ello)
(retrocedo sobre mis pasos, daniel se acerca con tres perros negros y grandes, pastores belgas, algo así, dejo que me laman las manos, lenguas ásperas y calientes, sé que así eres feliz, me dice él, pero me das miedo, suena el despertador, día de reyes, niños y regalos)
(hay una puerta verde, no está cerrada, puedo entrar y está oscuro, sigue caminando calle abajo, me dice una voz que no reconozco pese a que sé que allí encontraré a daniel)
(cuatro calles adoquinadas que se cruzan y una pequeña rotonda, una fuente en el centro, no hay coches, no hay árboles, no hay nada, bebo agua de la fuente porque sé que tengo la boca sucia de sangre, no hago más que pensar en ello)
(retrocedo sobre mis pasos, daniel se acerca con tres perros negros y grandes, pastores belgas, algo así, dejo que me laman las manos, lenguas ásperas y calientes, sé que así eres feliz, me dice él, pero me das miedo, suena el despertador, día de reyes, niños y regalos)
miércoles, 5 de enero de 2011
(un cáncer te crece en los cojones durante veinte años, te acaba llevando a la tumba, inútil reflexionar sobre el sentido de la lucha cuando sólo queda barro al final del camino, la muerte de pete postlethwaite después de una noche sin dormir)
(el gris de los árboles desde el tren, el agua verde del cardoner, del llobregat, nidos vacíos entre las ramas desnudas, campos ralos y escarchados, casas, fábricas abandonadas cerca de manresa, dormir entre estaciones, cerrar los ojos, abrirlos, descubrir fantasmas a punto de morderme en los sueños extraños)
(un hombre de mediana edad de rasgos orientales con una bolsa pesada a su espalda, su cuerpo se tambalea, camina lentamente al salir de la estación, cuatro grados bajo cero, las tiendas todavía están cerradas, una chica espera ante la joyería tous de la calle del born mientras acaba un cigarrillo, pantalón carhartt, zapatillas munich, chaqueta corta de motorista, una mujer barre por costumbre)
(isa y xavi viven un piso grande en el centro de la ciudad, desayunamos leche de avena caliente, pan de espelta tostado, queso parmesano, roscos caseros de anís, hasta un pedacito de turrón de yema desayunamos, hablamos de cualquier cosa, me peleo con su ordenador recién comprado, instalo y configuro programas, el mundo a mi imagen y semejanza, martes de regalos de navidad, calcetines y paul auster, el corazón de los animales y el día con arañazos en los ojos)
(la rutina sigue comiéndose a sí misma. aprovecho estos días de vacaciones para vagar, no importa dónde. sigo una línea de tren, un autobús, un metro, sigo una calle, otra, sigo una persona, una conversación, una corazonada, una llamada de teléfono, me dejo llevar, me abandono, me doy cuenta de que apenas necesito nada real, sólo seguir imaginando)
(lourdes y yo jugamos en la orilla de la playa, no hay apenas gente, hace años de eso, poco a poco nos alejamos, una ola grande nos arrastra, no nado bien, apenas nado, tengo miedo, renuncio y me hundo, trago un mar entero, el día es azul y pienso que voy a morir ahí, en ese momento, cádiz, mediodía sin nubes, un bañador granate y beige, lourdes intenta sacarme pero no puede conmigo, dejo de luchar, siempre dejo de luchar, una ola, otra ola nos devuelve un poco, ha sido sólo unos segundos pero suficientes, eternos. todos los ahogados son de color azul y tienen las venas rojas y espuma en la boca, sólo en las películas la gente se ahoga y parece que siga durmiendo, que vaya a despertar de un momento a otro, riéndose, qué susto te llevaste)
(el gris de los árboles desde el tren, el agua verde del cardoner, del llobregat, nidos vacíos entre las ramas desnudas, campos ralos y escarchados, casas, fábricas abandonadas cerca de manresa, dormir entre estaciones, cerrar los ojos, abrirlos, descubrir fantasmas a punto de morderme en los sueños extraños)
(un hombre de mediana edad de rasgos orientales con una bolsa pesada a su espalda, su cuerpo se tambalea, camina lentamente al salir de la estación, cuatro grados bajo cero, las tiendas todavía están cerradas, una chica espera ante la joyería tous de la calle del born mientras acaba un cigarrillo, pantalón carhartt, zapatillas munich, chaqueta corta de motorista, una mujer barre por costumbre)
(isa y xavi viven un piso grande en el centro de la ciudad, desayunamos leche de avena caliente, pan de espelta tostado, queso parmesano, roscos caseros de anís, hasta un pedacito de turrón de yema desayunamos, hablamos de cualquier cosa, me peleo con su ordenador recién comprado, instalo y configuro programas, el mundo a mi imagen y semejanza, martes de regalos de navidad, calcetines y paul auster, el corazón de los animales y el día con arañazos en los ojos)
(la rutina sigue comiéndose a sí misma. aprovecho estos días de vacaciones para vagar, no importa dónde. sigo una línea de tren, un autobús, un metro, sigo una calle, otra, sigo una persona, una conversación, una corazonada, una llamada de teléfono, me dejo llevar, me abandono, me doy cuenta de que apenas necesito nada real, sólo seguir imaginando)
(lourdes y yo jugamos en la orilla de la playa, no hay apenas gente, hace años de eso, poco a poco nos alejamos, una ola grande nos arrastra, no nado bien, apenas nado, tengo miedo, renuncio y me hundo, trago un mar entero, el día es azul y pienso que voy a morir ahí, en ese momento, cádiz, mediodía sin nubes, un bañador granate y beige, lourdes intenta sacarme pero no puede conmigo, dejo de luchar, siempre dejo de luchar, una ola, otra ola nos devuelve un poco, ha sido sólo unos segundos pero suficientes, eternos. todos los ahogados son de color azul y tienen las venas rojas y espuma en la boca, sólo en las películas la gente se ahoga y parece que siga durmiendo, que vaya a despertar de un momento a otro, riéndose, qué susto te llevaste)
martes, 4 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
caminar sin dirección es una rutina de caminar en círculos con el mar de fondo, con el ruido blanco de las olas, con la sensación de estar perdiendo el tiempo en cada una de las cosas que hago, en cada una de las pocas decisiones que tomo
(tres chiquillos caminan por el paseo, uno de ellos tuerce deliberadamente los pies al caminar, los tobillos hacia adentro, quizás disfruta explorando los límites de su cuerpo, lleva unas vans negras y no debe tener más de doce años)
(pido cerveza, la pago, la bebo, fumo, las terrazas de los bares son el refugio de los adictos al tabaco, memorizo detalles que no conducen a nada de muchas de las personas con las que me cruzo, las medias de rejilla de esa mujer, el pijo de la trenka marrón, los padres en bicicleta decathlon, el traje de cuero de una cincuentona bronceada, las zapatillas llenas de barro de una chica en mi mismo tren, los jóvenes atléticos y tatuados que corren por el paseo, siempre los mismos ejercicios de estiramiento, como si fuera una coreografía de la que sólo ellos conocen los detalles, una mujer de caderas amplias y acogedoras con nube de niños revoltosos alrededor)
(café con leche a mediodía, la única comida, me lavo las manos, la cara, meo, me vuelvo a lavar las manos, sigo leyendo el mismo libro y nada parece indicar que lo vaya a acabar antes de la semana que viene, me distraigo con facilidad, no hay más que verme, la dependienta tiene los dientes tristes, oscuros, también tiene un bonito pelo muy rubio, es realmente hermosa)
(porque caminar en círculos supone reescribir siempre los mismos errores, es poco o nada importante el tiempo transcurrido, la distancia física, la cantidad de personas implicadas en el proceso)
(hablamos en el sofá largo rato, seguimos fumando, a veces hasta nos besamos, le pido que se masturbe, lo hace y la siento cerca de mi cuerpo, ni qué decir tiene que yo no estoy allí, no sé dónde mierda estoy pero no estoy allí ni quiero tocarla ni siento nada más que vacío, es como si me hubiera muerto al correrse ella, es curiosa la sensación de tener el corazón lleno de polvo)
después sucede que el centro de la ciudad está lleno de gente y que mañana habrá un eclipse parcial de sol, algo bello, importante de verdad
(tres chiquillos caminan por el paseo, uno de ellos tuerce deliberadamente los pies al caminar, los tobillos hacia adentro, quizás disfruta explorando los límites de su cuerpo, lleva unas vans negras y no debe tener más de doce años)
(pido cerveza, la pago, la bebo, fumo, las terrazas de los bares son el refugio de los adictos al tabaco, memorizo detalles que no conducen a nada de muchas de las personas con las que me cruzo, las medias de rejilla de esa mujer, el pijo de la trenka marrón, los padres en bicicleta decathlon, el traje de cuero de una cincuentona bronceada, las zapatillas llenas de barro de una chica en mi mismo tren, los jóvenes atléticos y tatuados que corren por el paseo, siempre los mismos ejercicios de estiramiento, como si fuera una coreografía de la que sólo ellos conocen los detalles, una mujer de caderas amplias y acogedoras con nube de niños revoltosos alrededor)
(café con leche a mediodía, la única comida, me lavo las manos, la cara, meo, me vuelvo a lavar las manos, sigo leyendo el mismo libro y nada parece indicar que lo vaya a acabar antes de la semana que viene, me distraigo con facilidad, no hay más que verme, la dependienta tiene los dientes tristes, oscuros, también tiene un bonito pelo muy rubio, es realmente hermosa)
(porque caminar en círculos supone reescribir siempre los mismos errores, es poco o nada importante el tiempo transcurrido, la distancia física, la cantidad de personas implicadas en el proceso)
(hablamos en el sofá largo rato, seguimos fumando, a veces hasta nos besamos, le pido que se masturbe, lo hace y la siento cerca de mi cuerpo, ni qué decir tiene que yo no estoy allí, no sé dónde mierda estoy pero no estoy allí ni quiero tocarla ni siento nada más que vacío, es como si me hubiera muerto al correrse ella, es curiosa la sensación de tener el corazón lleno de polvo)
después sucede que el centro de la ciudad está lleno de gente y que mañana habrá un eclipse parcial de sol, algo bello, importante de verdad
domingo, 2 de enero de 2011
shoah, de claude lanzmann, para contrarrestar la asquerosa película se ayer, la llave de sarah, de gilles paquet-brenner y según el libro de tatiana de rosnay, otra edulcorada mierda sobre el holocausto, otra puta basura llena de esperanza
(después del cine lloviznaba, llamé a mi madre y la noté contenta)
(después del cine lloviznaba, llamé a mi madre y la noté contenta)
sábado, 1 de enero de 2011
cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar, particularmente, para pensar desde el punto de vista de otra persona. no era posible establecer comunicación con él, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado por la más segura de las protecciones contra las palabras y la presencia de los otros y, por ende, contra la realidad como tal
hannah arendt sobre adolf eichmann en eichmann en jerusalén
hannah arendt sobre adolf eichmann en eichmann en jerusalén
jueves, 30 de diciembre de 2010
(laberinto de nivel tres, un sólo punto en mitad de la nada, desde ahí el desplazamiento es errático, con la necesidad urgente de encontrar un punto de referencia, una pequeña señal, algo que haga que las piezas encajen. mientras los pasos se acumulan, la sensación de vacío y angustia crece por momentos, mañana es el último día del año, una pira funeraria de deseos y felicidades muertas)
miércoles, 29 de diciembre de 2010
(keller tiene la pistola y el hombre está arrodillado ante una fosa común llena de cuerpos. el espectáculo quedará inmortalizado en una fotografía que alguien encontrará entre las pertenencias de un soldado muerto en mil novecientos cuarenta y tres, dos años después de. es por la nota escrita al dorso que sabemos que el hombre era el último judío de vinnitsa)
(sabemos que keller acabó la guerra y se casó en mil novecientos cincuenta y dos en frankfurt con una buena mujer alemana. sabemos que trabajó en una fábrica con un buen cargo, donde era conocida su simpatía y que una mañana de enero de mil novecientos sesenta y uno se marchó a trabajar como cada día —fiambrera, bocadillo, manzana, periódico— y, sencillamente, desapareció)
(sabemos que la desesperada señora keller intentó sin éxito hallar a su marido, encontrándose todas las puertas cerradas, el desinterés policial y las habladurías de sus convecinos. sabemos que eso fue así hasta que la mañana del diecisiete de abril —un lunes de peluquería—, encontró algo que le hizo entenderlo todo de repente: pasando páginas sin interés en una revista, un artículo sobre las matanzas de judíos en ucrania durante la guerra y una fotografía en la que se podía reconocer con claridad al señor keller detrás de un hombre, el último de los veintiocho mil judíos de vinnitsa, pistola en mano, nada que sentir al disparar)
(sabemos de la fina línea que une al anónimo señor keller —un soldado voluntario en el einsatzgruppen d— con el burócrata adolf eichmann, detenido apenas ocho meses antes en argentina por miembros del mossad y juzgado en israel. sabemos que keller sabe lo sucedido con eichmann y con tantos otros antes y tantos otros después. sabemos que keller considera oportuno desaparecer. apenas sabemos nada más de keller, tan sólo esa fotografía —lo que en ella está a punto de suceder y lo que ha sucedido durante las horas anteriores— es la única certeza que tenemos de ese hombre. sabemos que la vida de keller es una vida inventada, en lo que a la señora keller se refiere. afirmamos que keller no se llama keller y es, en rigor, una persona que no existe, un fantasma)
(la señora keller, mujer de firmes convicciones cristianas, sólo encuentra la ayuda necesaria para denunciar a su marido en simon wiesenthal, quien referirá la historia en sus memorias. antes de eso, un intento de suicidio al sentir que su vida es un engaño y que la persona a la que ama es un asesino. antes de eso, palabras de reprobación de quienes pretenden convertirla en la criminal de esta historia, cómo podría alguien denunciar a su marido, semejante traición)
(sabemos que la desesperada señora keller intentó sin éxito hallar a su marido, encontrándose todas las puertas cerradas, el desinterés policial y las habladurías de sus convecinos. sabemos que eso fue así hasta que la mañana del diecisiete de abril —un lunes de peluquería—, encontró algo que le hizo entenderlo todo de repente: pasando páginas sin interés en una revista, un artículo sobre las matanzas de judíos en ucrania durante la guerra y una fotografía en la que se podía reconocer con claridad al señor keller detrás de un hombre, el último de los veintiocho mil judíos de vinnitsa, pistola en mano, nada que sentir al disparar)
(sabemos de la fina línea que une al anónimo señor keller —un soldado voluntario en el einsatzgruppen d— con el burócrata adolf eichmann, detenido apenas ocho meses antes en argentina por miembros del mossad y juzgado en israel. sabemos que keller sabe lo sucedido con eichmann y con tantos otros antes y tantos otros después. sabemos que keller considera oportuno desaparecer. apenas sabemos nada más de keller, tan sólo esa fotografía —lo que en ella está a punto de suceder y lo que ha sucedido durante las horas anteriores— es la única certeza que tenemos de ese hombre. sabemos que la vida de keller es una vida inventada, en lo que a la señora keller se refiere. afirmamos que keller no se llama keller y es, en rigor, una persona que no existe, un fantasma)
(la señora keller, mujer de firmes convicciones cristianas, sólo encuentra la ayuda necesaria para denunciar a su marido en simon wiesenthal, quien referirá la historia en sus memorias. antes de eso, un intento de suicidio al sentir que su vida es un engaño y que la persona a la que ama es un asesino. antes de eso, palabras de reprobación de quienes pretenden convertirla en la criminal de esta historia, cómo podría alguien denunciar a su marido, semejante traición)
martes, 28 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
(momento de paz mirando, recorriendo, sumergiéndome en la obra de cy twombly, con los pies fríos y una felicidad silenciosa hecha de hilos de colores y nudos diminutos)
(felicidad cuando consigo abstraerme y regreso a mi isla desierta y allí sólo necesito respirar para olvidarlo todo)
(el cielo azul es sólo el tragaluz en el tejado del estudio. si pongo la mano en el cristal helado la piel se me llena de estrellas, respiro, sé que todo estará bien)
(felicidad cuando consigo abstraerme y regreso a mi isla desierta y allí sólo necesito respirar para olvidarlo todo)
(el cielo azul es sólo el tragaluz en el tejado del estudio. si pongo la mano en el cristal helado la piel se me llena de estrellas, respiro, sé que todo estará bien)
sábado, 25 de diciembre de 2010
(míriam vuela a boston, después a new york, vacaciones de navidad, el corazón encogido, me aterran los aviones, me aterran, me, gritaría que)
(en la cabeza, la imagen del imbécil de chris burden disparando contra un boeing siete cuatro siete desde una playa cercana al aeropuerto de los ángeles, cinco de enero de mil novecientos setenta y tres, un viernes a las ocho de la mañana, qué transgresor es el arte moderno)
(en la cabeza, la imagen del imbécil de chris burden disparando contra un boeing siete cuatro siete desde una playa cercana al aeropuerto de los ángeles, cinco de enero de mil novecientos setenta y tres, un viernes a las ocho de la mañana, qué transgresor es el arte moderno)
incienso nag champa agarbatti quemando lentamente, el alma me flota en el humo, suenan los smiths en la tele, me peso, me masturbo, me ducho, me visto, desayuno, no he dormido esta noche, la cabeza está caliente, el sol en la ventana, ha nacido el niño dios
incienso caro, de tienda mística y propiedades ayurvédicas, su puta madre, no tengo alma, se consume, alguien la respira, la teje, yo qué sé qué mierda, suena suzi quatro en la tele, sesenta y ocho kilos justos, me corro espeso y ácido, agua caliente, treinta litros por minuto, los mismos pantalones, un polo negro, la sudadera quicksilver, un plátano, un trozo de pan seco, la pastilla, diez horas ante la pantalla del ordenador, no tengo sueño, no estoy cansado, veinticinco de diciembre, el recuerdo difuso del día de ayer, de los días anteriores
incienso que deja los dedos ebrios de olor, el dolor pequeño en las rodillas, las manos ásperas y sin apenas caricias, suena no sé qué de kanye west en la tele, tres kilos menos en dos semanas, estallo pensando en cómo sería de bonito, nada de esponja, sólo agua y gel sanex azul, me lavo los dientes y me quedo muy quieto bajo el chorro humeante de paz líquida, debería cambiarme de ropa, coser los pantalones, pelar la fruta con cuidado, cuatro millones de bailarinas se difuminan en la pantalla, en mi cabeza y en mi ansia
incienso caro, de tienda mística y propiedades ayurvédicas, su puta madre, no tengo alma, se consume, alguien la respira, la teje, yo qué sé qué mierda, suena suzi quatro en la tele, sesenta y ocho kilos justos, me corro espeso y ácido, agua caliente, treinta litros por minuto, los mismos pantalones, un polo negro, la sudadera quicksilver, un plátano, un trozo de pan seco, la pastilla, diez horas ante la pantalla del ordenador, no tengo sueño, no estoy cansado, veinticinco de diciembre, el recuerdo difuso del día de ayer, de los días anteriores
incienso que deja los dedos ebrios de olor, el dolor pequeño en las rodillas, las manos ásperas y sin apenas caricias, suena no sé qué de kanye west en la tele, tres kilos menos en dos semanas, estallo pensando en cómo sería de bonito, nada de esponja, sólo agua y gel sanex azul, me lavo los dientes y me quedo muy quieto bajo el chorro humeante de paz líquida, debería cambiarme de ropa, coser los pantalones, pelar la fruta con cuidado, cuatro millones de bailarinas se difuminan en la pantalla, en mi cabeza y en mi ansia
viernes, 24 de diciembre de 2010
sobre los escasos mecanismos de redención. la línea que une a tita di girolamo —el protagonista de le conseguenze dell'amore, de paolo sorrentino— con el monsieur hire —protagonista, a su vez, de la película del mismo nombre de patrice leconte— es fina, casi intangible y, al mismo tiempo, poderosa y fuerte. con ambos personajes encerrados en una jaula de oro desde la que observar el mundo que les rodea, la vida se convierte en un sinsentido del que sólo despertaremos en el amor, en la muerte
miércoles, 22 de diciembre de 2010
los cristales empañados en el autobús, la luz que distorsiona, las hojas de los plátanos en el asfalto mojado, las realidades tangibles en el semáforo en ámbar
el teléfono móvil ha estado apagado durante días. al encenderlo han saltado los mensajes acumulados en la tarjeta, las llamadas perdidas, vibraciones y ecos en el bolsillo del chubasquero. entonces ha empezado a llover y me he refugiado en la marquesina de la parada. el autobús no ha tardado en llegar, crema de verduras para cenar
el teléfono móvil ha estado apagado durante días. al encenderlo han saltado los mensajes acumulados en la tarjeta, las llamadas perdidas, vibraciones y ecos en el bolsillo del chubasquero. entonces ha empezado a llover y me he refugiado en la marquesina de la parada. el autobús no ha tardado en llegar, crema de verduras para cenar
lunes, 20 de diciembre de 2010
todos mis problemas —laborales, económicos, familiares, sentimentales, emocionales, sexuales, todos— arrastran a míriam a un agujero en el que sólo queda su carita hinchada de tanto llorar. no sé qué hacer, pero siento que todo es cada vez más difícil y que nadie merece tanto sufrimiento. apenas sirvo para respirar, sólo soy un peso muerto con el que es imposible salir del remolino
(un abrazo, un consuelo, besos en la frente y en las manos, ser fuerte por ella y por todos aquellos que me quieren, estoy cansado de fingirme especial)
(un abrazo, un consuelo, besos en la frente y en las manos, ser fuerte por ella y por todos aquellos que me quieren, estoy cansado de fingirme especial)
sábado, 18 de diciembre de 2010
viernes, 17 de diciembre de 2010
(sueño con mercè canals, la que fuera mi profesora de lengua catalana en cou. un grupo de personas alrededor de una mesa, ella se sienta a mi lado, hablamos, nos rozamos, míriam está frente a mí pero no pienso en lo que ella pueda sentir, nos mira y no dice nada, me siento desbordado de ternura, nos besamos, ella tiene la lengua fina, la despeino y sonreímos, la gente se ha ido, míriam también, mercè me pregunta por ella, no lo sé, respondo, salgamos)
(afuera sólo hay una carretera y bosque detrás de nosotros, está anocheciendo, la ciudad iluminada queda lejos, a nuestros pies, el mar más lejos, el cielo de color rojo, nos abrazamos, a míriam la estás vaciando, me susurra ella, despierto, es viernes, precipicio, no sé cómo)
(afuera sólo hay una carretera y bosque detrás de nosotros, está anocheciendo, la ciudad iluminada queda lejos, a nuestros pies, el mar más lejos, el cielo de color rojo, nos abrazamos, a míriam la estás vaciando, me susurra ella, despierto, es viernes, precipicio, no sé cómo)
jueves, 16 de diciembre de 2010
(café con leche y un paquete de marlboro negro, un bar lleno de gente que no volveré a ver en mi puta vida, albañiles magrebíes, una adolescente escribiendo en un cuaderno grande de tapas rojas, dos mujeres que hablan en voz baja mientras fuman, una rubia tatuada que se mueve lentamente mientras lo mira todo a su alrededor, un camarero con cola de caballo, las sillas encima de las mesas, son las ocho de la tarde y es el polo norte en el paseo de fabra i puig)
(café con leche descafeinado y un paquete de marlboro negro, un bar lleno de gente que no volveré a ver en mi puta vida, albañiles magrebíes, un vendedor de rosas paquistaní, dos chicas latinas que beben cerveza y no terminan sus copas antes de marcharse, dos chinas de edad indefinida detrás de la barra, un mostrador con tapas aceitosas, un boleto de lotería colgado de la pared, un espejo gigante que deforma las imágenes, una escalera de caracol en un rincón, una máquina tragaperras con dibujos de islas de colores diferentes que dan vueltas y más vueltas, tres peldaños y un lavabo de puerta diminuta, un enjambre de veinteañeros en las mesas del fondo, un último cigarro, nueve y cinco de la noche)
(el humo empapando la ropa, media hora hasta el próximo tren de vuelta a casa. pienso en mi padre, en qué estará haciendo en ese preciso momento —hay unas líneas que nos unen, unas líneas que nos dibujan a ambos con precisión y que yo insisto en borrar hasta la herida, líneas que no desaparecen nunca—. juego con el teléfono, no puedo concentrarme en la lectura del libro que llevo en el macuto, mando un mensaje que nunca tendrá respuesta, llama daniel y hablamos un rato, me alegro por él y por esa fe ciega con la que mima todo lo que le rodea, algo imposible para mí)
(doy vueltas en la cama, respiro en el edredón y me embriago de aire caliente, me costará dormir, la televisión ya se apagará, cualquier canal en ciclos de treinta minutos repitiéndose una y otra vez, luces azules en la pared blanca y el vacío en el pecho)
(café con leche descafeinado y un paquete de marlboro negro, un bar lleno de gente que no volveré a ver en mi puta vida, albañiles magrebíes, un vendedor de rosas paquistaní, dos chicas latinas que beben cerveza y no terminan sus copas antes de marcharse, dos chinas de edad indefinida detrás de la barra, un mostrador con tapas aceitosas, un boleto de lotería colgado de la pared, un espejo gigante que deforma las imágenes, una escalera de caracol en un rincón, una máquina tragaperras con dibujos de islas de colores diferentes que dan vueltas y más vueltas, tres peldaños y un lavabo de puerta diminuta, un enjambre de veinteañeros en las mesas del fondo, un último cigarro, nueve y cinco de la noche)
(el humo empapando la ropa, media hora hasta el próximo tren de vuelta a casa. pienso en mi padre, en qué estará haciendo en ese preciso momento —hay unas líneas que nos unen, unas líneas que nos dibujan a ambos con precisión y que yo insisto en borrar hasta la herida, líneas que no desaparecen nunca—. juego con el teléfono, no puedo concentrarme en la lectura del libro que llevo en el macuto, mando un mensaje que nunca tendrá respuesta, llama daniel y hablamos un rato, me alegro por él y por esa fe ciega con la que mima todo lo que le rodea, algo imposible para mí)
(doy vueltas en la cama, respiro en el edredón y me embriago de aire caliente, me costará dormir, la televisión ya se apagará, cualquier canal en ciclos de treinta minutos repitiéndose una y otra vez, luces azules en la pared blanca y el vacío en el pecho)
lunes, 13 de diciembre de 2010
laberinto. la existencia de un sólo punto en el espacio diáfano, la necesidad/posibilidad/presunción/obligación de otro punto que otorgue sentido al viaje o trazado, la incerteza con respecto a cada paso que nos aleja del origen
(la muerte de enrique morente, la oscuridad y el silencio que se adivinan)
(la muerte de enrique morente, la oscuridad y el silencio que se adivinan)
domingo, 12 de diciembre de 2010
(la guerra química. desde hace dos días sólo tomo una pastilla cada veinticuatro horas. esta mañana he vuelto a tener diarreas y ahora el bajo vientre me molesta un poco. pese a todo, me encuentro bastante bien: es lo más lejos que he llegado en cuatro años)
(leo stitches, de david small, un sobrecogedor ajuste de cuentas con su familia, sus padres, su infancia. me pregunto si sería capaz de abordar algo así, de hablar con sinceridad de personas y situaciones, de mi gran muro de mierda. pienso en mis costuras emocionales y me veo a mí mismo desnudo, blando y somnoliento a las cuatro de la mañana ante el espejo del cuarto de baño, otro laberinto más, mientras míriam duerme y sueña con)
(leo stitches, de david small, un sobrecogedor ajuste de cuentas con su familia, sus padres, su infancia. me pregunto si sería capaz de abordar algo así, de hablar con sinceridad de personas y situaciones, de mi gran muro de mierda. pienso en mis costuras emocionales y me veo a mí mismo desnudo, blando y somnoliento a las cuatro de la mañana ante el espejo del cuarto de baño, otro laberinto más, mientras míriam duerme y sueña con)
laberinto. una línea que une dos puntos sin margen de error posible, diversos niveles de dificultad, ninguna habilidad especial requerida
laberinto. una línea que une dos puntos con un amplio margen de error posible, rutas falsas, caminos sin salida, bifurcaciones sin sentido aparente, trampas que consiguen la pérdida de referentes y objetivos, uso necesario de mecanismos de prueba, error y certeza, filtros de inteligencia
laberinto. dos puntos sin unir, miedo al vacío y a la duda, a cada paso, decisión, náusea y latido
laberinto. una línea que une dos puntos con un amplio margen de error posible, rutas falsas, caminos sin salida, bifurcaciones sin sentido aparente, trampas que consiguen la pérdida de referentes y objetivos, uso necesario de mecanismos de prueba, error y certeza, filtros de inteligencia
laberinto. dos puntos sin unir, miedo al vacío y a la duda, a cada paso, decisión, náusea y latido
un laberinto extremo. un hormiguero es un laberinto por dentro y por fuera. por fuera el reto es encontrar comida y después volver a casa. por dentro el reto es orientarse para ir al trabajo y cumplir con las diferentes tareas al servicio de la comunidad: el jardín de infancia, el servicio de inteligencia, la cámara real, el cuartel de guardia, el cementerio, el huerto, la despensa
jueves, 9 de diciembre de 2010
descargo películas con temática gay —wild tigers i have known, de cam archer, y du er ikke alene, de lasse nielsen y ernst johansen—, buenas películas para el fin de semana. también hay varios libros por ahí pendientes, sábado de alfombra color fuego y calcetines negros, piernas cruzadas sobre el puff de cuero, desierto y cien paredes frías, encender y apagar la televisión, cielo azul, cielo blanco, cielo oscuro y sin estrellas, nubes pintarrajeándolo de gris, hacer y deshacer la cama, abrir y cerrar la puerta de entrada de la casa varias veces, el grifo de la ducha, el grifo del lavabo, el grifo de la cocina, dos cucharadas soperas de earl gray en dos litros de agua hirviendo, el extractor
navegar por internet, el refugio del correo electrónico a ratos en un netbook samsung, la luz del comedor cuya intensidad puedes graduar, el botón que sube y baja las persianas, el silencio del exilio, los desconocidos universos paralelos, una fascinante estructura de humo, piel y promesas de amor casi eterno que sólo existe en mi cabeza
creo que no me siento muy fuerte últimamente, no para seguir en el mismo sitio, no para evitar el incendio, fueguitos azules en la yema de sus dedos
navegar por internet, el refugio del correo electrónico a ratos en un netbook samsung, la luz del comedor cuya intensidad puedes graduar, el botón que sube y baja las persianas, el silencio del exilio, los desconocidos universos paralelos, una fascinante estructura de humo, piel y promesas de amor casi eterno que sólo existe en mi cabeza
creo que no me siento muy fuerte últimamente, no para seguir en el mismo sitio, no para evitar el incendio, fueguitos azules en la yema de sus dedos
miércoles, 8 de diciembre de 2010
un cocker spaniel de color blanco y marrón claro atado a una papelera. el amo es la única persona dentro de la panadería, una bolsa de papel con una baguette
un pareja que fuma. él, increíblemente gordo y con forma de huso, echa el humo por la nariz. tiene la cabeza pequeña y afeitada, barba canosa y un chándal de color azul marino. ella es delgada, la imagino desnuda, el pecho caído, las manos suaves y frías mientras le masturba
en la mesa de al lado del self service, dos mujeres y un hombre, todos en los cincuenta. él mantiene un discurso lineal trufado de sandeces con la política como tema de fondo. las mujeres escuchan con atención. detrás de ellos, una chica acaba su plato de verduras mientras los mira de reojo. come sola y ha cogido uvas de postre
compro un jersey de lana en el h&m de rambla canaletes. marrón oscuro, con botones grandes y bolsillos, parece confortable. en la calle hace calor por primera vez en muchos días. míriam lleva las botas rojas que le regalé hace un par de semanas y sonríe al salir del metro
delante de mí, una chica se pinta los labios de rosa, después juega con el móvil. mi reflejo en el cristal del vagón, el peso del macuto con el portátil y algo de ropa, las tres de la tarde en punto
the crazies, de breck eisner, y un cuenco con palomitas. ya es de noche, cambiamos de canal, ella se queda dormida y yo dejo varios capítulos de house hasta la una de la madrugada, después apago la televisión y intento dejar la cabeza vacía para poder dormir. por la mañana intentaré descargar una copia con imagen y sonido sincronizados de gone, baby, gone, de ben affleck
la vida mancha, es un hecho. estamos dispuestos a ello? qué hacer cuando sentimos asco de nosotros mismos y de los demás? qué hacer cuando la náusea va en aumento? no sé tomar decisiones, tan sólo camino en aparente línea recta. encontrar un camión cruzado en la autovía es sólo cuestión de tiempo
más crisis desde hace unos días. los mensajes sin respuesta se acumulan en la bandeja de entrada. la distancia entre lo que quiero decir y lo que finalmente digo está separada por una distancia —llamémosla equis— y unida por una curva, en cuyo vértice —llamémosle y griega— se halla el punto de realidad, algo cada vez más vago, efímero, lejano. ésta y no otra es la estructura de las parábolas
un pareja que fuma. él, increíblemente gordo y con forma de huso, echa el humo por la nariz. tiene la cabeza pequeña y afeitada, barba canosa y un chándal de color azul marino. ella es delgada, la imagino desnuda, el pecho caído, las manos suaves y frías mientras le masturba
en la mesa de al lado del self service, dos mujeres y un hombre, todos en los cincuenta. él mantiene un discurso lineal trufado de sandeces con la política como tema de fondo. las mujeres escuchan con atención. detrás de ellos, una chica acaba su plato de verduras mientras los mira de reojo. come sola y ha cogido uvas de postre
compro un jersey de lana en el h&m de rambla canaletes. marrón oscuro, con botones grandes y bolsillos, parece confortable. en la calle hace calor por primera vez en muchos días. míriam lleva las botas rojas que le regalé hace un par de semanas y sonríe al salir del metro
delante de mí, una chica se pinta los labios de rosa, después juega con el móvil. mi reflejo en el cristal del vagón, el peso del macuto con el portátil y algo de ropa, las tres de la tarde en punto
the crazies, de breck eisner, y un cuenco con palomitas. ya es de noche, cambiamos de canal, ella se queda dormida y yo dejo varios capítulos de house hasta la una de la madrugada, después apago la televisión y intento dejar la cabeza vacía para poder dormir. por la mañana intentaré descargar una copia con imagen y sonido sincronizados de gone, baby, gone, de ben affleck
la vida mancha, es un hecho. estamos dispuestos a ello? qué hacer cuando sentimos asco de nosotros mismos y de los demás? qué hacer cuando la náusea va en aumento? no sé tomar decisiones, tan sólo camino en aparente línea recta. encontrar un camión cruzado en la autovía es sólo cuestión de tiempo
más crisis desde hace unos días. los mensajes sin respuesta se acumulan en la bandeja de entrada. la distancia entre lo que quiero decir y lo que finalmente digo está separada por una distancia —llamémosla equis— y unida por una curva, en cuyo vértice —llamémosle y griega— se halla el punto de realidad, algo cada vez más vago, efímero, lejano. ésta y no otra es la estructura de las parábolas
lunes, 6 de diciembre de 2010
insectos que estallan en el parabrisas con un chasquido apenas perceptible, otra mancha gris, sólo eso
volvemos de manresa. las conversaciones alrededor de la mesa son cintas de moebius que pasan siempre por los mismos lugares comunes, los mismos putos chistes, la misma rutina de recuerdos. intento medir la distancia que me separa de mis amigos, de la gente que quiero y en quien debería confiar y no soy capaz, no ahora. vino blanco, vino tinto, cervezas, gintonics, carne casi cruda, siento pena y no sé por qué
días en los que apenas duermo, me cuesta respirar, me duele el cuerpo, tengo fiebre por las noches. cambio de canal hasta que me agoto y cierro los ojos y aguanto la respiración, es casi como estar debajo del agua, el final nunca acaba
un gramo de paracetamol y sesenta miligramos de codeína fosfato tres veces al día, un puño apreta el pecho, siempre digo que será la última vez
míriam cena a mi lado mientras yo escribo en el portátil. dentro de poco estaremos viendo una película —leones por corderos, de robert redford–, ella se dormirá abrazada a mí y yo no encontraré cómo volver de la nieve de afganistán, del fango del somme, de la tierra de nadie en la que vivo desde
volver a dónde? exilio sería una respuesta válida? me pregunto hasta cuándo soy capaz de aguantar, de mentirme a mí mismo, de sonreír sin ganas. la cárcel es cada vez más pequeña, ya se ajusta sólo a mi piel, a nada más
volvemos de manresa. las conversaciones alrededor de la mesa son cintas de moebius que pasan siempre por los mismos lugares comunes, los mismos putos chistes, la misma rutina de recuerdos. intento medir la distancia que me separa de mis amigos, de la gente que quiero y en quien debería confiar y no soy capaz, no ahora. vino blanco, vino tinto, cervezas, gintonics, carne casi cruda, siento pena y no sé por qué
días en los que apenas duermo, me cuesta respirar, me duele el cuerpo, tengo fiebre por las noches. cambio de canal hasta que me agoto y cierro los ojos y aguanto la respiración, es casi como estar debajo del agua, el final nunca acaba
un gramo de paracetamol y sesenta miligramos de codeína fosfato tres veces al día, un puño apreta el pecho, siempre digo que será la última vez
míriam cena a mi lado mientras yo escribo en el portátil. dentro de poco estaremos viendo una película —leones por corderos, de robert redford–, ella se dormirá abrazada a mí y yo no encontraré cómo volver de la nieve de afganistán, del fango del somme, de la tierra de nadie en la que vivo desde
volver a dónde? exilio sería una respuesta válida? me pregunto hasta cuándo soy capaz de aguantar, de mentirme a mí mismo, de sonreír sin ganas. la cárcel es cada vez más pequeña, ya se ajusta sólo a mi piel, a nada más
sábado, 4 de diciembre de 2010
los pasillos del supermercado como un laberinto en el que siempre resoplan los mismos monstruos. minotauro resfriado, ibuprofeno, paracetamol, la nube blanda y blanca que se deriva y se me pega en la piel, los pulmones. me desmorono, me gusta todo lo que estoy viviendo, todas las piezas de mi puzzle están cambiando de sitio, convirtiendo mi corazón en un caleidoscopio. pienso en mis defensas hechas papilla y en mis tripas cada vez más sanas. no cagar sangre es algo hermoso, no tener dolor es algo hermoso. me pregunto cuánto durará esta ola que estalla y estalla
viernes, 3 de diciembre de 2010
(hoy, esta noche, conducir a toda velocidad por una recta infinita, cerrar los ojos, apagar las luces, esperar pacientemente a que el coche se salga de la carretera, se estrelle contra, esperar y respirar, esperar y respirar, luego nada, vacío, empezar de cero, desde nada, ir llenándolo todo otra vez de mierda hasta estallar)
viernes y la vida era eso. una sudadera de capucha, un yogur con frutos secos, un pomelo, una mierda de película. siento que estoy al final de la línea que he ido trazando durante los dos últimos años. mi vida yéndose a tomar por el culo y apenas siento apego, incapaz de hacer nada para evitar un futuro que se dibuja a borrones, una rutina atropellada, opaca. en la pantalla, un joven michael j. fox se enfrenta a la vida real transformado en un hombre lobo adolescente. licantropía ante la mediocridad. pecho y cojones, como cuando tenía quince años y corría detrás de una pelota, pecho y cojones
(los kleenex usados se amontonan en el suelo, sobre la alfombra. unos con semen, otros con mocos, otros simplemente sobados hasta el asco dentro del bolsillo. michael ya ha empezado a transformarse, sudar y sudar)
(tristeza, después de cada beso una tristeza gris y áspera que me ahoga la boca)
(los kleenex usados se amontonan en el suelo, sobre la alfombra. unos con semen, otros con mocos, otros simplemente sobados hasta el asco dentro del bolsillo. michael ya ha empezado a transformarse, sudar y sudar)
(tristeza, después de cada beso una tristeza gris y áspera que me ahoga la boca)
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